La advertencia de Villalba Bustillo: Inteligencia sin conciencia amenaza la democracia
Villalba Bustillo: Inteligencia sin conciencia amenaza democracia

La advertencia eterna de un sabio cartagenero: Cuando la inteligencia carece de conciencia

Los ancianos y sabios de nuestras comunidades siempre han sostenido una verdad incómoda: no todo aquel que destaca por su inteligencia y acumula galardones merece dirigir ni siquiera un pequeño negocio, y mucho menos el destino de toda una nación. La inteligencia humana permite descubrir misterios, calcular riesgos y crear maravillas tecnológicas, pero es la conciencia moral la que establece los límites esenciales, planteando la pregunta fundamental: "¿Actuarías de la misma manera si estuvieran en juego tus padres o tus hijos?"

El vacío ético en la ciencia y el poder

Sin ese componente de conciencia, nos convertimos en instrumentos fríos y eficaces que son incapaces de valorar el dolor ajeno. La ciencia y la política, cuando dan la espalda a la ética, se transforman en fuerzas que hieren y hacen sangrar a la sociedad. El poder desbocado, sin el freno constitucional ni un ápice de compasión, se sataniza a sí mismo. El conocimiento que no reconoce límites morales se convierte en máquina de guerra, sembrando espinas sin mostrar ni un átomo de misericordia.

La especie humana abunda en mentes extraordinarias, pero también en individuos ávidos de poder que carecen de frenos morales y se dirigen directamente hacia el abismo. En nuestra época actual, mientras desarrollamos tecnologías asombrosas, muchas de ellas están plagadas de odio, mercantilismo desmedido, desigualdades crecientes y miseria generalizada. Por eso es crucial rogar que resplandezcan con fuerza la prudencia y la solidaridad.

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El llamado a un liderazgo transformador

Necesitamos que, sin importar credos políticos o religiosos, germinen líderes mansos pero eficaces, prudentes y solidarios, capaces de levantar al caído fortaleciendo las responsabilidades colectivas. Líderes que trasciendan códigos rígidos y dogmas obsoletos sin privilegiar la astucia sobre la rectitud, visibles en cada uno de sus actos, competentes para triunfar sin olvidar a quienes los condujeron a la cima, y sin caer en la tentación de avasallar, triunfando siempre con humildad y decoro.

El legado del Dr. Carlos Villalba Bustillo

En estos tiempos aciagos, cargados de odio y pólvora retórica, viene bien recordar la figura del Dr. Carlos Villalba Bustillo (1939-2018), rutilante abogado, ensayista, escritor, historiador, columnista y maestro de maestros que sirvió como rector de la Universidad de Cartagena. Hombre de humor fino y mordaz frente a la política criolla e internacional, poseía una memoria sorprendente y curiosidad ilimitada, sin pelos en la lengua para expresar sus convicciones.

Considerado uno de los personajes más destacados de Cartagena y la nación, Villalba Bustillo conocía al dedillo las diez constituciones políticas que han marcado nuestra arisca historia republicana, con especial dominio de la de Núñez (1886) y la de Gaviria (1991). Esta última, que hoy completa más de 55 reformas, sería víctima de implacable jaqueca si su autor espiritual se enterara de la "Constituyente" que algunos intentan imponer, olvidando que el problema fundamental no es de normas escritas, sino de conciencia moral.

La Constitución reducida a su esencia

Para Villalba Bustillo, esos 400 artículos constitucionales que nos rigen podrían reducirse a tres principios básicos: No mentir, no robar, no matar. Y añadía con ironía característica: "¡Justo remedio!". En vísperas de nuevas contiendas electorales, la patria se arruga contemplando incandescentes batallas políticas atizadas por la venganza y el egocentrismo.

De nada sirven diplomas académicos y medallas de honor sin una miga de humildad, cuando se colocan estrategias políticas por encima de las necesidades urgentes de la patria, induciendo temor y desconfianza mientras la corrupción y la politiquería abren sus fauces insaciables enarbolando discursos fosfóricos pero vacíos.

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La democracia en peligro

Seguramente Villalba Bustillo, en su descanso sideral, no tiene dudas: estamos a punto de perder 200 años de nuestra enclenque democracia. Una política preñada de odios, donde medallas y diplomas no bastan mientras huérfanos, corrupción desmedida y viudas de la violencia obligarán a suplicar, "¡Dios nos ampare!". Los milagros, parece, tendrán que ensamblarse lejos de nuestra realidad, quizás en distantes Casas Blancas metafóricas, mientras aquí enfrentamos la urgente necesidad de recuperar la conciencia como brújula moral.

El mensaje del maestro cartagenero resuena con fuerza renovada: sin conciencia que limite la inteligencia y el poder, sin ética que guíe la política y la ciencia, avanzamos hacia el precipicio. La verdadera sabiduría no está en los títulos acumulados, sino en la capacidad de preguntarse siempre cómo afectarán nuestras acciones a los más vulnerables, a nuestros padres e hijos, a toda la familia humana que compartimos.