La paradoja de la era digital: más lectura que nunca, pero menos pensamiento crítico
Paradoja digital: más lectura, menos pensamiento crítico

La paradoja de la era digital: más lectura que nunca, pero menos pensamiento crítico

Durante décadas, la sociedad creyó firmemente que la lectura se limitaba exclusivamente a los libros impresos. Sin embargo, la realidad demuestra que la práctica de leer es anterior a la invención del libro físico. Miles de personas en Colombia y el mundo aún no reconocen que son lectores activos en su vida diaria, mientras que otras miles persisten en la idea errónea de que el único lugar donde se lee es dentro de las aulas escolares.

La responsabilidad educativa y las paradojas modernas

Existe una paradoja preocupante: muchos estudiantes consideran que la escuela es la única responsable de fomentar la lectura y de garantizar que esta se realice correctamente. Irónicamente, para una gran cantidad de esos mismos estudiantes, los únicos libros que leerán a lo largo de su vida serán precisamente aquellos que encuentren en el entorno educativo formal.

Esta generación actual es, sin lugar a dudas, la que más lee y escribe en toda la historia de la humanidad. Diariamente, trillones de palabras cruzan el ciberespacio a través de redes sociales, mensajes de texto y publicaciones digitales. La paradoja radica en que gran parte de este contenido escrito carece de sustancia, sazón y poesía, siendo vacío y superficial en su mayoría.

Acceso al conocimiento y desperdicio de oportunidades

Nunca antes el conocimiento había estado tan al alcance de la mano de los seres humanos. Desde la palma de la mano, a través de dispositivos móviles, se puede acceder a todo el universo del conocimiento acumulado por la humanidad. Sin embargo, resulta paradójico que exista un enorme desperdicio de tiempo, donde las personas acceden a todo tipo de contenidos menos a aquellos que realmente aprovechan este potencial educativo.

Persiste la creencia, en algunos sectores, de que los libros son enemigos del desarrollo. Lo paradójico es que precisamente la lectura es la herramienta que combate la ignorancia y fortalece el criterio personal. Un libro puede expresar cualquier idea, pero no es responsable de las decisiones que toman las personas después de leerlo.

Brechas digitales y formación de lectores

A pesar de que aún existen grandes brechas en el acceso a la conectividad en Colombia y América Latina, cuando lo que ocurre en el mundo digital sale de control, la tendencia es insistir en prohibir en lugar de trabajar activamente en la formación de lectores críticos y conscientes.

La sociedad muestra temor hacia los alcances del ser humano y su potencial crueldad, pero al mismo tiempo facilita smartphones a niños y adolescentes sin la preparación adecuada ni filtros educativos. Los libros en los planes de lectura de los colegios parecen caros para muchos, mientras que se pagan planes de datos móviles para los hijos que resultan más costosos que los propios libros físicos.

El cambio en las formas de aprendizaje

A pesar de que todas las señales indican que la forma de aprender ha cambiado para siempre en el mundo contemporáneo, aún no se ha decidido colectivamente qué tipo de lectores se desea formar. Se señala constantemente a las pantallas como culpables, pero se descuida la formación integral; se culpa a la escuela de todos los males, olvidando la responsabilidad familiar y social en el proceso.

Leer en cualquier formato – ya sea digital o impreso – constituye una tarea cultural y ética de primer orden. Un lector crítico debe ser formado conscientemente, de lo contrario, será moldeado por los algoritmos de las plataformas digitales. Al final, lo que realmente importa no es cuánto lean las personas, sino quién moldea lo que leen y cómo lo entienden, procesan y asimilan.

Cuando no existe una lectura consciente y crítica, inevitablemente alguien más termina pensando por nosotros, limitando nuestra autonomía intelectual y nuestra capacidad de discernimiento en un mundo saturado de información.