Ocho años de una masacre que conmocionó a dos naciones
Este 26 de marzo se cumplen exactamente ocho años del secuestro del equipo periodístico del diario ecuatoriano El Comercio, un crimen que desató tensiones diplomáticas y una ola de indignación en Colombia y Ecuador. Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra viajaron a la provincia de Esmeraldas buscando información sobre la violencia en la frontera, pero se encontraron con la crudeza del conflicto armado cuando fueron capturados por disidentes de las FARC al mando de Walter Patricio Arízala, alias Guacho.
La búsqueda desesperada de libertad de un presunto responsable
Entre los investigados por este horrendo crimen se encuentra Carlos Arturo Landázuri Cortés, conocido como alias 'El Gringo', quien actualmente libra una batalla legal para obtener su libertad. Capturado en enero de 2024, la Fiscalía colombiana lo ha imputado por múltiples delitos relacionados con el caso, incluyendo concierto para delinquir, secuestro extorsivo, tráfico de armas de fuego y homicidio agravado.
Sin embargo, El Gringo ha presentado dos solicitudes para quedar en libertad, argumentando vulneraciones a su debido proceso. La más reciente fue negada el pasado 6 de marzo por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Pasto, que consideró que existen suficientes elementos para mantenerlo detenido.
Los detalles escalofriantes de la investigación
Según la sentencia judicial, los periodistas fueron trasladados desde Ecuador a territorio colombiano bajo engaños, con el verdadero propósito de canjearlos por tres integrantes del grupo ilegal que habían sido capturados previamente por autoridades ecuatorianas. El secuestro se prolongó hasta abril de 2018, cuando el grupo armado anunció mediante comunicado que los había ejecutado ante la falta de acuerdo con el gobierno ecuatoriano.
La investigación de la Fiscalía señala que la orden de ejecución fue impartida por alias Guacho, y los homicidios se perpetraron en la vereda El Coco o Los Cocos, zona rural cercana a Tumaco, Nariño, donde los cuerpos fueron enterrados en una fosa. Testimonios allegados al proceso indican que El Gringo habría participado activamente en la cadena de retención, traslado y ejecución, e incluso habría dado órdenes para enterrar los cadáveres.
Un peligro latente para la sociedad
Las víctimas y sus representantes han manifestado una fuerte oposición a cualquier posibilidad de libertad para Landázuri. Argumentan que liberarlo representaría un grave riesgo para la sociedad, dado su rol de liderazgo dentro del frente Oliver Sinisterra, su capacidad criminal y las posibles redes de apoyo aún activas que podrían interferir en la investigación.
El Juzgado compartió esta preocupación, señalando en su fallo que existe información suficiente para creer en la participación de El Gringo en los crímenes, y que su pertenencia a una organización criminal, el uso de armas de fuego y la pluralidad de delitos que se le imputan justifican plenamente la medida de aseguramiento en establecimiento carcelario.
La defensa y sus argumentos
La defensa de Landázuri presentó un recurso de apelación argumentando que la audiencia en la que se impuso la medida de aseguramiento se realizó sin la presencia de un abogado de confianza para el procesado, quien se encontraba incapacitado. Según su argumentación, esto vulneró el derecho constitucional a ser asistido por su defensor de confianza, generando una irregularidad que afectaría la validez de todo el procedimiento.
Sin embargo, el Juzgado mantuvo su posición, destacando la extrema gravedad de los hechos y el desprecio por la vida humana demostrado por los victimarios, quienes ejecutaron a tres personas totalmente ajenas al conflicto armado cuando no obtuvieron concesiones del gobierno ecuatoriano.
El caso continúa su curso judicial mientras se mantiene viva la memoria de los tres periodistas ecuatorianos cuyo trabajo los llevó a enfrentarse con la peor cara de la violencia fronteriza. La justicia colombiana tiene ahora la responsabilidad de garantizar que este crimen no quede impune y que quienes resulten responsables enfrenten las consecuencias de sus actos.



