Los llaneros consideran a la naturaleza como 'parientes' en un proyecto de conservación
Llaneros ven a la naturaleza como 'parientes' en conservación

Los llaneros consideran a la naturaleza como 'parientes' en un proyecto de conservación

Para los habitantes de las extensas sabanas de Arauca, Casanare y Vichada, el territorio no es simplemente un espacio geográfico, sino un hogar que se respeta, se quiere y se cuida con devoción. Esta tierra, que alterna entre planicies, altillanuras y piedemonte, constituye el alma misma de sus existencias, moviendo sus vidas con una fuerza ancestral.

La convivencia armónica con el medio ambiente se ha convertido en una filosofía de vida para estas comunidades, quienes han encontrado en la naturaleza a sus mejores aliados, a quienes llaman afectuosamente 'parientes'. Esta concepción va más allá de lo metafórico, representando un vínculo profundo que guía sus prácticas productivas y de conservación.

Un proyecto que fortalece los lazos con el territorio

WWF Colombia, en alianza con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Parques Nacionales Naturales de Colombia, Corporinoquia y el Banco Mundial, ha documentado esta relación única a través del proyecto GEF 'Paisajes integrados sostenibles de la Orinoquia'. El trabajo destaca logros significativos en:

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  • Restauración ecológica de ecosistemas estratégicos
  • Producción sostenible que respeta los ciclos naturales
  • Fortalecimiento comunitario y gobernanza territorial
  • Monitoreo participativo de especies emblemáticas
  • Conservación de fauna como dantas y jaguares

El documento revela cómo las familias llaneras han sido protagonistas del cambio hacia territorios más sostenibles, demostrando que el desarrollo puede coexistir con la preservación ambiental cuando se basa en el respeto mutuo.

143 reservas naturales que protegen la biodiversidad

Una de las estrategias más exitosas ha sido la creación y fortalecimiento de Reservas Naturales de la Sociedad Civil (RNSC), áreas protegidas de propiedad privada que conservan muestras de ecosistemas naturales bajo principios de sostenibilidad. En los tres departamentos se han constituido 143 reservas que suman 147.000 hectáreas protegidas:

  1. Casanare: 122 RNSC que lideran los esfuerzos de conservación
  2. Vichada: 12 RNSC que preservan ecosistemas únicos
  3. Arauca: 9 RNSC que combinan producción y protección

Estas reservas, incluidas en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP), representan una herramienta clave para la conservación voluntaria en zonas donde el Estado tiene presencia limitada, combinando actividades de producción sostenible, educación, investigación y ecoturismo.

Doñana Vichada: un ejemplo de convivencia armónica

En Puerto Carreño, Vichada, la reserva Doñana Vichada abarca aproximadamente 1.300 hectáreas junto al río Bita. José Bernal, biólogo residente, explica cómo han implementado estrategias innovadoras:

'Nosotros venimos conservando la naturaleza hace mucho tiempo, pero a partir de 2018 quedamos acreditados como RNSC. Ahora convivimos con los animales: venados en el patio, zorros en la noche, y hasta una danta preñada que pronto tendrá su cría', relata Bernal con evidente emoción.

La reserva utiliza cámaras trampa para monitorear la fauna, habiendo registrado especies como tigrillos jaguarundi, crías de felinos y jaguares. Con apoyo del proyecto GEF Orinoquia, han instalado estaciones de bebida para animales durante el verano y sistemas de riego sostenible, demostrando que la conservación activa genera resultados tangibles.

La Palmita: ganadería sostenible en Casanare

En Trinidad, Casanare, la reserva La Palmita representa otro modelo exitoso. Catalina Mora, propietaria y representante, explica su filosofía: 'Nunca hemos transformado la sabana inundable. Siempre hemos sido ganaderos, pero conservamos la cultura campesina y el ecosistema'.

Para Mora y su familia, la fauna y la naturaleza son verdaderos parientes: 'En el Llano las distancias son tan grandes que encontrarse con esos regalos de la naturaleza se vuelve una fiesta, que celebramos con el grito: ¡Que hubo pariente!'.

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Sin embargo, enfrentan amenazas reales. Los cultivos extensivos de arroz y palma de aceite están transformando dramáticamente el ecosistema, con más de 150.000 hectáreas dedicadas a estas actividades en Casanare solamente. 'Esto transforma mucho la sabana y su entorno natural, desde la parte ambiental y social', advierte Mora.

Un legado para las futuras generaciones

El proyecto evidencia que cuando las comunidades se empoderan como guardianes de su territorio, los resultados superan las expectativas. La combinación de saberes locales, cultura ancestral y conocimiento técnico ha creado un modelo replicable de conservación participativa.

Esta visión de la naturaleza como 'pariente' trasciende lo ambiental para convertirse en un principio ético que guía la relación de los llaneros con su entorno. Como resume el documento de WWF: 'Hoy entendemos que parientes no son solo personas. También lo son los ríos, las sabanas, los bosques, el ganado y los cultivos'.

La tarea apenas comienza, pero el camino trazado promete un futuro donde la Orinoquia conserve su esencia mientras avanza hacia la sostenibilidad, demostrando que el desarrollo y la conservación no son opuestos, sino aliados naturales cuando se construyen desde el respeto y la comprensión profunda del territorio.