Semana Santa: Un momento para reflexionar sobre el futuro de Santander
Llega la Semana Santa, una pausa necesaria en medio del ruido, las tensiones y la velocidad de la vida contemporánea. Este tiempo tradicionalmente dedicado al recogimiento espiritual también se presenta como una oportunidad invaluable para reflexionar profundamente sobre el rumbo que estamos tomando como sociedad. En el caso específico de Santander, esta reflexión adquiere una urgencia particular, especialmente cuando nos enfrentamos a una pregunta que no podemos seguir aplazando: ¿hacia dónde va realmente nuestro departamento?
La nueva bancada congresional de Santander
Santander cuenta actualmente con una nueva bancada de congresistas compuesta por 7 representantes a la Cámara y 7 senadores. A todos ellos, en primer lugar, hay que felicitarlos genuinamente por haber alcanzado este importante logro político. Llegar al Congreso de la República no es un asunto menor; representa una responsabilidad enorme y un compromiso con la ciudadanía que los eligió. Por esta razón, más allá de las diferencias ideológicas o partidistas que puedan existir, el llamado a estos representantes es claro y contundente: deben trabajar unidos y defender, sin titubeos ni vacilaciones, los intereses fundamentales de Santander.
Conviene recordar aquí lo esencial de las funciones congresionales. Todo congresista tiene tres responsabilidades claramente definidas: legislar, ejercer control político y defender los intereses de su región. La primera función implica la elaboración de buenas leyes que beneficien al país; la segunda requiere vigilar cuidadosamente al poder ejecutivo, especialmente en momentos donde el presidencialismo tiende a desbordarse; y la tercera, quizás la más sentida directamente por los ciudadanos, es trabajar sin descanso por las necesidades específicas del territorio que representan.
La agenda urgente y acumulada de Santander
Y precisamente en ese último punto, Santander enfrenta una agenda enorme, urgente y acumulada que requiere atención inmediata. Necesitamos que se intervenga de manera efectiva y definitiva la vía Bucaramanga–Barbosa, hoy convertida prácticamente en una trocha, avanzando al menos en la implementación de carriles de adelantamiento seguros. Es imperativo retomar con seriedad y compromiso real el proyecto de doble calzada hacia Cúcuta, y destrabar proyectos clave como el encauzamiento del río Magdalena entre Barrancabermeja y Pinillos, determinante para la navegabilidad de esta importante arteria fluvial.
También están pendientes numerosas obras que impactan directamente la calidad de vida de los santandereanos: la PTAR del río de Oro, aún a la espera de financiación adecuada; el Centro de Gestión de Emergencias y Seguridad (CEGES) para el área metropolitana de Bucaramanga; y los CIMVRI en ciudades intermedias, fundamentales en la lucha contra la delincuencia organizada.
No menos importante es el tema del transporte público. Resulta imposible pensar en una Bucaramanga moderna y funcional sin resolver de fondo su sistema de transporte masivo. A esto debemos sumar urgentemente la salud pública, ejecutando la segunda fase del hospital de San Gil y construyendo hospitales de tercer nivel en Barrancabermeja y Barbosa, mejorando la infraestructura vial secundaria y terciaria, y desarrollando proyectos estratégicos como el anillo vial externo metropolitano, que idealmente debería construirse en doble calzada.
El desafío de la articulación regional
La lista de necesidades es ciertamente extensa. Pero el problema fundamental no radica en la falta de ideas o proyectos; reside principalmente en la falta de articulación efectiva entre los diferentes actores. Santander ha sido históricamente grande desde los inicios mismos de la República; sin embargo, el exceso de individualismo que caracteriza nuestra época nos tiene actualmente rezagados frente a otras regiones que sí logran unirse coherentemente para sacar adelante sus prioridades de desarrollo. No podemos seguir siendo simplemente la suma de esfuerzos aislados y descoordinados.
Existe una verdad simple pero poderosa: lo público debe facilitar; lo privado empuja. La berraquera y el tesón los ponen los santandereanos todos los días en sus actividades cotidianas; pero sin una gestión política eficaz y coordinada, el desarrollo regional simplemente no despega. Que esta Semana Santa no sea solo un tiempo de reflexión espiritual individual; que también se convierta en el punto de partida definitivo para ponernos de acuerdo y trabajar unidos por el Santander que merecemos y necesitamos.



