Bombardeo en la frontera colombo-ecuatoriana desata denuncias de torturas y destrucción
En la región selvática de Lago Agrio, provincia de Sucumbíos en Ecuador, cerca de la frontera con Colombia, un bombardeo ordenado por el presidente Daniel Noboa como parte de una guerra antinarco respaldada por Estados Unidos ha dejado a su paso escombros y denuncias de graves abusos. Campesinos locales aseguran que sus viviendas fueron reducidas a ruinas y que sufrieron torturas por parte de militares ecuatorianos, en un operativo que ha intensificado la crisis diplomática entre los dos países.
Testimonios de terror y destrucción
José Peña, un campesino colombiano residente en Ecuador, relató a la AFP cómo escuchó el estruendo de helicópteros el 6 de marzo, seguido de una explosión que "sonó durísimo y estremeció todo". Al refugiarse entre la maleza, presenció cómo su finca ganadera quedaba destruida: tres casas con pocas paredes en pie, tejas de zinc calcinadas y animales muertos. Peña y otros habitantes afirman que, tres días antes, militares prendieron fuego a las viviendas para asegurar que estuvieran deshabitadas durante el bombardeo.
El presidente Noboa presentó esta acción como parte de "operaciones conjuntas" con Estados Unidos contra el narcotráfico, publicitando en redes sociales la destrucción de un supuesto campamento de entrenamiento de los Comandos de la Frontera, una guerrilla colombiana. Sin embargo, los campesinos rechazan esta versión oficial. Vicente Garrido, líder comunitario de 54 años, declaró en medio de los escombros malolientes: "Son viviendas de campesinos que vivimos aquí". Debajo de los restos, aún yacen cadáveres de gallinas y perros, con árboles frutales quemados.
Denuncias de torturas y violaciones a derechos humanos
Los abusos no se limitan a la destrucción material. Gilson Vargas, un colombiano de 26 años, narró cómo fue arrestado junto a cuatro trabajadores más, acusados de colaborar con la guerrilla. Denunció que los militares los patearon, les vendaron los ojos y les apuntaron con armas, antes de trasladarlos en helicóptero a una base militar, donde permanecieron horas bajo custodia. La comunidad posee videos que muestran a los detenidos de rodillas frente a los soldados, con el rostro cubierto, y a vecinos siendo disipados con disparos al suelo al intentar reclamar.
La abogada Lina María Espinosa, de la ONG Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos, confirmó en una llamada que sus clientes sufrieron "torturas", incluyendo "ahogamientos en tanques de agua" y electrocuciones. Uno de los afectados mostró heridas en las muñecas, supuestamente causadas por ataduras usadas para inmovilizarlo. Estas denuncias han sido recibidas por la oficina de Derechos Humanos de la ONU, mientras el gobierno y la fiscalía de Ecuador no han respondido a solicitudes de comentario.
Crisis diplomática y antecedentes de tensión
La situación se agravó cuando el presidente colombiano Gustavo Petro informó el lunes del hallazgo de una bomba sin estallar del ejército ecuatoriano en territorio colombiano, de 250 kilogramos, ya destruida por militares. Noboa calificó estas acusaciones como "falsas", pero la tensión recuerda incidentes pasados, como el bombardeo de 2008 ordenado por el entonces presidente colombiano Álvaro Uribe en territorio ecuatoriano, que casi desata un conflicto armado.
En Ecuador, los lugareños afirman que el 3 de marzo vieron una pequeña aeronave lanzando bombas, dejando un cráter gigantesco en una finca cercana. La operación "Exterminio Total" es la punta de lanza de Noboa para combatir a las mafias narcotraficantes que han convertido al país en uno de los más violentos de la región. No obstante, esta cruzada está bajo escrutinio de organizaciones como Human Rights Watch, que señala abusos a los derechos humanos tras el decreto de un "conflicto armado interno" por el gobierno, algo que Quito refuta.
La frontera de 600 kilómetros, donde operan guerrillas vinculadas al narcotráfico, sigue siendo un foco de inestabilidad. Mientras Ecuador integra una alianza militar de 17 países creada este mes por Donald Trump para enfrentar amenazas de seguridad, los campesinos como Vargas lamentan haber quedado "sin nada" y tener que "empezar de cero", en un contexto donde la violencia persiste a pesar de los esfuerzos gubernamentales.



