Contradicciones educativas del candidato vicepresidencial generan debate nacional
Las declaraciones recientes del candidato a la vicepresidencia Juan Daniel Oviedo sobre los fines de la educación han generado una intensa controversia en el ámbito académico y político colombiano. Sus afirmaciones, que reducen el propósito educativo exclusivamente a la preparación para el empleo, contradicen abiertamente las posturas que él mismo defendió años atrás cuando participó activamente en la construcción del III Plan Decenal de Educación.
Una visión reduccionista frente a planteamientos integrales
"La educación tiene que dar trabajo. Punto. Si no conecta con el empleo, no está cumpliendo su propósito", afirmó Oviedo en sus redes sociales, declaración que ha reiterado en múltiples entrevistas. Esta postura representa un giro radical respecto a su participación entre 2016 y 2017 en la Comisión Académica del Tercer Plan Decenal, donde junto a más de cincuenta educadores, investigadores y académicos construyeron consensos sobre diez desafíos fundamentales para transformar la educación colombiana.
En aquel entonces, el hoy candidato contribuyó significativamente a cimentar acuerdos amplios que incluían la necesidad de construir un sistema educativo integrado, reestructurar la formación docente y realizar una profunda transformación curricular para garantizar el desarrollo integral de los jóvenes. Estos planteamientos contrastan dramáticamente con su actual visión instrumental y tecnocrática de la educación.
La perspectiva humanista del Papa Francisco y su relevancia actual
Las reflexiones del Papa Francisco durante su visita a Ecuador en 2015 cobran especial vigencia en este debate. El pontífice enfatizó que "la misión de la universidad no es solamente aprender cosas", sino formar a los jóvenes en los tres lenguajes humanos: "el de la cabeza, el del corazón y el de las manos". Esta visión integral contrasta con la simplificación extrema que propone Oviedo, quien parece desconocer el principio de integralidad educativa.
El abandono de las diversas dimensiones humanas por parte del sistema educativo ha causado graves perjuicios, como evidencian estudios recientes de Cifras y Conceptos y la Universidad del Rosario. Aunque los jóvenes colombianos valoran enormemente a las universidades -especialmente las públicas- como instituciones, confiesan que no recurrirían a ellas en caso de crisis emocionales. En noviembre de 2024, solo el 1% acudiría a profesores o psicólogos universitarios, mientras el 66% buscaría apoyo familiar.
Los riesgos de instrumentalizar la educación
La postura de Oviedo se enmarca en tesis defendidas por gobiernos de extrema derecha a nivel mundial, que han derivado en disminución de financiación para actividades sin aplicación práctica inmediata o ganancias económicas evidentes. Como advierte la filósofa Martha Nussbaum: "Las humanidades cultivan la capacidad de ver el mundo desde la perspectiva de otros. Sin esa capacidad, la democracia no puede sostenerse".
Reducir la educación a preparación laboral plantea preguntas fundamentales: ¿quién prepara a las nuevas generaciones para vivir?, ¿dónde aprenderán a construir colectivamente, crear o compartir?, ¿cuándo desarrollarán pensamiento crítico o reconocimiento de nuestra deuda con otros seres humanos? Bajo este criterio reduccionista, facultades como sociología, letras, humanidades, artes o filosofía carecerían de justificación, tal como ocurre en algunos estados estadounidenses gobernados por republicanos extremistas.
Contradicciones personales y compromisos políticos
Quien conoció a Juan Daniel Oviedo en la década anterior como miembro comprometido de la Comisión Académica del Tercer Plan Decenal, difícilmente reconoce al candidato que hoy promueve una visión tan limitada de la educación. La transformación es tan radical que parece casi irreconciliable: en 2016 ayudó a construir acuerdos amplios sobre lo fundamental en educación, mientras en 2027 actúa como político interesado en permitir el retorno de un partido al poder.
Como enseñó Winston Churchill: "El político piensa en las próximas elecciones; el estadista piensa en las próximas generaciones". Lamentablemente, Oviedo parece estar pensando en exceso en las próximas elecciones, abandonando los principios educativos que antes defendió con convicción.
La desconexión entre planes y realidades educativas
Mientras el gobierno de Gustavo Petro convoca reuniones para iniciar el Cuarto Plan Decenal en educación, Colombia aún no ha ejecutado el III Plan Decenal. No se ha iniciado el debate sobre el sistema educativo integral, la transformación necesaria en formación docente, la transformación curricular o la educación para consolidar confianza y paz.
Hemos construido planes decenales para garantizar políticas públicas educativas independientes del gobernante de turno, pero como ocurrió con los tres primeros planes decenales y las dos misiones de sabios, los intereses politiqueros priman sobre las necesidades de desarrollo integral de los estudiantes. En educación, seguimos sin rumbo claro y sin política pública de largo aliento.
Por ello resulta pertinente reiterar: "Si tu candidato no sabe cómo cambiar la educación, cambia de candidato". La sociedad colombiana merece líderes educativos coherentes, no políticos oportunistas que contradicen sus propias convicciones en función de cálculos electorales.



