Un voto crítico para Iván Cepeda en las próximas elecciones
Hace medio año, cuando todo indicaba que las banderas del oficialismo las llevaría Daniel Quintero o alguna figura similar, había descartado completamente votar por el candidato del gobierno. Sin embargo, cuando la izquierda quedó en manos de Iván Cepeda, experimenté una verdadera bocanada de aire fresco en el panorama político colombiano.
Las cualidades excepcionales de un político atípico
Cepeda posee muchas de las características que llevamos años exigiendo a nuestros representantes políticos:
- En la era del apogeo de los outsiders y figuras improvisadas, Cepeda ha recorrido paso a paso el arduo trayecto de la carrera política tradicional
- En tiempos donde la cultura del entretenimiento ha secuestrado el debate público, Cepeda emplea la deliberación racional como principio rector del ejercicio del poder
- Cuando la verdad parece haberse convertido en un estorbo incómodo, Cepeda mantiene un férreo compromiso con llevar a la esfera pública la verdad sobre el conflicto armado
Particularmente significativo es su insistencia en garantizar a las víctimas un rol protagónico en la narración de la verdad, esas verdades no oficiales que tanto defendía el filósofo Michel Foucault. Además, su formación en las canteras de Carlos Gaviria -considerado por muchos como el candidato más desaprovechado por los colombianos desde Gabriel Turbay- añade un valor histórico a su trayectoria.
El voto crítico: apoyo con control político
Por estas razones, en las próximas elecciones votaré por Iván Cepeda. Pero es fundamental entender que votar por alguien no significa apoyarlo sin reservas ni renunciar a la libertad de someterlo a escrutinio público constante. La democracia representativa solo tiene sentido si los ciudadanos somos capaces de ejercer control político sobre los mismos representantes que elegimos.
Precisamente por esto, hay un componente del proyecto político de Cepeda que hoy merece especial atención y control político: la Paz Total.
La compleja ecuación de la Paz Total y la seguridad
Resulta evidente que culpar exclusivamente a la Paz Total de la actual crisis de seguridad sería simplista e incorrecto. El deterioro de la seguridad en Colombia comenzó a manifestarse claramente desde 2018 con el auge de las bandas criminales transnacionales, cuya influencia se expandió por los territorios que dejaron las extintas FARC.
Sin embargo, también es innegable que la Paz Total aceleró exponencialmente el control de los grupos armados sobre el territorio nacional. Comparto el diagnóstico inicial de este proyecto: cada vez que Colombia firma un acuerdo con un actor armado, los territorios son inmediatamente copados por los grupos que permanecen activos, reproduciendo así los ciclos de violencia.
El error fundamental no fue el concepto mismo de dialogar con múltiples actores armados simultáneamente -de hecho, mantener canales abiertos puede ser prudente incluso con grupos que cometen crímenes atroces, siempre que se les combata simultáneamente-. El verdadero problema fue firmar ceses al fuego prematuros por el afán del gobierno de mostrar resultados inmediatos, un error que nace más de la vanidad política que de una estrategia bien concebida.
La ausencia de una política de seguridad alternativa
El senador Cepeda tiene ahora la responsabilidad histórica de presentar a los colombianos una alternativa factible a la Paz Total, que parta de un diagnóstico honesto sobre lo que salió mal. Su programa de gobierno contiene una política de paz sólida que refleja un compromiso serio con afrontar las raíces sociales de la violencia, pero adolece de una política de seguridad clara y coherente.
Comprendo perfectamente el miedo que genera la palabra seguridad en los círculos de izquierda. En su nombre, los estados se han convertido frecuentemente en aparatos de represión y control que han atentado contra la población civil. Por esta razón, quizás nos conviene dejar de entender la seguridad en términos de control coercitivo -como es común en los enfoques de derecha- y comenzar a concebirla como el propósito de garantizar el monopolio legítimo de la fuerza en manos del Estado, específicamente para proteger la libertad de las personas más vulnerables asediadas por la violencia.
Se trata de un cambio paradigmático: reemplazar el contrato social de Thomas Hobbes -según el cual los ciudadanos renuncian a su libertad a cambio de protección- por el de John Locke, donde ciudadanos libres forman un Estado exclusivamente para proteger sus derechos fundamentales. Esta visión podría ofrecer un marco conceptual renovado para abordar los desafíos de seguridad que enfrenta Colombia.
La tarea pendiente para Iván Cepeda y su equipo es desarrollar esta visión en políticas concretas, operativas y efectivas que puedan ganar la confianza de los colombianos mientras se mantiene el compromiso irrenunciable con la paz y los derechos de las víctimas.



