Muerte de Ali Larijani sería un duro golpe para el aparato de seguridad iraní
El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, declaró este martes que Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, ha fallecido, aunque las autoridades iraníes no han confirmado oficialmente esta información. La posible muerte de Larijani representaría una pérdida significativa para el régimen de Teherán, eliminando a una figura que había ganado considerable influencia desde el inicio del conflicto en Oriente Medio.
Perfil de un operador clave en la política iraní
Desde que comenzaron las hostilidades regionales, Larijani había asumido un papel mucho más visible que el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, quien prácticamente ha permanecido ausente de la escena pública tras suceder a su padre. La semana pasada, el jefe de seguridad iraní fue visto caminando entre manifestantes en una concentración progubernamental en Teherán, en lo que se interpretó como un acto de desafío directo hacia Israel y Estados Unidos.
Con 68 años y reconocible por sus características gafas y tono mesurado, Larijani era considerado un pragmático capaz de equilibrar la lealtad ideológica con realismo político. Su trayectoria incluye:
- Doctorado en Filosofía Occidental por la Universidad de Teherán
- Veterano del cuerpo de los Guardianes de la Revolución durante la guerra Irán-Irak
- Director de la radiotelevisión estatal IRIB durante una década (1994-2004)
- Presidente del Parlamento iraní entre 2008 y 2020
- Representante del ayatolá Jamenei en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional desde 1996
Una carrera marcada por la diplomacia nuclear y la represión
En 2025, tras el último conflicto entre Irán y las potencias occidentales, Larijani fue nombrado nuevamente al frente del máximo órgano de seguridad iraní, cargo que ya había ocupado casi dos décadas antes. Desde esta posición, coordinó estrategias de defensa y supervisó la política nuclear del país, además de ganar protagonismo en la arena diplomática con visitas a Omán y Catar mientras Teherán participaba en negociaciones nucleares.
"Larijani es un auténtico conocedor del sistema, un operador astuto que sabe perfectamente cómo funciona", explicó Alí Vaez, director de proyectos para Irán del International Crisis Group, antes del inicio de la guerra en Oriente Medio.
El funcionario iraní apoyó el histórico acuerdo nuclear de 2015 con las potencias mundiales, que colapsó tres años después cuando el presidente estadounidense Donald Trump retiró a Estados Unidos del pacto. En marzo de 2025, Larijani advirtió que la presión externa podría alterar la postura nuclear de Irán: "No nos estamos moviendo hacia las armas nucleares, pero si hacen algo mal en la cuestión nuclear iraní, obligarán a Irán a moverse en esa dirección".
Sin embargo, su legado también incluye aspectos controvertidos. En enero, Larijani fue uno de los funcionarios sancionados por Estados Unidos por haber, según Washington, "reprimido violentamente al pueblo iraní" tras las protestas masivas contra el aumento del costo de la vida. Grupos de derechos humanos documentaron miles de muertes durante la brutal represión de las manifestaciones, aunque Larijani culpó de la violencia a la "injerencia extranjera" de Estados Unidos e Israel.
Orígenes influyentes y limitaciones políticas
Nacido en Nayaf, Irak, en 1957, Larijani provenía de una familia con profundas raíces en el establishment político iraní. Hijo de un destacado clérigo chiita cercano al fundador de la República Islámica, el ayatolá Jomeini, algunos de sus familiares enfrentaron acusaciones de corrupción a lo largo de los años, que siempre negaron.
A pesar de su influencia, su carrera política enfrentó obstáculos significativos. Tras perder las elecciones presidenciales de 2005 frente al populista Mahmud Ahmadineyad, se le impidió presentarse como candidato tanto en 2021 como en 2024. Los observadores consideraron que su regreso al frente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional marcaba un giro que reflejaba su reputación de conservador capaz de combinar compromiso ideológico con pragmatismo.
La posible confirmación de su muerte dejaría un vacío considerable en la estructura de poder iraní, eliminando a uno de los pocos funcionarios con experiencia tanto en asuntos de seguridad como en diplomacia internacional en un momento particularmente delicado para la región.
