Amansaguapos: renacimiento de una cultura anfibia tras décadas de despojo
Durante más de cuatro décadas, Luis Madera ha navegado las aguas y cultivado las tierras de la ciénaga de Amansaguapos, un extenso complejo cenagoso que une los departamentos de Sucre y Córdoba. Su nombre, que significa "personas valientes amansadas por condiciones extremas", describe perfectamente a las comunidades Zenú y campesinas que han resistido ciclos implacables de lluvia y sequía.
Una existencia entre agua y tierra
"La ciénaga significa todo, es nuestra vida", afirma Madera con la autoridad de quien ha dedicado su existencia a comprender los ritmos de este ecosistema único. Para él y las aproximadamente 450 familias agropescadoras de la región, Amansaguapos representa mucho más que un cuerpo de agua: es el sustento diario que provee bagres, mojarras y otras especies durante las épocas de creciente, y se transforma en fértiles playones para cultivos de subsistencia cuando las aguas retroceden.
Este complejo cenagoso, que abarca cerca de 4.700 hectáreas, ha sido históricamente el corazón de una cultura anfibia que ha desarrollado habilidades extraordinarias para leer la naturaleza y adaptarse a sus ciclos. Sin embargo, durante décadas, estas tierras públicas fueron objeto de una sistemática apropiación ilegal.
El despojo que cambió todo
Según documentación de la Agencia Nacional de Tierras (ANT), extensas áreas de baldíos nacionales fueron cercadas y privatizadas por finqueros y grandes ganaderos, restringiendo drásticamente el acceso al agua, la pesca, el pastoreo y la agricultura de subsistencia que habían sostenido a estas comunidades por generaciones.
"Cuando estos terrenos se privatizaron hubo una gran dificultad", recuerda Madera con visible emoción. "No podíamos salir cuando queríamos, y para sembrar teníamos que pedir permiso. A veces nos daban un pedazo de tierra arrendado, ellos hacían lo que querían".
La situación llegó a extremos preocupantes cuando, en 2010, una resolución del entonces Incoder llegó a "desaparecer" oficialmente tres cuerpos de agua -Amansaguapo, Caño Viloria y El Dividivi- de los registros oficiales, favoreciendo intereses privados. Esta decisión irregular derivó en la captura de nueve funcionarios por falsedad en documento público y apropiación indebida de bienes de la Nación.
Violencia y resistencia comunitaria
El conflicto por la tierra en Amansaguapos ha estado marcado por episodios trágicos de violencia. En 2020, la masacre de la finca Los Caracoles dejó cinco personas asesinadas y provocó el desplazamiento forzado de numerosas familias campesinas, evidenciando la crudeza de la disputa territorial.
Jorge Vergara, representante de la comunidad La Gloria, describe con tristeza la transformación que vivió la ciénaga: "Cuando conocí la ciénaga era un reservorio de aves silvestres y el lugar donde podíamos encontrar peces. Vivíamos de ella. Pero años después, se vino una lucha jurídica que casi perdemos".
Un nuevo camino con la Agencia Nacional de Tierras
Actualmente, bajo el liderazgo de Juan Felipe Harman, la ANT adelanta un ambicioso proceso de deslinde en el Complejo Cenagoso de Amansaguapos. Este esfuerzo técnico y participativo busca delimitar claramente los baldíos, recuperar bienes de uso público y reconocer derechos históricos de las comunidades.
En una comisión realizada hace menos de un año, más de 30 profesionales -incluyendo topógrafos, ingenieros catastrales y trabajadores sociales- inspeccionaron 42 predios en un área aproximada de 7.841 hectáreas, reconstruyendo cartografía desaparecida, identificando linderos y analizando usos del suelo.
Carlos Arturo Valerio, capitán indígena del cabildo Arawak, valora positivamente esta intervención: "Con la Agencia Nacional de Tierras encontramos un nuevo camino. Ellos llegaron a trabajar a favor del campesinado". Y agrega con firmeza: "Estos territorios de la ciénaga, al ser baldíos de la nación, no pueden ser de ningún privado, ni ser vendidos. Su uso está destinado para el bien de la comunidad y para conservación de este cuerpo hídrico".
Hacia un futuro de soberanía alimentaria
El proceso agrario que adelanta el gobierno del presidente Gustavo Petro a través de la ANT representa una oportunidad histórica para revertir décadas de ocupación irregular. El objetivo central es garantizar el acceso de las familias campesinas y pescadoras a recursos esenciales como el agua y los playones comunales, fortaleciendo sus formas de organización y producción.
Para Luis Madera, este cambio ya se siente en la vida diaria: "Esto ha significado libertad para nosotros. Estamos más tranquilos y viviendo mejor". Su testimonio refleja la esperanza renovada de comunidades que, tras años de lucha, ven posible la continuidad de una forma de vida profundamente ligada a los ciclos naturales del agua y la tierra.
El caso de Amansaguapos demuestra que, cuando el Estado actúa con determinación y en diálogo con las comunidades, es posible transformar conflictos territoriales históricos en oportunidades para la justicia social, la conservación ambiental y el fortalecimiento de economías locales sostenibles.



