La producción de carne bovina en Colombia genera más del doble de emisiones contaminantes en comparación con el promedio mundial, según un estudio de la Pontificia Universidad Javeriana. Los investigadores advierten que el modelo de ganadería extensiva no solo tiene una alta huella de carbono, sino que también está vinculado a la deforestación, la degradación ambiental y el uso ineficiente de millones de hectáreas.
Hallazgos del estudio
El documento, elaborado por Camilo Prieto Valderrama y Diego Patiño, concluye que la ganadería extensiva tradicional colombiana emite en promedio 70,46 kilogramos de CO₂ equivalente por kilogramo de carne. Esta cifra supera ampliamente el promedio global, que se sitúa entre 30 y 33 kilogramos de CO₂ equivalente por kilogramo producido. Los investigadores señalan que la brecha se ha ampliado después de 2015 y que el problema no se explica únicamente por las emisiones de metano del ganado, sino también por la baja productividad, la expansión de la frontera ganadera y la presión sobre ecosistemas estratégicos.
Uso ineficiente del suelo
Uno de los hallazgos más contundentes es que Colombia tiene alrededor de 15 millones de hectáreas aptas para ganadería, pero actualmente utiliza cerca de 39 millones para esta actividad. Este desequilibrio evidencia problemas estructurales en el uso del suelo y la baja productividad del modelo extensivo. La expansión ganadera está directamente relacionada con la pérdida de captura de carbono, la degradación ambiental y la deforestación en regiones sensibles como la Amazonía y la Orinoquía. Los autores sostienen que la discusión climática en Colombia se ha centrado demasiado en energía y combustibles fósiles, mientras que la transformación del sector ganadero sigue rezagada en las políticas públicas.
Sistemas silvopastoriles: una solución prometedora
El estudio evaluó distintos escenarios productivos, incluyendo sistemas silvopastoriles moderados e intensivos que incorporan árboles, manejo de pasturas y mejoras en productividad por hectárea. Los resultados muestran diferencias drásticas: mientras la ganadería extensiva genera emisiones cercanas a 70,46 kg de CO₂ por kg de carne, los sistemas silvopastoriles moderados reducen esa cifra a 11,36 kg, y los intensivos a solo 4,84 kg. Esto representa una reducción potencial cercana al 93% frente al modelo convencional. Además, estos sistemas permiten aumentar la captura de carbono en biomasa y suelos, mejorar la productividad y reducir la presión sobre nuevas áreas. Incluso se encontraron escenarios “carbono negativos” en una pequeña proporción de simulaciones intensivas, donde el sistema capturó más carbono del que emitió.
Productividad como problema de fondo
Aunque el metano entérico sigue siendo la principal fuente de emisiones, el estudio insiste en que el problema estructural es el uso ineficiente de la tierra. Producir más carne por hectárea con mejores prácticas permitiría disminuir la expansión ganadera y reducir la presión ambiental. La transición hacia sistemas más sostenibles requerirá financiación, asistencia técnica y mecanismos de trazabilidad libres de deforestación. Sin monitoreo ambiental y apoyo institucional, los cambios podrían quedarse en proyectos demostrativos sin escalabilidad nacional. Los autores concluyen que Colombia enfrenta una oportunidad para transformar uno de los sectores más ligados al desarrollo rural, pero mantener el modelo extensivo actual aumentará la huella climática de la carne colombiana frente a los estándares internacionales.



