La guerra de Ucrania: el conflicto que redefine el liderazgo global de Estados Unidos
Guerra en Ucrania redefine liderazgo global de EE.UU.

La guerra de Ucrania: el conflicto que redefine el liderazgo global de Estados Unidos

El presidente Donald Trump afirma haber puesto fin a ocho conflictos internacionales desde su llegada a la Casa Blanca hace poco más de un año. Sin embargo, más allá de la polémica sobre la exactitud de esa cifra -muchos críticos señalan que exagera, pues no todos eran enfrentamientos armados y otros no están completamente resueltos- existe un conflicto en particular que le ha demandado mayores esfuerzos y que continúa siendo esquivo: la invasión de Rusia a Ucrania.

Curiosamente, Trump aseguró que "a las 24 horas de llegar a la Casa Blanca" terminaría con esta guerra. No obstante, a pesar de mantener una mesa de negociación con las partes involucradas, su resolución aún parece distante. El cuarto aniversario del conflicto, que se cumple este 24 de febrero, coincide con el primer discurso sobre el Estado de la Unión que pronunciará el republicano tras su regreso a la presidencia, donde ante el Congreso resaltará sus logros y establecerá nuevas directrices.

Un conflicto con características únicas

Entre las dificultades que ha enfrentado Trump para finalizar la guerra se destaca que, a diferencia de otros conflictos que dice haber ayudado a resolver -como Israel-Hamás, Camboya-Tailandia, Armenia-Azerbaiyán o India-Pakistán-, el enfrentamiento en Ucrania involucra a dos Estados con capacidad militar convencional significativa, economías resilientes pese a las sanciones y ataques, así como apoyos externos decisivos.

Por esta razón, los diversos paquetes de sanciones o la presión diplomática no han alterado fácilmente el cálculo estratégico de Moscú ni el de Kiev. Rusia acumula desde 2022 uno de los regímenes de sanciones más severos de la historia contemporánea, y aún así ha mantenido su maquinaria de guerra operativa. Ucrania, por su parte, depende del apoyo occidental, pero también ha desarrollado capacidades propias y cuenta con el respaldo político y financiero de Europa.

En este complejo tablero geopolítico, Washington no es un actor unilateral con capacidad para ser determinante por sí solo.

La paradoja de la estrategia de Trump

Desde el comienzo, la estrategia de Trump ha oscilado entre enfoques contradictorios. Por un lado, ha presionado al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, insinuando recortes en la ayuda militar e incluso la posibilidad de dejar a Ucrania "a su suerte". Por otro lado, ha alternado gestos de acercamiento hacia Vladimir Putin con amenazas de nuevas sanciones económicas y comerciales si Moscú no muestra voluntad genuina de negociar.

Mientras la presión recae sobre Kiev para que acepte términos que implican concesiones territoriales difíciles, Ucrania exige garantías de seguridad robustas, de 30 años o más, y rechaza ceder formalmente territorio. Por su parte, Rusia insiste en consolidar el control de lo ya conquistado, especialmente en la región del Donbás, y se opone firmemente a cualquier presencia militar occidental en la etapa posterior al conflicto. El principal escollo sigue siendo, sin duda, la definición del mapa territorial.

Los costos de la fractura con los aliados europeos

Más allá de las diferencias aparentemente ideológicas que Trump mantiene con Europa, sus esfuerzos por resolver la disputa entre Moscú y Kiev han dejado gravemente herida la relación con el Viejo Continente y la arquitectura de seguridad establecida tras la Segunda Guerra Mundial.

Para buena parte de Europa, la guerra en Ucrania no es un conflicto lejano sino una cuestión existencial que afecta directamente su seguridad. El informe más reciente de la Conferencia de Seguridad de Múnich advierte que esa arquitectura de seguridad está siendo derrumbada sistemáticamente y que Washington ha dejado de ser y actuar como el "líder del mundo libre".

Aunque la Casa Blanca rechaza categóricamente esa caracterización, en Europa crece la percepción de que Estados Unidos se está convirtiendo en un socio cada vez menos predecible y confiable. Como señala Jacob Funk Kirkegaard, del Peterson Institute for International Economics, el debilitamiento del compromiso estadounidense con la OTAN ha llevado a varios países europeos a iniciar procesos de rearme, aunque sin una verdadera integración defensiva común.

Subconjuntos de países, más que la Unión Europea como institución, están liderando este rearme, lo que podría relegar a Bruselas a un papel más financiero que estratégico en materia de defensa. En otras palabras, Europa se prepara activamente para un escenario futuro sin el paraguas de protección estadounidense que ha caracterizado las últimas siete décadas.

¿Abandonará Trump a Ucrania?

Al aportar aproximadamente dos tercios del presupuesto militar de la OTAN, formalmente, la ayuda que la alianza entrega a Ucrania depende de decisiones políticas tomadas en Washington. Ningún tratado obliga a Estados Unidos a sostener este apoyo indefinidamente. Sin embargo, un retiro abrupto tendría costos geopolíticos considerables, afectaría severamente la credibilidad estadounidense ante aliados en Asia y Medio Oriente, y enviaría la peligrosa señal de que la presión militar puede alterar fronteras por la fuerza sin consecuencias duraderas.

Como advierte la exsubsecretaria de Defensa para Europa y la OTAN, Celeste Wallander, la fortaleza de la disuasión occidental depende menos de las declaraciones retóricas que de la constancia demostrada en el apoyo material y político. Es decir, cualquier vacilación prolongada sería interpretada en Moscú y en otras capitales globales como una señal clara de fatiga estratégica por parte de Occidente.

Con este complejo andamiaje geopolítico en curso, Ucrania podría convertirse en el conflicto que termine por redefinir definitivamente el liderazgo estadounidense en el escenario mundial. No necesariamente porque Washington haya perdido poder material o económico, sino porque su rol histórico como garante principal de un orden internacional basado en alianzas estables y reglas compartidas está siendo cuestionado como pocas veces desde 1945.

Todo dependerá fundamentalmente del tipo de mundo que emerja tras la eventual resolución de este conflicto. Si resulta ser un orden más transaccional, donde primen los acuerdos coyunturales sobre los compromisos de largo plazo, la invasión rusa a Ucrania habrá marcado un punto de inflexión histórico y, quizá, termine definiendo el lugar que ocupará Estados Unidos en el complejo tablero geopolítico del siglo XXI.