Ucrania: Cuatro Años de Guerra que Redefinen el Poder Global y la Tecnología Militar
Stephany Echavarría, Editora Internacional, 23 de febrero de 2026, 08:33 P.M.
"Mis padres se quedaron bajo la ocupación. Mi padre murió en 2024 y no pude volver para enterrarlo. Le envío mensajes de video a mi madre, me duele no poder estar allí", relata Liubov Kuzmenko, un ucraniano de 65 años que huyó de su natal Siverskodonetsk y ahora vive en un refugio para desplazados en Dnipro, tras cuatro años de la invasión rusa iniciada el 24 de febrero de 2022. Kuzmenko cuenta que su apartamento fue saqueado después de que las fuerzas rusas tomaron el control de la ciudad, pero lo que más le pesa es la separación de su familia.
Considerado el conflicto más mortífero de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, con cerca de 2 millones de fallecidos, la guerra en Ucrania ha dejado una huella devastadora y un cúmulo de interrogantes estratégicos, incluyendo aproximadamente 10 millones de desplazados y el mayor reordenamiento de la seguridad europea desde el fin de la Guerra Fría.
Un Laboratorio Estratégico en Tiempo Real
Más allá de los números, Ucrania se ha convertido en un laboratorio estratégico. El Center for Strategic and International Studies (CSIS) describe una guerra de desgaste prolongada que ha obligado a ambas partes a adaptar doctrinas, logística y tecnología a una escala no vista en Europa en décadas. El carácter "grinding" —de desgaste constante— no solo remite a la magnitud de las pérdidas, sino a la transformación táctica en curso.
Para el experto en seguridad internacional, Oscar Palma, la invasión rusa "expone las tensiones estructurales del orden mundial" y evidencia que las grandes potencias siguen determinando las reglas efectivas del juego. "En este contexto, el multilateralismo no es más que una expresión de los juegos de poder de las potencias donde los más débiles básicamente tienen que seguirles el juego", señala.
Drones y Redes Sociales: Nuevos Campos de Batalla
El rasgo más innovador del conflicto no está solo en la diplomacia fallida, sino en el terreno. Ucrania ha sido el escenario de una masificación sin precedentes de drones comerciales y militares, utilizados tanto para reconocimiento como para ataques de precisión a bajo costo. Riley McCabe, investigador asociado del CSIS, señala que esta combinación de tecnología accesible, inteligencia en tiempo real y artillería tradicional ha redefinido el equilibrio entre ofensiva y defensiva.
Según la doctora Christine Sixta Rinehart, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de Carolina del Sur, "los drones pasaron de ser un recurso caro y preciado a un elemento barato e incluso desechable en medio de masivos ataques que sobrecargan los sistemas de defensa". La doctora Rinehart destacó cómo el mayor potencial de los drones es a la vez su principal debilidad, con innovaciones rápidas que dejan obsoletos los modelos anteriores.
A ello se suma la dimensión híbrida. Como explica el profesor Palma, la guerra combina enfrentamientos convencionales —tanques, trincheras, artillería pesada— con tácticas irregulares, sabotaje, ciberataques y campañas de desinformación. Magdalena Karalis, experta en redes sociales de Georgetown, destaca cómo las plataformas digitales se han convertido en un campo de batalla paralelo, moldeando percepciones y sosteniendo la moral interna.
Límites del Sistema Internacional y Desafíos Humanitarios
Con el regreso al poder de Donald Trump, el foco de atención sobre la guerra se ha mudado a las negociaciones, aunque la sostenibilidad del respaldo occidental a Kiev será crucial para el desenlace. McCabe señala que "la discusión en Washington sobre eventuales negociaciones —y el costo político de prolongar la guerra— añade incertidumbre estratégica".
En el terreno humanitario, la situación es crítica. Rusia comenzó este año con una campaña de ataques a la energía ucraniana que ha dejado a millones de personas sin luz, agua y calefacción, con temperaturas de hasta 20 grados bajo cero. El año pasado, el 72% de la población experimentó dolencias en su salud mental, como ansiedad y depresión, y el 84% de los hogares declararon no tener acceso a las medicinas necesarias.
"Lastimosamente, aunque termine la guerra, muchas de estas afectaciones van a incrementar por el estrés crónico y prolongado que enfrentan las personas. Estamos frente a una generación que podría arrastrar secuelas psicológicas durante décadas", comenta Jorge Castro Armijo, coordinador del centro de salud mental en Vinnytsia de Médicos Sin Fronteras.
¿Laboratorio de las Guerras del Futuro?
¿Es entonces Ucrania el laboratorio de las guerras del futuro? La respuesta exige cautela, pero hay señales contundentes: la centralidad de los drones y la inteligencia artificial, la integración de operaciones cibernéticas y psicológicas, y la erosión práctica de normas internacionales cuando chocan con intereses vitales. Ejércitos de Asia, Oriente Medio y América Latina analizan el desempeño de sistemas antiaéreos, la eficacia de la guerra electrónica y el impacto de las sanciones económicas.
Cuatro años después, la guerra en Ucrania no solo redefine fronteras físicas en Europa, sino que también está redibujando fronteras conceptuales: las que separaban lo militar de lo digital, lo convencional de lo irregular, la diplomacia del espectáculo mediático. Si el orden internacional posterior a 1945 fue concebido para evitar guerras de conquista en el continente europeo, Ucrania ha demostrado que ese diseño enfrenta tensiones profundas.
Sea una transformación duradera o una crisis pasajera, el conflicto ya ha dejado una lección inequívoca: las guerras del siglo XXI no se libran únicamente en trincheras o despachos diplomáticos. Se combaten en el aire con drones baratos, en servidores informáticos y en pantallas de celular. Y el mundo entero parece estar tomando nota.