Cepitá lidera proyecto para salvar la ceiba barrigona con vivero y turismo comunitario
En la vereda San Miguel del municipio de Cepitá, Santander, la comunidad se ha unido en un ambicioso proyecto de conservación ambiental que combina la construcción de un vivero comunitario, restauración ecológica y turismo de naturaleza para proteger la ceiba barrigona, una especie emblemática del Cañón del Chicamocha que se encuentra en grave peligro de extinción.
Una especie única que lucha por sobrevivir
La ceiba barrigona, conocida científicamente como Cavanillesia chicamochae, es una especie endémica que ha desarrollado adaptaciones extraordinarias para sobrevivir en las condiciones extremas del Cañón del Chicamocha. Su característica "barriga" funciona como un reservorio de agua que le permite resistir prolongados periodos de sequía, mientras que sus ramas gruesas y hojas amplias maximizan la captación de energía solar en este ecosistema de bosque seco tropical.
"Esta especie es una pieza fundamental de la biodiversidad santandereana, pero su fragilidad es alarmante", explica Paola Arenas, cofundadora de la Fundación Caminos Nativos. "Su población ha disminuido drásticamente debido a la presión antrópica y cambios en su hábitat natural".
Ceibas Vivas: un proyecto con raíces comunitarias
El proyecto "Ceibas Vivas del Cañón del Chicamocha", apoyado por el Fondo Emerger, representa una iniciativa integral que involucra directamente a los habitantes de San Miguel. La actividad central, programada para este fin de semana, consiste en la construcción de un vivero comunitario que marcará el inicio de un proceso de siembra de aproximadamente 50 individuos de ceiba barrigona.
La metodología incluye múltiples componentes estratégicos:
- Monitoreo comunitario continuo de las especies sembradas
- Señalización participativa del territorio
- Talleres de sensibilización ambiental para toda la comunidad
- Implementación de 10 unidades productivas caprinas semiestabuladas
- Creación de bancos de forraje comunitario
- Diseño de un sendero interpretativo con avistamiento de aves
"El trabajo se centra en concientizar a la comunidad sobre la importancia ambiental de proteger nuestras ceibas", detalla Arenas. "Las unidades productivas caprinas reducirán la presión sobre el bosque seco tropical al minimizar el pastoreo libre".
San Miguel: un territorio con potencial transformador
La vereda San Miguel fue seleccionada como piloto del proyecto debido a que posee uno de los tramos con mayor densidad de ceibas barrigonas en todo el cañón. Enclavada entre montañas y bordeada por el río Chicamocha, esta comunidad combina riqueza natural con tradiciones gastronómicas únicas, como la morcilla de cabro que según los visitantes tiene "un sabor peculiar a cañón, a montaña".
Yahir Hernando Rico López, presidente de la Junta de Acción Comunal de San Miguel, expresa el entusiasmo comunitario: "La comunidad recibió el proyecto con alegría porque ayuda tanto al medio ambiente como a nuestro desarrollo. Se han unido jóvenes y adultos para preservar nuestro árbol emblema".
Turismo comunitario como herramienta de conservación
El proyecto trasciende la simple restauración ecológica al incorporar el turismo comunitario como eje estratégico. La Asociación de Guías del Cañón del Chicamocha participa activamente en el diseño del sendero interpretativo que integrará educación ambiental con experiencias turísticas sostenibles.
"El turismo comunitario no es solo una actividad económica, sino una herramienta para visibilizar y proteger nuestros territorios", afirma Arenas, quien llegó a San Miguel caminando por sus senderos en 2017. "Encontramos mucha riqueza natural pero también cierto abandono institucional".
La participación activa de mujeres, jóvenes y líderes locales garantiza la sostenibilidad del proyecto. Los adolescentes han asumido la conservación como una tarea prioritaria tras identificar los retos ambientales de su territorio.
Una visión que busca replicarse
La comunidad de San Miguel aspira a convertir su vereda en un referente regional de conservación comunitaria. "Nos imaginamos a San Miguel con más turismo responsable, mejores condiciones de vida y proyectos que se repliquen en todo el cañón", proyecta Rico López.
El proyecto representa una oportunidad concreta para transformar prácticas tradicionales como el libre pastoreo que afectan al bosque seco tropical. Las 10 familias seleccionadas para las unidades productivas caprinas recibirán capacitación especializada para su manejo sostenible.
"Invitamos a todas las personas a vincularse a estas iniciativas que generan impacto positivo", concluye Arenas. "Estamos en medio de un tesoro natural reconocido nacional e internacionalmente, y debemos aprovecharlo con acciones que aporten a su cuidado permanente".
Para llegar a Cepitá desde Bucaramanga, se debe tomar la vía hacia Bogotá o San Gil, desviándose antes del Parque Nacional del Chicamocha (Panachi). Desde el casco urbano de Cepitá, una vía de aproximadamente 12 kilómetros bordea el río Chicamocha hasta la vereda San Miguel, en un recorrido total que puede durar cerca de tres horas y media.