Colombia activa protocolo de eutanasia para controlar invasión de hipopótamos con inversión de 7.200 millones
Protocolo de eutanasia para hipopótamos invasores en Colombia

Colombia activa plan de choque contra la invasión de hipopótamos con protocolo de eutanasia

Con una inversión de 7.200 millones de pesos y un protocolo técnico detallado que abarca desde la captura hasta la disposición final, el Gobierno Nacional dio un paso histórico el 13 de abril para frenar la expansión descontrolada de los hipopótamos (Hippopotamus amphibius) en Colombia. La ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible (e), Irene Vélez Torres, anunció esta medida que convierte al país en el único del mundo que enfrenta una invasión biológica de esta magnitud fuera del continente africano.

Una población que crece sin control

El origen del problema se remonta a la década de 1980, cuando el narcotraficante Pablo Escobar Gaviria introdujo ilegalmente cuatro hipopótamos en la Hacienda Nápoles, ubicada en Puerto Triunfo, Antioquia. Desde entonces, estos animales encontraron en los ecosistemas acuáticos del valle medio del río Magdalena condiciones ideales para reproducirse sin depredadores naturales.

Según estudios científicos actualizados, la población supera actualmente los 200 individuos distribuidos en siete grupos, con proyecciones alarmantes: podría alcanzar los 500 ejemplares en 2030 y cerca de 1.000 en 2035 si no se interviene. El grupo más denso, localizado en la Hacienda Nápoles, ya presenta una densidad máxima estimada de 15 hipopótamos por kilómetro cuadrado.

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El fracaso de la translocación y la adopción de la eutanasia

Antes de optar por la eutanasia, el Gobierno exploró durante años la alternativa de trasladar a los animales a zoológicos o santuarios en el exterior. Se contactaron siete países —incluyendo Ecuador, Perú, Filipinas, India, México, República Dominicana y Sudáfrica— pero ninguno pudo concretar una recepción viable debido a barreras legales, altos costos logísticos y restricciones sanitarias.

"La evidencia técnica permite concluir que la translocación no resulta suficiente ni operativamente viable como única estrategia de control poblacional", señaló la circular oficial del Ministerio de Ambiente, justificando así la adopción de medidas más drásticas.

Protocolo técnico: dos modalidades de eutanasia

El protocolo define la eutanasia como "el acto de inducir la muerte usando un método que ocasione una pérdida rápida e irreversible de la conciencia, con un mínimo de dolor y angustia para el animal". Se contempla como medida de última instancia y contempla dos modalidades principales:

  1. Eutanasia química: Inicia con la instalación de corrales metálicos cerca de cuerpos de agua, utilizando cebos como zanahorias, repollo y frutas. Una vez capturado el animal, se procede a la inmovilización química mediante rifle de dardos con combinaciones farmacológicas específicas según el peso del individuo. La eutanasia propiamente dicha se realiza con pentobarbital sódico en sobredosis intravenosa u otros agentes anestésicos.
  2. Eutanasia física: Cuando las condiciones logísticas impidan el procedimiento químico, se recurre al disparo por arma de fuego de largo alcance y alta potencia (calibre 0,50 o 0,375), impactando directamente en la cabeza del animal. Esta operación solo puede realizarla personal con preparación y competencias certificadas.

Verificación, necropsia y disposición final

Tras la ejecución del procedimiento, el personal debe verificar la muerte mediante la ausencia de movimientos respiratorios, pulso, pupilas dilatadas y reflejo corneal. La necropsia, que debe realizarse en un plazo no mayor a 24 horas, es supervisada por médicos veterinarios expertos en fauna silvestre, quienes deben tomar precauciones especiales dado que el hipopótamo es portador potencial de agentes zoonóticos como Leptospira spp., Brucella spp. y Bacillus anthracis.

Para la disposición final de los cadáveres, el protocolo contempla dos alternativas:

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  • Enterramiento sanitario: En fosas de cuatro a cinco metros de profundidad, alejadas de fuentes hídricas, cubriendo el cadáver con aproximadamente 200 kilogramos de cal apagada por individuo adulto.
  • Cremación: Solo en hornos crematorios autorizados que operen a temperaturas superiores a 750 °C en la cámara de combustión y 900 °C en la cámara de poscombustión.

En ningún caso se permite el aprovechamiento o consumo humano de los especímenes.

Hoja de ruta y distribución de recursos

Los 7.200 millones de pesos serán canalizados a través del Fondo para la Vida y la Biodiversidad hacia las cuatro Corporaciones Autónomas Regionales con jurisdicción sobre las áreas de distribución de la especie: Cornare, Corantioquia, Corpoboyacá y CAS. El convenio entre el Ministerio y las corporaciones está previsto para el 15 de junio de 2026, con implementación efectiva en el segundo semestre del año.

Cada corporación deberá entregar reportes mensuales al Ministerio y, tras cada intervención, un informe detallado dentro de los diez días siguientes con coordenadas exactas, sexo y edad estimada de los individuos intervenidos, métodos empleados y registro fotográfico.

El Gobierno anunció que espera intervenir cerca de 80 hipopótamos durante este año, concentrando las acciones principalmente en dos zonas críticas: la Hacienda Nápoles y la denominada "isla del Silencio", donde confluyen jurisdicciones de varias autoridades ambientales. Sin embargo, el plan también contempla intervenciones en áreas cercanas a cascos urbanos donde la presencia de estos animales ha generado riesgos para las comunidades.

"Las CAR son muy juiciosas en monitorear la presencia de los individuos y parte de la intención de este proyecto es que también pueda tener un componente pedagógico e incorporar el ejercicio de monitoreo", explicó la ministra Vélez, destacando el papel central que jugarán las Corporaciones Autónomas Regionales en la ejecución del plan.

Natalia Ramírez, directora de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente, precisó que estos procedimientos han sido diseñados bajo criterios técnicos y sanitarios rigurosos, con la administración de medicamentos aprobados por expertos en bienestar animal.