La ONU a los 80 años: ¿Una organización paralizada en medio de las grandes crisis mundiales?
Cada vez que el mundo necesita verdaderamente a las Naciones Unidas, la organización parece estar ausente o, si está presente, resulta incapaz de actuar. Ochenta años después de su fundación, creada para evitar nuevas guerras, es crucial preguntarse: ¿en qué se han convertido las Naciones Unidas? Aunque existen propuestas de reforma sobre la mesa, lo que falta es la voluntad política para implementarlas.
Ausente en las grandes crisis del presente
Cuando las tropas rusas invadieron Ucrania en febrero de 2022, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió en Nueva York. Condenó, debatió, pero no tomó decisiones efectivas. De manera similar, durante los meses de bombardeos israelíes en Gaza, que causaron decenas de miles de muertes civiles antes de que se aprobara una resolución de cese al fuego, el Consejo volvió a sesionar, debatió y permaneció paralizado. En Sudán, desde 2023, se desarrolla una de las peores catástrofes humanitarias del mundo, con cientos de miles de muertos y millones de desplazados, a lo que la comunidad internacional respondió con un silencio apenas interrumpido por declaraciones de consternación.
Incluso en escenarios futuros hipotéticos, como un ataque de Israel y Estados Unidos contra Irán en 2026, el Consejo de Seguridad aprobaría resoluciones que a menudo se dirigen contra los contraataques, no contra las violaciones iniciales del derecho internacional. Esto revela más sobre el estado de la organización que cualquier estadística.
¿Un monstruo burocrático o víctima de las circunstancias?
Desde Washington, figuras como Donald Trump han criticado a la ONU como una maquinaria administrativa inflada e ineficiente, que consume recursos sin entregar resultados. Aunque esta visión es populista, no carece de base: el secretario general António Guterres ha reconocido que el sistema celebra alrededor de 27.000 reuniones anuales en 240 órganos, con informes poco consultados y una estructura de 140 unidades distintas. Sin embargo, reducir la crisis a su tamaño administrativo es ignorar sus causas reales.
La crisis endógena: defectos de origen y parálisis constitucional
Las Naciones Unidas padecen un problema de diseño constitucional desde su fundación en 1945. En el Consejo de Seguridad, cinco potencias tienen derecho de veto: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido, reflejando la correlación de fuerzas de la posguerra, no la de hoy. Richard Haass, analista del Council on Foreign Relations, señala que la ONU nunca fue concebida para actuar contra una gran potencia, lo que explica su parálisis en desacuerdos.
En 2024, los miembros permanentes ejercieron ocho vetos, la cifra más alta desde 1986, y en 2025, el Consejo adoptó solo 44 resoluciones, el número más bajo desde 1991. En Gaza, Estados Unidos bloqueó cuatro propuestas de cese al fuego antes de aprobar una resolución, mientras que en Ucrania, Rusia veta mecanismos que podrían frenar su propia agresión. Además, la representación es desigual: India, el país más poblado, y continentes como África y Latinoamérica carecen de escaños permanentes.
La crisis exógena: el desmoronamiento del orden mundial
La causa más profunda de la crisis de la ONU está fuera de la organización: la disolución del consenso entre grandes potencias del que dependía. Herfried Münkler, politólogo alemán, describe un mundo en transición de un orden unipolar a uno multipolar, donde la política de poder clásica resurge y los marcos normativos se erosionan. Estados Unidos, otrora policía del mundo, se retira, y la ONU se bloquea a sí misma.
Rusia y China emplean una doble estrategia: invocan la Carta de la ONU mientras instrumentalizan o paralizan la institución. En 2025, Putin y Xi se comprometieron a una reforma que democratice el Consejo, pero sus acciones contradicen esta retórica. China posiciona los BRICS como contrapeso al G7, mientras bloquea reformas que recortarían su poder.
La crisis financiera como síntoma de voluntad política menguante
En la primavera de 2025, Estados Unidos adeudaba alrededor de 1.500 millones de dólares en contribuciones obligatorias, y China casi 600 millones. Esta crisis no es solo presupuestaria, sino de voluntad política: los estados no cumplen sus obligaciones porque ya no lo consideran necesario. UNICEF, la OMS y el ACNUR enfrentan recortes severos, afectando funciones esenciales.
Propuestas de reforma: ¿qué sería posible?
El debate de reforma abre tres caminos:
- Propuesta radical: Transformar el Consejo de Seguridad en un órgano sin miembros permanentes ni vetos, con 25 escaños renovables. Es políticamente casi inviable, pero define un horizonte conceptual.
- Vía intermedia: Añadir cuatro nuevos miembros permanentes de África, Asia y América Latina, sin veto inicial, con revisión automática de la Carta cada 24 años. África exige once escaños adicionales y vetos plenos, rechazando una membresía de segunda clase.
- Propuesta pragmática: Francia y México proponen un compromiso voluntario de los P5 para no ejercer el veto en casos de crímenes masivos y genocidio. Modesto, pero posiblemente el máximo alcanzable.
Externamente, analistas como Haass sugieren coaliciones ad hoc de estados dispuestos a actuar donde la ONU falla, basadas en la noción de obligación soberana.
¿Qué queda, qué viene?
La ONU no está muerta, pero opera en un interregno peligroso entre un orden mundial que la sostenía y uno nuevo sin lugar definido. Sigue cumpliendo funciones indispensables como agencia humanitaria y productora de normas, pero está lejos de la visión de sus fundadores. La pregunta ya no es si el orden liberal puede salvarse, sino si el emergente orden multipolar será orden o anarquía. La ONU debe fortalecer lo que controla—mantenimiento de la paz, ayuda humanitaria—y evitar autobloqueos y subfinanciación.
En los escombros de Gaza, las fosas de Sudán, los cráteres de Ucrania y un Irán hipotético en llamas, yace la respuesta: la ONU no ha desaparecido, pero donde más se la necesita, no puede ser políticamente eficaz. Ese es el veredicto tras ochenta años. ¡Ojalá sea provisional!



