El Corolario Trump revive la Doctrina Monroe en América Latina con intervencionismo crudo
Con la captura de Nicolás Maduro, se inició un nuevo capítulo en la historia de la intervención de Estados Unidos en América Latina, marcado por la reciente divulgación de la Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno norteamericano. En este documento, se proclama el llamado Corolario Trump a la Doctrina Monroe, afirmando la decisión de mantener la preeminencia en el hemisferio occidental, asegurar el acceso a recursos naturales y oponerse a las ambiciones de rivales en la región.
Orígenes y evolución de la Doctrina Monroe
La Doctrina Monroe se remonta a 1823, cuando el presidente James Monroe advirtió a las monarquías europeas que no intentaran reconquistar sus antiguas colonias en América Latina, reservándose Estados Unidos el derecho de proteger sus intereses en el continente. A lo largo de dos siglos, esta doctrina ha sido invocada para justificar numerosas intervenciones, ocupaciones, apoyos a golpes de estado y participaciones en conflictos en Centro y Suramérica.
Interpretaciones y reinterpretaciones han moldeado su aplicación, como el corolario Roosevelt de 1904, que declaraba el derecho de actuar como policía en el hemisferio, ejemplificado en la separación de Panamá y la creación de una república protegida por cañoneras norteamericanas.
Episodios de cooperación y principios de soberanía
Sin embargo, la Doctrina Monroe también tuvo momentos alejados de propósitos imperiales. La notificación de Monroe a los europeos fue respaldada por líderes como Bolívar, Santander y Rivadavia, quienes vieron en ella una promesa para mantener la independencia y soberanía de sus países. En décadas posteriores, diplomáticos y tratadistas latinoamericanos abogaron por una organización interamericana basada en igualdad y solidaridad.
El historiador Greg Grandin destaca cómo el presidente Wilson, en su propuesta para la Liga de las Naciones en 1919, compartió ideas con abogados y diplomáticos latinoamericanos. Estos principios guiaron políticas como el Buen Vecino del segundo Roosevelt y la creación de la OEA, aunque en 2013, el secretario de Estado de Obama declaró el fin de la era de la Doctrina Monroe.
Invocaciones globales y el regreso del intervencionismo
Grandin también muestra cómo, después de la Gran Guerra, Japón y países europeos invocaron la Doctrina Monroe para justificar políticas colonialistas en China, África y Asia, e incluso Hitler la usó en Mein Kampf para fundamentar anexiones territoriales. Con el Corolario Trump, América Latina percibe nuevamente el significado más crudo y tosco de esta doctrina, reviviendo temores de intervencionismo y dominación.
Este resurgimiento subraya la persistente influencia de Estados Unidos en la región, recordando un legado complejo que mezcla protección con imposición, y dejando a América Latina ante un futuro incierto en sus relaciones hemisféricas.



