Un escritor celebra el renacimiento de Cartagena
Hay pocas ciudades en el mundo que quiero tanto como Cartagena de Indias. Mi madre fue una de las primeras en comprar y restaurar profesionalmente una casa en el centro histórico en 1978. Desde entonces, visito casi anualmente e incluso escribí una novela sobre cazadores de tesoros ambientada en su recinto amurallado y su hermoso mar Caribe. Por eso, durante años, me partía el corazón cada vez que regresaba y constataba el deterioro progresivo y el abandono de la ciudad.
El descuido criminal de parte de sus alcaldes, varios de los cuales terminaron en la cárcel por corrupción, parecía condenar a Cartagena a una espiral de decadencia. Confieso que llegué a creer que todo estaba perdido y que no había marcha atrás. Sin embargo, hoy quiero felicitar al alcalde Dumek Turbay porque ha logrado lo imposible: rescatar la ciudad de las garras del abandono.
Un milagro urbano en dos años
Sin duda, el alcalde Turbay se merece todos los aplausos. Lo que ha conseguido es nada menos que milagroso. Hasta hace muy poco, era imposible caminar por Cartagena sin correr el riesgo de partirse un tobillo en los andenes agrietados, y había que sortear la multitud de prostitutas que inundaban las calles. La ciudad olía a alcantarilla, el tráfico era un caos total y la inseguridad no daba tregua a residentes ni visitantes.
Los barrios populares subsistían a duras penas, abandonados a su suerte por la desidia de sus dirigentes. La ciudad más bella de Colombia, la más apetecida por los turistas, producía vergüenza y desesperanza. Pero ya no. En solo dos años, la transformación es palpable y admirable.
La ciudad está ahora limpia y bien organizada. Los andenes han sido reparados, las prostitutas han desaparecido y las calles huelen a limpio. Hay una presencia policial constante que, aunque no elimina por completo los pequeños robos como el de celulares, representa un cambio radical frente al caos previo. Las carreteras lucen asfaltadas y bien iluminadas, mejorando la movilidad y la seguridad vial.
Obras ejemplares en barrios populares
Las intervenciones en los barrios populares son particularmente ejemplares. Se han realizado mejorías significativas en infraestructura básica, gestión social y espacios públicos, devolviendo la dignidad a comunidades históricamente olvidadas. Para rematar, los arreglos navideños en diciembre fueron espectaculares, iluminando la ciudad con un espíritu festivo que había estado ausente durante años.
Dicho en breve, como ya lo he anotado, el alcalde Turbay ha rescatado a Cartagena de la ruina. Lo único que extraño, desde luego, son los coches de caballos. Todos comprendemos por qué fueron retirados, debido al maltrato animal y a la corrupción en ese negocio. Pero nada sustituye completamente la belleza nostálgica de los carruajes y el sonido característico de los cascos sobre el asfalto, resonando contra las antiguas murallas.
La esperanza de un modelo replicable
Lo que más me ilusiona ahora es la posibilidad de que Cartagena tenga más de un gran alcalde en sucesión. Un buen sucesor de Turbay, e incluso un posible período del actual gobernador de Bolívar, Yamil Arana Padauí, seguido por otro mandato de Turbay, podría consolidar y rematar este milagro de rescate urbano.
Esta fue precisamente la fórmula ganadora en Barranquilla, donde la continuidad de buenos gobiernos permitió desarrollar proyectos de largo aliento que transformaron la ciudad. Colombia es un país con instituciones tan frágiles que un buen alcalde, o uno malo, puede marcar una diferencia enorme en la calidad de vida de sus habitantes.
Si logran replicar en Cartagena el modelo exitoso de Barranquilla, como sugiere el propio Dumek Turbay cuando afirma que "lo mejor está por venir", el futuro de la ciudad parece brillante. El cambio en Cartagena salta a la vista y produce un orgullo genuino al comprobar su transformación, demostrando que cuando se gobierna con honestidad y vocación de servicio, los resultados son tangibles.
Como una vez escuché decir a un político de la Costa Atlántica con inusitada franqueza: "¡Oye, es increíble lo que se puede hacer cuando no se roban la plata!" Así que, felicitaciones, alcalde Turbay. Y, ante todo, muchísimas gracias por devolverle el esplendor a la ciudad que tanto amo.



