El agua como arma de guerra: ataques a plantas desalinizadoras amenazan la estabilidad en Oriente Medio
Ataques a plantas desalinizadoras amenazan estabilidad en Oriente Medio

El agua como nuevo objetivo bélico en Oriente Medio

La región de Oriente Medio enfrenta una escalada bélica que ahora incluye un objetivo inusual pero estratégicamente devastador: las infraestructuras hídricas. Un ataque con drones iraníes dañó una planta desaladora en Baréin el domingo, según confirmaron autoridades locales, en lo que representa un giro peligroso en los conflictos regionales.

La vulnerabilidad del recurso más preciado

Estos ataques a plantas de desalinización, aunque históricamente poco comunes en tiempos de guerra, han irrumpido con fuerza en el panorama bélico de Oriente Medio. "El primero que se atreva a atacar el agua desencadenará una guerra mucho más devastadora que la actual", advirtió a la AFP Esther Crauser-Delbourg, economista especializada en temas hídricos.

La gravedad de la situación se intensificó después de que el presidente estadounidense Donald Trump emitiera un ultimátum el sábado, amenazando con destruir centrales eléctricas iraníes si Teherán no reabría el estratégico estrecho de Ormuz en 48 horas. Irán respondió advirtiendo que atacaría "infraestructuras energéticas, de tecnología de la información y de desalinización de agua" en toda la región.

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Importancia crítica de la desalinización

En una de las regiones más áridas del planeta, donde el acceso al agua es diez veces inferior al promedio global según el Banco Mundial, las plantas desaladoras son vitales:

  • El 42% de la capacidad global de desalinización se concentra en Oriente Medio
  • En Emiratos Árabes Unidos, el 42% del agua potable proviene de estas plantas
  • Arabia Saudita depende en un 70% de agua desalinizada
  • Omán alcanza el 86% y Kuwait el 90% de dependencia

"Allí, sin agua desalinizada, no hay nada", sentenció Crauser-Delbourg, destacando la importancia estratégica para grandes ciudades como Dubái y Riad. Un análisis de la CIA de 2010 ya alertaba que "la perturbación de las instalaciones de desalinización en la mayoría de los países árabes podría tener consecuencias más graves que la pérdida de cualquier otra industria o materia prima".

Precedentes y medidas de protección

Los ataques recientes no son completamente inéditos. En la última década se han registrado agresiones mutuas entre Yemen y Arabia Saudita, así como bombardeos israelíes en Gaza contra infraestructuras hídricas. Sin embargo, antes de 2016, hay que remontarse a la Guerra del Golfo de 1991 para encontrar ataques similares.

Las plantas desalinizadoras enfrentan múltiples amenazas:

  1. Ataques directos con drones o misiles
  2. Cortes de energía que paralizan operaciones
  3. Contaminación del agua de mar por mareas negras

Philippe Bourdeaux, director de la zona África/Oriente Medio de la empresa francesa Veolia, explicó que "en algunos países, las autoridades han colocado baterías de misiles alrededor de las plantas más grandes" como medida defensiva. Además, los operadores disponen de herramientas para mitigar los efectos de posibles contaminaciones.

Consecuencias potencialmente catastróficas

Los expertos advierten sobre escenarios alarmantes si los ataques se intensificaran:

  • Éxodo masivo desde grandes ciudades
  • Racionamiento extremo de agua potable
  • Efectos en cadena sobre turismo, industria y centros de datos
  • Paralización económica regional

Bourdeaux matizó que existen algunas salvaguardas: las plantas suelen estar interconectadas, lo que limita las consecuencias de la parada de una instalación, y cuentan con reservas de dos a siete días de consumo. Sin embargo, si las averías se prolongan demasiado, las consecuencias podrían ser devastadoras para millones de personas.

El ministro emiratí de Relaciones Exteriores, Abdalá bin Zayed al Nahyan, resumió la gravedad del asunto al declarar en X: "El agua es la vida", comprometiéndose a que nadie "pase sed" en su país. Esta nueva dimensión del conflicto regional pone en riesgo no solo la estabilidad política, sino la supervivencia misma de poblaciones enteras en una de las zonas más secas del planeta.

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