Visita de Trump a Xi: oportunidad para un Indo-Pacífico libre
Visita de Trump a Xi: oportunidad para Indo-Pacífico libre

Esta semana, el miércoles 13 de mayo, el presidente estadounidense Donald Trump visitará a Xi Jinping en China, en la primera reunión presencial entre los primeros mandatarios de Washington y Pekín desde 2017. Desde ambos bandos, los objetivos son distintos.

Objetivos de Washington y Pekín

Por parte de Washington, según James Palmer en Foreign Policy, Trump buscará el anuncio de algún acuerdo comercial o de inversión similar al acuerdo Fase 1 del 2020, cuando Pekín se comprometió a comprar 200 mil millones de dólares en bienes estadounidenses — aunque no cumplió la meta por el Covid-19. Por su parte, el gobierno de Xi — aunque aspira a medidas que alivien los aranceles sobre productos chinos — perseguirá principalmente dos objetivos.

Primero, que la guerra en Irán llegue a su fin, dadas las presiones que esto ha causado sobre su economía y la de sus aliados en el Golfo. Segundo, y aún más importante, que en el mediano plazo Trump persuada a la primera ministra Sanae Takaichi de moderar su posición frente a un eventual ataque a Taiwán, luego de que declarara que cualquier agresión sobre esa isla constituirá razón suficiente para una intervención militar japonesa.

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Taiwán, el punto de mayor tensión

Este último punto —el de Taiwán— será el mayor punto de tensión entre Washington y Pekín. Y aunque Trump podría intentar presionar a Takaichi, la primera ministra ya ha demostrado habilidad para recibir las presiones del mandatario estadounidense sin comprometer sus posiciones de política exterior. Es importante tener en cuenta, además, que en Asia-Pacífico las tensiones limítrofes y el papel de China en la región siguen escalando.

El aumento de las percepciones de amenaza está impulsando una creciente militarización. El ascenso chino, acompañado de una asertividad renovada, se ha convertido en factor determinante de esa dinámica. La cadencia y agresividad de las acciones militares de China en torno a Taiwán —cerca o dentro de su espacio territorial— no han disminuido; al contrario, son cada vez más frecuentes y de mayor envergadura, sistemáticamente diseñadas para tensar los límites de lo que se considera seguro. Ni siquiera la crisis en Medio Oriente ha frenado estas acciones.

Ejercicios militares chinos

En diciembre de 2025, Pekín realizó los mayores ejercicios militares a la fecha en las proximidades de Taipéi, en lo que, según Huong Le Thu para Foreign Policy, parecía más un ensayo de invasión que una maniobra de rutina. En enero de este año, un dron de vigilancia del Ejército Popular de Liberación ingresó al espacio aéreo de las islas Pratas, controladas por Taiwán —la primera violación confirmada en décadas y una prueba deliberada de una línea roja que el propio Taipéi había fijado en 2022, cuando el entonces ministro de Defensa Chiu Kuo-cheng declaró que semejante incursión constituiría un ‘primer golpe’. Taiwán emitió una advertencia radial y el dron abandonó su espacio aéreo cuatro minutos después. Pero Pekín ya había enviado el mensaje.

Las tensiones en el Mar del Sur de China entre Pekín y Manila siguen igualmente en alza. Tras una serie de incidentes en los que embarcaciones de ambos bandos resultaron dañadas y al menos un marinero filipino sufrió heridas graves, en marzo se registraron dos nuevos encuentros de alta peligrosidad: uno cerca del arrecife Sabina y un casi-choque entre naves chinas y filipinas cerca de la isla Thitu, que Manila atribuyó a maniobras chinas en violación flagrante de las normas internacionales para encuentros marítimos seguros.

A esto se suma que China instaló una barrera flotante de 350 metros a través de la entrada del arrecife Scarborough —dentro de la zona económica exclusiva de Filipinas— bloqueando el acceso de pescadores filipinos a esas aguas. Las autoridades japonesas, por su parte, han denunciado la construcción de una nueva estructura china no identificada en una zona disputada del Mar de China Oriental, agravando las tensiones entre Pekín y Tokio que se han intensificado desde la llegada de Takaichi — quien aseguró que una invasión china de Taiwán constituiría una amenaza fundamental a la seguridad de Japón en un grado suficiente para justificar la intervención militar.

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El papel de Estados Unidos en la región

En este contexto de volatilidad creciente, los países del Indo-Pacífico están acelerando la modernización de sus capacidades militares, los presupuestos de defensa aumentan y las doctrinas se reescriben. Esto hace que el papel de Estados Unidos —no solo en esta reunión con Xi, sino en su posicionamiento general en la región— sea cada vez más determinante. Más equipamiento militar operando a mayor cadencia en aguas y cielos congestionados multiplica la probabilidad de accidentes y de malinterpretación de intenciones, con consecuencias potencialmente impredecibles.

Esta visita representa, en ese sentido, una oportunidad para que Washington sea visto como un actor capaz de garantizar el respeto a un Indo-Pacífico libre y abierto, sin presiones que desafíen el derecho internacional ni imposiciones basadas en la fuerza. De lo contrario, la estabilidad de Asia-Pacífico dependerá únicamente de que no ocurran accidentes que puedan escalar — y de una lectura siempre pragmática, y siempre incierta, de las intenciones de cada actor.