La octava ola de la Encuesta Mundial de Valores (EMV) en Bogotá, presentada por la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, la Secretaría General de la Alcaldía Mayor, la Fundación Corona y Bogotá Cómo Vamos, revela profundas diferencias entre los habitantes de la capital colombiana. Los datos, recolectados entre 2024 y 2026, muestran que la percepción de bienestar y los valores varían significativamente según la localidad.
Una ciudad de múltiples realidades
Nathalie Méndez, profesora asociada de la Escuela de Gobierno y coinvestigadora de la EMV, explicó que la encuesta se realiza por "olas" cada cuatro o cinco años, especialmente en momentos coyunturales. El objetivo, según Méndez, es "mantener a Colombia en la vanguardia de la medición de datos sobre el comportamiento humano". Los resultados globales se publicarán en 2027.
La encuesta, que incluyó 300 preguntas sobre familia, trabajo, religión, género, ciencia, ambiente, bienestar, democracia y confianza, capturó la realidad de las 19 localidades segmentando por edad, género y nivel socioeconómico. Alejandra Rueda, subsecretaria de Fortalecimiento Institucional, señaló que estos resultados permiten a la Alcaldía "acercarse más a la población" y "gobernar de manera más acertada".
Modelo Inglehart-Welzel: dos ejes de valores
La encuesta utilizó el modelo Inglehart-Welzel, que divide los valores en dos ejes: Tradicional vs. Racional, que evalúa la importancia de la religión, la autoridad familiar y la obediencia; y Supervivencia vs. Autoexpresión, que mide la prioridad de la seguridad material frente a la autonomía y la tolerancia. "No hay algo que esté mejor que lo otro, simplemente nos permite entender cómo se está comportando cada población", enfatizó Rueda.
Bogotá: secular y orientada a la autoexpresión
Bogotá se distancia del promedio colombiano al ser la región más "secular y orientada a la autoexpresión", asemejándose a ciudades como Ciudad de México o Buenos Aires. Sin embargo, la fragmentación interna es evidente. Por ejemplo, Chapinero lidera el índice de felicidad con un 96 %, mientras que en Ciudad Bolívar la cifra cae al 76 %. Nathalie Méndez explicó que los colombianos tienen una "profunda resiliencia", pero la brecha entre zonas es una señal de alerta sobre cómo llegan los bienes públicos a ciertos lugares.
La religiosidad también varía: en Chapinero solo el 48 % considera la religión importante en su vida, frente al 71 % en San Cristóbal y Ciudad Bolívar. En el eje racional vs. tradicional, localidades como Chapinero, Usaquén, Barrios Unidos, Antonio Nariño y Rafael Uribe Uribe muestran tendencia racional, mientras que Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Puente Aranda y Kennedy son más tradicionales. En el eje supervivencia vs. autoexpresión, la supervivencia predomina en Rafael Uribe Uribe, San Cristóbal, Santa Fe, La Candelaria, Antonio Nariño, Bosa, Ciudad Bolívar y Suba; la autoexpresión es más fuerte en Usaquén, Barrios Unidos, Teusaquillo, Fontibón, Chapinero, Puente Aranda y Kennedy.
Una ciudad feliz, orgullosa y desigual
El secretario de Gobierno, Miguel Silva, destacó las "contradicciones de una ciudad de muchas Bogotás" y el reto de superar las brechas territoriales. A pesar de las desigualdades, el 87 % de los bogotanos se declara "muy feliz" o "bastante feliz", un aumento de dos puntos frente a 2018. El grupo más feliz tiene entre 26 y 35 años, mientras que los menos felices son mayores de 56. Silva reflexionó que "la pandemia, paradójicamente, parece habernos hecho un poco más felices", ya que el sentimiento de ser "muy feliz" subió ocho puntos en seis años.
La paradoja democrática
La encuesta revela que, aunque el 85 % considera la democracia un buen sistema, existe un desconocimiento de sus mecanismos. El 59 % apoyaría a un líder fuerte sin Congreso ni elecciones, y un 18 % apoyaría un gobierno militar. Solo el 48 % de los jóvenes prioriza vivir en democracia, frente al 71 % de los mayores de 56 años. Méndez señaló que hay una "señal de alerta" y que se necesita "comprender mejor qué tipo de sociedad y qué tipo de Bogotá estamos ofreciendo a los jóvenes". Agregó: "Para los jóvenes aún estamos en deuda de crear todo un sistema en el que la democracia no solo sea un discurso, sino también se materialice en derechos y oportunidades".
La capital más abierta, pero no toda
En convivencia, el rechazo a tener vecinos homosexuales cayó del 31 % al 13 %, y la resistencia por personas de diferentes razas pasó del 17 % al 3 %. Sin embargo, el progreso no es uniforme: en Bosa, 3 de cada 10 personas aún rechazan a la población LGBTIQ+. El mayor desafío es la desmovilización: el 35 % de los capitalinos se niega a convivir con excombatientes, cifra que permanece inamovible desde 2018.
La confianza interpersonal sigue siendo baja: solo el 7 % cree que se puede confiar en la mayoría de la gente. Las universidades son la institución más confiable (54 %), superando a la Iglesia (35 %), las Fuerzas Armadas (33 %) y el Congreso (16 %). "Queremos poner esto al servicio de la sociedad, las universidades, las organizaciones sociales, los grupos y centros de investigación, para que se haga un análisis como sociedad", concluyó el secretario General.



