El poder oculto de GAESA en Cuba y la sombra de la sucesión castrista
Poder de GAESA en Cuba y la sombra de la sucesión castrista

El dominio económico de GAESA y la figura de Raúl Guillermo Rodríguez Castro

La prueba más contundente del inmenso poder acumulado por GAESA, el consorcio empresarial militar que maneja sin ningún tipo de control una porción grotesca del Producto Interno Bruto (PIB) de Cuba, se materializa en la figura de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido bajo el alias de Cangrejo. Este personaje, nieto y guardaespaldas personal de Raúl Castro, ha logrado transformar esta estructura en un auténtico feudo familiar, destacándose como un oligarca en una sociedad que públicamente pregona la igualdad pero sufre una miseria generalizada.

Conversaciones secretas y vínculos internacionales

Recientemente, se revelaron conversaciones secretas entre este delfín de la dictadura y el senador estadounidense Marco Rubio, quien, según informes del Miami Herald, estaría en la búsqueda de "la versión cubana de Delcy Rodríguez" para una eventual transición política. Mientras tanto, el presidente Miguel Díaz-Canel ha sido desvinculado del poder real, el cual permanece estrictamente en manos de la familia Castro y los militares.

Desde hace varios años, Rodríguez Castro, un posible legatario aunque inexperto, realiza frecuentes viajes en jet privado hacia Panamá, donde se encuentra la sede de CIMEX, la principal empresa fachada de GAESA. Más que un simple Cangrejo, se le describe como un verdadero pulpo con "tentáculos en todo lo que tenga que ver con dinero".

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Intrigas políticas y la caída de los príncipes civiles

La eventual conversión de este insólito protagonista en el hombre fuerte del régimen, algo así como un Vito Corleone III, se ha vuelto incierta en el último mes. Anteriormente, se observaron episodios intrigantes con un constante tire y afloje entre una apertura del régimen al mundo, gotas de democracia y una tímida autorización de mercados, seguidos de un súbito apretón para que la estirpe hereditaria y sus militares incondicionales retomaran el mando absoluto.

El papel de Conrado Hernández y las grabaciones secretas

Una figura clave en estos capítulos, que recuerda a un personaje de Ian Fleming aunque de manera mediocre, es Conrado Hernández, un empresario español que representaba en la isla a la Sociedad para la Promoción y Reconversión Industrial del País Vasco (SPRI) y colaboraba con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) de España. Su finca en Arcos de Canasí, a 60 kilómetros de La Habana, ofrecía piscina, jardines y un aislamiento total, convirtiéndose en un privilegiado sitio de reunión para fines de semana con "fiestas privadas y whisky importado".

Entre los asiduos visitantes se encontraban Carlos Lage (nacido en 1951) y Felipe Pérez Roque (nacido en 1965), la cúspide de la nomenclatura civil cubana. A diferencia de los guerrilleros barbudos de la Sierra Maestra, Lage, un pediatra con sólida formación económica, encabezó la tecnocracia que, tras el colapso de la URSS, impulsó la legalización del dólar, la apertura al turismo y los mercados libres campesinos. Fue él quien negoció con Hugo Chávez el intercambio de petróleo por brigadas médicas.

Por su parte, Pérez Roque, más joven y tan cercano al castrismo que Fidel Castro lo llamaba "mi hijo", sirvió como su secretario personal en los años noventa, acompañándolo en viajes y reuniones mientras registraba todo minuciosamente. Como canciller a los 34 años, era conocido como el Pitt Bull del Comandante, descrito como "combativo, incisivo, férreo defensor del anti imperialismo". Ambos eran considerados sucesores naturales, los príncipes formados para relevar a la generación histórica.

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La traición y el golpe de gracia de Raúl Castro

Al no ser militares profesionales formados en academias con cursos de inteligencia y contraespionaje, sino cuadros civiles, técnicos y leales al líder, los huéspedes de Conrado Hernández nunca sospecharon que la finca estaba infestada de micrófonos colocados por el G2, la inteligencia cubana. Durante años, confidencias políticas, charlas imprudentes e incluso burlas hacia los líderes quedaron grabadas. En las cintas, se referían a Fidel Castro como "viejo acabado" e ironizaban sus eternos discursos, describían a Raúl Castro como incapaz de gobernar y ridiculizaban a los históricos como "dinosaurios". Además, especulaban sobre la era post Castro, hablaban de apertura económica, aproximaciones a Europa e incluso negociaciones con Estados Unidos, todo frente a un agente del CNI.

En julio de 2006, cuando Fidel Castro cayó gravemente enfermo, Raúl Castro asumió provisionalmente el poder y recibió del G2 decenas de cintas. Casi tres años después, utilizó esta información para dar el golpe de gracia a los traidores, arrestar a Conrado Hernández por espionaje y retomar las riendas del gobierno para el ala militar y represiva del Estado. Esto garantizó que GAESA, manejada durante años por su yerno, siguiera controlada por la estirpe familiar. A los conspiradores no los fusilaron ni expulsaron, sino que los degradaron a tareas inocuas.

Reflexiones sobre el futuro y el contraste con Colombia

Sería irónico que Cuba terminara gobernada por un joven emprendedor millonario, heredero de la mayor fortuna del país, algo así como un Santodomingo Junior pero con menos diplomas. Mientras tanto, en Colombia, un aspirante a la presidencia experto en derechos humanos continúa admirando al Comandante Castro y evita calificar de dictatorial un régimen cuyos militares le han robado al pueblo sus derechos, sus medios de subsistencia y su esperanza.

La causa de la miseria cubana ha dejado de ser atribuida exclusivamente al embargo estadounidense, al menos desde que Raúl Castro se atornilló al poder. Durante años, GAESA ha funcionado como el complemento castrense y represivo de una economía comunista hecha escombros. Por esta razón, quienes han sufrido ese vil saqueo ahora están dispuestos a soportar una dictadura neoliberal delcyificada, o incluso un protectorado estadounidense, con tal de librarse de esa escoria que apenas califica para roles secundarios en una mala serie policíaca de ficción.