Tensión fronteriza con Ecuador amenaza procesos de paz total en Nariño
Tensión fronteriza con Ecuador afecta paz total en Nariño

Tensión fronteriza con Ecuador amenaza procesos de paz total en Nariño

La tensión en la frontera sur entre Colombia y Ecuador, marcada por operaciones militares en territorio ecuatoriano, denuncias del presidente Gustavo Petro sobre el uso de bombas y la negativa del gobierno de Daniel Noboa a reconocer estos hechos, comienza a entrelazarse con un frente sensible: la política de paz total del gobierno colombiano. Aunque aún no hay una implicación directa entre ambos escenarios, existen señales claras de que los eventos en la frontera podrían afectar, en distintos niveles, los procesos de diálogo con grupos disidentes como la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB) y Comuneros del Sur.

Impacto en los incentivos para el desarme

El primer efecto significativo se relaciona con los incentivos de los grupos armados para avanzar en una negociación. Jorge Mantilla, experto en crimen y conflicto, advierte que las operaciones de la Fuerza Pública de Ecuador generan desconfianza y reducen la disposición de estructuras como la CNEB, presente en ambos lados de la frontera, a desarmarse. En este contexto, la viabilidad de las Zonas de Ubicación Temporal (ZUT), diseñadas para la concentración y transición hacia la vida civil, se ve comprometida no solo por razones de seguridad, sino porque la incertidumbre fronteriza disminuye la voluntad real de los grupos para moverse hacia estos espacios.

Presión sobre decisiones clave: extradición versus negociación

Un segundo efecto emerge en el plano político, donde el contexto regional, con mayor presión internacional para combatir el narcotráfico, tensiona las decisiones del Gobierno colombiano. Casos como el de Geovanny Rojas, conocido como Araña, ilustran el dilema entre avanzar en cooperación judicial, incluyendo extradiciones, o preservar la confianza en las mesas de negociación. Mantilla subraya que este equilibrio es crítico, especialmente en la frágil relación de Colombia con Estados Unidos, y se vuelve más difícil de sostener en momentos donde varios procesos de paz están en puntos delicados.

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Riesgo de fragmentación de los grupos armados

El tercer elemento concierne a la estabilidad interna de las organizaciones armadas. En contextos de presión militar y alta incertidumbre, el liderazgo de los comandantes puede debilitarse, lo que podría llevar a divisiones dentro de los grupos. Esto ha ocurrido en procesos pasados, como con las extintas FARC, y abre la puerta a nuevas fragmentaciones que reducen el impacto de las negociaciones sobre la violencia. La Coordinadora Nacional, por ejemplo, es una fragmentación de la disidencia conocida como Segunda Marquetalia, mientras Comuneros del Sur se separó del ELN.

Impacto humanitario como variable de presión

Un cuarto efecto se vincula con las comunidades en la frontera, donde cualquier escalamiento del conflicto puede resultar en desplazamientos o confinamientos. Luis Alfonso Escobar, gobernador de Nariño, ha advertido sobre este riesgo, señalando que la situación puede agravar las condiciones de seguridad en territorios ya vulnerables. Además, Mantilla alerta que los grupos armados podrían intentar generar un impacto humanitario para ejercer mayor presión política sobre el gobierno colombiano, complicando aún más los procesos de paz.

Choque de estrategias de seguridad

Todos estos elementos convergen en un choque entre dos enfoques de seguridad en un mismo territorio. Mientras Colombia busca avanzar en negociaciones con actores como la CNEB y Comuneros del Sur, Ecuador ha optado por una estrategia de confrontación directa, con apoyo internacional de Estados Unidos, incluyendo la reactivación de la base militar de Manta. Este contraste explica la advertencia del gobernador Escobar de que el impacto sobre la paz total no proviene de un solo hecho, sino de cómo estas dinámicas externas afectan procesos que dependen de estabilidad territorial.

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La paz total fue concebida como una política para gestionar un conflicto interno, pero se implementa en regiones donde las dinámicas armadas, las economías ilegales y las decisiones de seguridad operan de manera transfronteriza. Por ahora, los efectos de la crisis con Ecuador son incipientes y no determinan por sí solos el rumbo de los procesos, pero sí plantean dudas sobre las condiciones que hacen posible la negociación, en un escenario donde estas variables ya no dependen únicamente de lo que ocurra dentro de Colombia.