Trump plantea 'toma de control amistosa' de Cuba en medio de extrema fragilidad económica
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que su administración estudia una "toma de control amistosa" de Cuba, en un momento de extrema fragilidad económica para el gobierno de la isla caribeña. Desde las afueras de la Casa Blanca, el mandatario aseguró a la prensa que La Habana ha iniciado contactos con Washington debido a la grave falta de recursos y divisas que enfrenta el país.
Contexto de máxima presión económica
"No tienen dinero, no tienen nada en este momento, pero están hablando con nosotros y quizá veamos una toma de control amistosa de Cuba", declaró Trump antes de partir hacia Texas, sugiriendo una salida negociada a la crisis que asfixia a la nación caribeña. Este acercamiento ocurre bajo una estrategia de máxima presión que ha sumido a la economía cubana en una espiral crítica.
El gobierno de Trump ha cortado los suministros de combustible tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela y la imposición de sanciones a México, los principales proveedores de crudo de la isla. Sin embargo, el miércoles anunció la autorización de venta de combustible bajo ciertas condiciones específicas.
Preocupación por crisis migratoria y estabilidad regional
Según The New York Times, Washington parece buscar un acuerdo que evite un colapso caótico o una crisis migratoria masiva en las costas de Florida, similar a las vividas en las décadas de los 80 y 90. Esta postura representa un cambio significativo respecto a la retórica de cambio de régimen inmediato de años anteriores.
La administración Trump parece estar evaluando una transición más controlada. Según fuentes consultadas por el periódico estadounidense, el secretario de Estado Marco Rubio ha mantenido conversaciones sobre un posible acuerdo con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y figura clave en la seguridad del Estado cubano.
Incidente armado y tensión diplomática
Pero la apertura de este posible diálogo se da en un contexto de alta volatilidad tras un enfrentamiento armado ocurrido el pasado miércoles. Guardacostas cubanos interceptaron una lancha de matrícula estadounidense, dejando un saldo de cuatro muertos y seis heridos.
El presidente Miguel Díaz-Canel calificó el incidente como un intento de "infiltración con fines terroristas" y advirtió que el país no cederá ante presiones externas. "Cuba se defenderá con determinación y firmeza frente a cualquier agresión terrorista y mercenaria que pretenda afectar su soberanía y estabilidad nacional", escribió el mandatario cubano en su cuenta de X.
Posiciones encontradas y negociaciones en curso
Por su parte, el canciller Bruno Rodríguez denunció que estas acciones son parte de una serie de agresiones procedentes de territorio estadounidense que la isla enfrenta desde 1959. Las autoridades cubanas informaron que dos de los heridos en el incidente están vinculados a investigaciones penales por terrorismo.
Mientras tanto, el secretario de Estado Marco Rubio confirmó que Estados Unidos investiga el tiroteo para "responder en consecuencia". Rubio señaló tras una reunión con líderes caribeños: "Cuba tiene que cambiar, pero no tiene que cambiar de golpe. No tiene que cambiar de un día para otro. Aquí todo el mundo es maduro y realista".
Objetivo: reformas económicas sin vacío de poder
El objetivo de las conversaciones sería fomentar reformas económicas drásticas que abran espacio a la libertad económica sin desencadenar un vacío de poder repentino. Esta postura, descrita por analistas como una versión del enfoque aplicado en Venezuela, prioriza la estabilidad sobre la transformación política instantánea.
Sin embargo, desde La Habana, Díaz-Canel ha reiterado al diario Granma que, aunque está abierto al diálogo "sin precondicionamientos", "Cuba no se pone de rodillas". La situación representa un delicado equilibrio entre la presión económica extrema y la búsqueda de una transición negociada que evite mayores convulsiones en la región.



