Gallinazos en Santander: especies esenciales para el equilibrio ambiental
En los cielos de Santander, especialmente en la región de Bucaramanga, se dibuja constantemente una figura que muchos reconocen pero pocos valoran: el vuelo en forma de V del gallinazo, también conocido como chulo, zopilote o buitre americano. Esta ave, que parece habitual en el paisaje urbano y rural, cumple funciones ambientales esenciales que pocos comprenden en su totalidad.
Tres especies que comparten un territorio
En Santander coexisten al menos tres especies distintas de gallinazos, cada una con características particulares pero todas con la misma misión ecológica. El zopilote negro (Coragyps atratus) es la especie más común, presente desde el nivel del mar hasta los 2.700 metros de altitud. Comparte el territorio con el gallinazo de cabeza roja (Cathartes aura), conocido localmente como aura o zamuro, y el gallinazo de cabeza amarilla (Cathartes burrovianus).
"Cuando hablamos de chulos, muchas veces nos referimos a varias especies. En Bucaramanga y en Santander podemos encontrar al menos tres tipos distintos, pero todos cumplen la misma función", explica Kevin Mauricio Cárdenas León, biólogo y docente universitario.
Funciones ambientales cruciales
La labor de estas aves carroñeras es concreta y vital:
- Eliminan materia en descomposición de manera eficiente
- Reducen focos de infección en el entorno
- Previenen que los residuos orgánicos se conviertan en problemas sanitarios mayores
"Yo nunca los he visto como una plaga. Yo los he visto como una especie que nos ayuda. Si ellos no estuvieran, la descomposición duraría mucho más y el impacto sería mayor", agrega el biólogo Cárdenas León.
El contraste simbólico con el cóndor
Resulta paradójico que el cóndor de los Andes, ave nacional de Colombia, también sea carroñero y cumpla funciones similares a las del gallinazo. Sin embargo, mientras el cóndor habita en alturas inaccesibles y se idealiza como emblema, el gallinazo convive directamente con las ciudades y los residuos humanos. Esta cercanía ha llevado a que sea relegado y malinterpretado, cuando en realidad su labor es igualmente valiosa.
Capacidades extraordinarias
Los gallinazos poseen habilidades que los convierten en verdaderos ingenieros ambientales:
- Detectan gases de descomposición a varios kilómetros de distancia
- Su sistema digestivo neutraliza bacterias peligrosas para otras especies
- Aprovechan corrientes de aire caliente para volar grandes distancias con mínimo esfuerzo
Estas capacidades han sido incluso aprovechadas en iniciativas innovadoras. En Lima, Perú, el programa "Gallinazo Avisa" equipó a 10 aves con dispositivos GPS para rastrear sus recorridos y así identificar puntos de acumulación de basura no detectados por sistemas tradicionales.
El rechazo y la persecución
Lamentablemente, estas aves enfrentan constantes amenazas. En Antioquia se reportaron 154 casos de gallinazos heridos o maltratados durante 2024, evidenciando la intolerancia humana hacia estas especies. En Santander, aunque no existen registros oficiales completos, se han identificado prácticas preocupantes como la comercialización ilegal de crías asociadas a supuestos usos medicinales sin respaldo científico.
La historia extraordinaria de 'Chulomán'
En medio de este panorama, surge una historia que contrasta con la indiferencia general: la de Marco Pirulais, conocido como "Chulomán", quien lleva cinco años alimentando gallinazos diariamente en Floridablanca, Santander.
Una rutina de dedicación
Cada día, Marco inicia su recorrido en la plaza de La Cumbre, donde recoge aproximadamente 75 kilogramos de desperdicios que transporta en su moto hacia distintas zonas verdes. Allí, cientos de gallinazos lo esperan y reconocen, acercándose sin miedo a recibir el alimento que les proporciona.
"Ellos me acicalan de una manera que no me hacen daño... es como cuando un perrito se acerca. Yo entiendo ese gesto como una forma de decirme gracias por lo que hago", relata Marco, quien prefiere mantener su nombre de pila en reserva debido a las incomodidades que su labor ha generado en algunos sectores.
Una relación construida con constancia
Marco no solo trabaja con gallinazos. Lleva más de 15 años dedicado al cuidado de diversos animales como zarigüeyas, tortugas y zorros. Sin embargo, ha desarrollado una relación particular con los gallinazos, basada en la constancia diaria de su alimentación a la hora del almuerzo.
Para este guardián de las aves, el rechazo hacia los gallinazos tiene una explicación clara: "Lo que no conocemos tendemos a hacer dos cosas: destruirlo o rechazarlo. Pero cuando uno aprende a mirar, se da cuenta de que el que representa una amenaza no es el animal, sino uno".
El valor de lo cotidiano
En medio de la riqueza aviar de Santander, con especies reconocidas por sus colores intensos y belleza evidente, los gallinazos representan el valor de lo cotidiano, de lo discreto pero constante. Estas aves sostienen una parte silenciosa pero fundamental del equilibrio ambiental regional.
El gallinazo puede no ajustarse a los cánones tradicionales de belleza aviar, pero su capacidad de adaptación, resistencia y vuelo libre lo convierten en una especie extraordinaria que merece reconocimiento y protección. La historia de "Chulomán" demuestra que es posible construir puentes de comprensión entre humanos y estas aves esenciales para la salud ambiental de Santander.



