El inicio de un camino político marcado por principios
Hace más de un cuarto de siglo, junto a un grupo de amigas universitarias, llegamos a una convicción profunda: la realidad no se transforma mediante la indignación pasiva, sino a través de la participación activa. Motivadas por este ideal, decidimos postular mi nombre para la Asamblea Departamental de Bolívar, dando inicio a una labor comunitaria intensa y pedagógica.
Nuestra misión era clara: educar a las comunidades sobre sus derechos, ya que frecuentemente nos suplicaban, como si fuera un favor personal, aquello que les correspondía por ley. Carecíamos de recursos económicos y de respaldo político tradicional, pero contábamos con un anhelo ferviente de contribuir a la transformación social del departamento y, especialmente, a renovar las prácticas políticas arraigadas.
El garaje como centro de operaciones y una oferta inesperada
El garaje de la casa de mi abuela se adaptó como nuestro improvisado "Comando" de campaña. Allí, era común que personas llegaran solicitando dinero a cambio de su voto, una práctica lamentablemente normalizada. Un día, me avisaron que me buscaba la dueña de la Gallera de El Pozón, reconocida como una líder con gran influencia electoral en la zona.
La señora entró, tomó asiento y, de una bolsa plástica, extrajo una carpeta de cartón que me entregó. Mientras yo revisaba numerosas listas con nombres, cédulas y lugares de votación, ella fue directa: "Allí hay cuatrocientos votantes zonificados. Es una votación segura. Organizar que esa gente vote le cuesta un millón de pesos. Me da trescientos ahora y setecientos el día previo a las elecciones".
Alzando la mirada de los documentos, le respondí con firmeza: "Señora, no tengo ese dinero, ni esa es la forma en que estamos trabajando en esta campaña. Sin embargo, le ofrezco algo que vale más que ese millón de pesos". Ante su pregunta curiosa, añadí: "Que usted, y la comunidad que representa, cuenten conmigo", entregándole una de mis tarjetas personales.
Una reacción airada y un giro inesperado
En un gesto brusco y despectivo, la señora arrebató la carpeta, se levantó de la silla con violencia y me espetó: "¿Ustedes, los políticos, qué creen? Que uno es tonto. No me venga con ese cuento de que su campaña es diferente. Todos son iguales: llegan con promesas vacías, llenan a la gente de mentiras y, una vez electos, solo se dedican a recuperar su inversión, dejándonos en la misma pobreza de siempre". Tras este discurso cargado de frustración, dio media vuelta y se marchó entre gritos.
Al día siguiente, recibí una llamada desesperada a mi celular. Apenas se entendía la voz de una mujer entrecortada por el llanto. Era la misma señora de la gallera, quien, angustiada, me suplicó: "¡Ay, doctora! Mi hijo se lo llevaron para el Cuartelillo de Olaya. Le ruego que me ayude por lo que más quiera". Inmediatamente, abandoné mis actividades en el Centro y tomé un taxi para dirigirme al lugar.
La acción que cambió todo: un compromiso cumplido
El joven había sido detenido por presunto tráfico de estupefacientes, pero su captura se realizó de manera ilegal, violando procedimientos establecidos. Sin dudarlo, interpuse un Hábeas Corpus, y al día siguiente, el juez ordenó su libertad, reconociendo las irregularidades en el proceso.
Al salir del Cuartelillo, nos encontramos con una multitud de familiares y amigos que esperaban ansiosos, estallando en aplausos de alegría al verlo libre. La señora de la gallera, con lágrimas en los ojos, repetía una y otra vez: "¡Gracias, doctora! No tengo cómo pagarle". Me acerqué, la abracé y, frente a todos, le dije: "Yo solo quiero que usted comprenda que cuando un político paga por el voto, su compromiso con la gente termina ahí; porque luego debe gobernar para recuperar lo invertido. Por eso, cuando usted fue a mi comando, le ofrecí algo más valioso que dinero. ¡Y aquí estoy, cumpliendo!".
Este episodio no solo reforzó mis convicciones, sino que demostró que la autenticidad y el servicio desinteresado pueden romper ciclos de desconfianza y corrupción en la política, construyendo puentes basados en la confianza y el respeto mutuo.



