La Tayra: De la tragedia petrolera a un bosque renacido en Barrancabermeja
La Tayra: De tragedia petrolera a bosque renacido en Barranca

La Tayra: El renacer de un bosque tras la tragedia petrolera

Ocho años han transcurrido desde que la emergencia ambiental del pozo Lizama 158 en Barrancabermeja, Santander, dejó una profunda herida en el territorio. Hoy, contra todo pronóstico, la Ecoreserva La Tayra se erige como un testimonio vivo de restauración ecológica, transformando lo que fue una mancha de petróleo y muerte en un bosque vibrante que alberga nueva vida.

Un silencio que habla de recuperación

Al ingresar a la Ecoreserva La Tayra-Lizama, ubicada en el corregimiento La Fortuna, lo primero que impacta es el calor característico de Barrancabermeja, ese que pega la ropa a la piel y obliga a entrecerrar los ojos. Pero lo que verdaderamente sorprende es el silencio, un silencio que permite escuchar el trinar de los pájaros y sentir el suelo húmedo bajo los pies.

Este paisaje obliga a corregir desde el inicio cualquier preconcepción sobre la naturaleza, porque aquí la historia no comenzó con el verde de un bosque joven, sino con el recuerdo amargo de una tragedia ambiental que marcó al país en marzo de 2018.

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La emergencia que cambió todo

La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) documentó afectaciones críticas en la quebrada La Lizama, Caño La Muerte y el río Sogamoso, con impactos en aproximadamente 24 kilómetros de los dos primeros cuerpos de agua y 20 kilómetros del último. Ecopetrol estimó que, entre el 12 y el 15 de marzo de ese año, unos 550 barriles de mezcla de crudo, barro, agua y lodos inundaron la zona.

"Uno nunca olvida lo que ocurrió", relata don Fabio Hernández, líder del corregimiento Meseta de San Rafael. "Yo llegué al sitio y esto era caos. Vimos correr barriles de petróleo; daban ganas de llorar. Era una mancha negra impresionante corriendo sobre todo: el agua, los animales, la tierra".

El guardián natural de la recuperación

A poca distancia de la entrada, donde se ubicaba el pozo Lisama 158, se encuentra un símbolo extraordinario de la resiliencia natural: una zarzaparrilla que los trabajadores denominan "el guardián". Esta planta no formó parte del plan de recuperación ambiental implementado por Ecopetrol, sino que nació espontáneamente cuando todo parecía un desierto.

Gilberto Espinel, ingeniero forestal que lleva años trabajando en la recuperación ambiental de la zona, explica: "Esto se encontraba prácticamente como un desierto y encontramos que naturalmente hay una especie que conocemos como la zarzaparrilla, que denominamos como un árbol bíblico. Para nosotros, dentro del proceso, es como nuestro guardián, dado que se dio naturalmente".

Un bosque de 9.000 árboles y 50 especies

Jimena Contreras, profesional de la coordinación ambiental regional central de Ecopetrol, detalla el proceso de recuperación: "Una vez controlada la contingencia, comenzaron las acciones de recuperación sobre el suelo, el recurso hídrico, la cobertura vegetal y la fauna. Fueron acciones analizadas con un grupo de expertos que se enfocaron en establecer cobertura vegetal e identificar las mejores especies nativas".

Hoy, en el área del afloramiento, Ecopetrol reporta el establecimiento de más de 9.000 plántulas de 48 especies nativas, entre las que destacan:

  • Abarco y algarrobo
  • Cedro y ceiba bonga
  • Guayacán amarillo y rosado
  • Caracolí y guadua
  • Cedro caoba y suribio

La fauna regresa al territorio

Metros más adelante, cámaras trampa instaladas en los árboles capturan la evidencia más contundente de la recuperación: la fauna ha regresado. Óscar Eduardo Rangel, biólogo encargado del monitoreo, revela que existen más de 1.300 registros de fauna silvestre pertenecientes a 38 especies.

Entre los animales que han recolonizado la zona se encuentran:

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  1. Guacharacas y tayras
  2. Monos cariblanco y zorros perros
  3. Ocelotes, hurones y mapaches
  4. Armadillos y hormigueros
  5. Palomas camineras y chilacoas
  6. Iguanas y lobos polleros

Un llamado a la conciencia ambiental

Don Fabio Hernández, testigo de la transformación, reflexiona: "Esto que pasó aquí, yo lo analizo como un llamado que hace la naturaleza. La naturaleza es sabia, es nuestra madre. Hoy, en gran medida, el esfuerzo que hizo Ecopetrol se ve reflejado en el crecimiento de los árboles, en la limpieza de la tierra".

Y añade con convicción: "En la industria petrolera no puede haber decisiones porque sí. Debe existir un profundo respeto hacia la naturaleza y ese es el llamado que hoy hace este territorio, desde donde anhelamos que esto no vuelva a ocurrir".

La Ecoreserva La Tayra-Lizama se ha convertido así en un testimonio vivo de que, incluso tras las peores tragedias ambientales, la vida encuentra su camino. Pero también en un recordatorio contundente de que la prevención y el respeto por los ecosistemas deben ser prioridades absolutas para cualquier actividad industrial.