La revancha silenciosa: el despertar político del hombre blanco tradicional
El fenómeno político que representa Donald Trump en Estados Unidos constituye, en esencia, la manifestación electoral de la venganza del hombre blanco enfadado. Esta misma conclusión puede extrapolarse al auge imparable de todos aquellos movimientos populistas que, con mayor o menor intensidad, se identifican con la derecha alternativa, nativista o nacionalista, y que cosechan triunfos consecutivos en numerosos países de Europa y América.
El colapso de un mundo conocido
Nos referimos al hombre —y también a la mujer— blanco, heterosexual, cristiano y conservador, que valora profundamente la propiedad privada y que lleva décadas observando, no solo cómo todo aquello en lo que cree se desintegra como un azucarillo, sino además cómo se le indica que está bien que así ocurra. Este individuo, finalmente, ha explotado en cólera. Y su apoyo a Trump y a figuras populistas similares representa, ni más ni menos, el voto del enfado.
¿Por qué exactamente está tan enfadado? La respuesta es compleja, pero radica en una transformación social sin precedentes. Durante generaciones, ser hombre en el sentido tradicional —como cabeza de familia, proveedor y figura viril— era considerado algo positivo. Lo mismo ocurría con ser heterosexual, blanco, cristiano y con el logro y conservación de propiedades. Sin embargo, todas estas asunciones fundamentales, en las que se educó a la inmensa mayoría de personas mayores de 30 o 40 años, se han venido abajo de manera significativa.
Nuevos paradigmas, viejos resentimientos
En la actualidad, emergen con fuerza nuevos modelos de familia, diversidades sexuales, espiritualidades alternativas y, crucialmente, las minorías raciales y sociales —tradicionalmente discriminadas e ignoradas— ahora ocupan espacios relevantes y exigen ser escuchadas, respetadas y tenidas en cuenta. Este cambio no es meramente cultural.
- Los trabajos para toda la vida, tradicionalmente ocupados por el padre de familia, ya no son permanentes.
- Estos puestos tampoco son exclusividad del hombre como proveedor único.
- Existe, en definitiva, un par de generaciones de hombres y mujeres que ven cómo todo aquello en lo que creyeron y por lo que fueron educados se hunde ante sus ojos.
Y el discurso dominante durante décadas ha insistido en que este hundimiento es positivo y deseable. Ante esta realidad, ¿realmente alguien podía esperar que no acabaran enfadándose?
La respuesta política: caza de chivos expiatorios
Personas enfadadas votan a Trump. Y Trump, a su vez, inicia una suerte de caza simbólica: de los no blancos, de los no heterosexuales, de las feministas, de los izquierdistas. No debemos olvidar un dato crucial: la mayoría social nunca ha sido la de quienes aspiran al cambio radical, sino la de quienes deseaban que todo permaneciera igual. Por lo tanto, prepárense: la venganza del hombre blanco enfadado no ha hecho más que comenzar, y sus reverberaciones continuarán moldeando el panorama político global en los años venideros, desafiando las narrativas progresistas y reafirmando los valores tradicionales en la arena pública.