Aracataca: entre la ficción de Macondo y la cruda realidad del conflicto armado
"Aracataca sigue siendo una aldea polvorienta, llena de silencio y de muertos", escribió Gabriel García Márquez en marzo de 1995. Tres décadas después, esa descripción mantiene una vigencia escalofriante en el municipio magdalenense que vio nacer al Nobel colombiano. Durante febrero de 2026, este territorio se convirtió en campo de batalla entre ejércitos ilegales que disputan a sangre y fuego las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta.
La guerra que no cesa
Desde el 18 de febrero, habitantes de veredas como El Salto, Fuente Alta, Fuente Baja, Cerro Azul, Las Margaritas y El Chimborazo comenzaron a publicar en redes sociales videos de intensos combates. Las ráfagas de fusiles obligaron a decenas de familias a refugiarse en sus viviendas o huir en busca de protección estatal. En los caminos que inspiraron la literatura garciamarquiana yacían esta semana una decena de cadáveres sin que ninguna autoridad apareciera para reclamarlos.
La Plataforma de Defensores de Derechos Humanos de la Sierra Nevada confirmó al menos 55 familias desplazadas, aproximadamente 275 personas, con un censo de civiles confinados aún por realizarse. Una joven embarazada perdió a su bebé en medio de los enfrentamientos y permanecía sin atención médica adecuada.
Lerber Dimas Vásquez, vocero de la plataforma, denunció que cuando cesan los combates, "hombres armados y con el rostro cubierto retienen a los campesinos en los caminos, les revisan los celulares, los amenazan y restringen su movilidad". Calificó la situación como de "miedo y abandono" y pidió un inmediato cese bilateral al fuego.
Los actores del conflicto
Los grupos enfrentados se identifican como Clan del Golfo o Ejército Gaitanista de Colombia (EGC) por un lado, y las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) por el otro. Su guerra por el control territorial mantiene bajo régimen de terror a un municipio que es símbolo nacional y lleva medio siglo denunciando violencia sin que la situación mejore.
La delegación de derechos humanos de la ONU recibió testimonios de personas desplazadas que hablaron del abandono de fincas y puestos de trabajo, de la ocupación forzada de predios para usarlos como escondites, mientras las familias temen caer en trampas explosivas y los niños dejan de asistir a escuelas rurales.
Al finalizar la semana, Vásquez reportó que "los combates han disminuido pero la amenaza sigue", advirtiendo que "los dos bandos siguen fortaleciéndose y en cualquier momento habrá nuevos enfrentamientos".
Respuesta institucional limitada
Mientras los combates continuaban, el ICBF informó sobre una brigada de emergencia realizada junto a la Alcaldía, la Unidad para las Víctimas y líderes comunitarios. Su acción se limitó a "apoyar la reubicación voluntaria y entregar bienestarina líquida". Menores de edad participaron en un taller donde sus dibujos reflejaron el estrés que viven por la violencia.
La Defensoría del Pueblo ha emitido alertas periódicas, siendo la última la 020 de 2025. El 22 de febrero de 2026 manifestó "profunda preocupación por la situación humanitaria" y evidenció "la consumación del riesgo advertido".
Historia que se repite
Según los archivos de Rutas del Conflicto, la violencia en esta región comenzó en 1978 cuando Adán Rojas, alias 'El Negro', llegó al corregimiento del Palmor. Se alió con Hernán Giraldo, alias 'El Patrón', quien impuso el paramilitarismo en la zona con hombres entrenados por mercenarios internacionales.
La normalización de la violencia incluyó masacres como la del 19 de febrero de 1993, cuando paramilitares irrumpieron en un partido de fútbol en la vereda La Fuente para asesinar a cuatro personas acusadas de auxiliar a la guerrilla. Estos hechos fueron confesados por desmovilizados en procesos de Justicia y Paz.
Una líder local que conoce la región desde 2008 repasa vía telefónica el expediente histórico de llamados al Estado para proteger a los pobladores. Recuerda masacres como la del 3 de febrero de 2002, cuando paramilitares asesinaron a siete personas en un restaurante en el sitio Raíces. "Te podría citar también el inventario de asesinatos selectivos en zona urbana atribuidos a grupos de sicarios a nombre de las 'Águilas Negras', 'Los Paisas' y 'Los Nevados'. Todo en la impunidad", afirma.
Poblaciones ancestrales afectadas
Las culturas indígenas de la Sierra han sido testigos y víctimas de esta violencia histórica. Luis Salcedo Zalabata, gobernador del cabildo arhuaco del Magdalena, reclama que las medidas de protección prioricen a las comunidades ancestrales y exige que el gobierno nacional redefina la llamada "línea negra" que marca la frontera de respeto integral de los territorios originarios.
El presidente Gustavo Petro anunció a través de redes sociales la expedición de un nuevo decreto en ese sentido, además de medidas especiales para la región que se comunicarán durante una cumbre en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Esperanzas de paz
Un factor que podría mejorar la situación de seguridad es el anuncio del jefe negociador de paz del Gobierno con las ACSN, Mauricio Silva, sobre avances hacia la creación de una Zona de Ubicación Temporal y un cese al fuego. Según él, hay disposición de ese grupo ilegal para deponer "una gobernanza de cuarenta años", entregar las armas y someterse a la justicia, pero "no a cambio de 25 años de cárcel".
La premonición de García Márquez
Mientras el Estado no consolide una paz duradera, la frustración manifestada por Gabriel García Márquez en su columna "El embrollo de la paz" (1983) resulta premonitoria: "Por donde quiera que se enfoque, la situación de esta guerra civil embrollada termina en un círculo vicioso".
En 2027 se cumplirán cien años del natalicio del Premio Nobel y un año después será el centenario de la masacre de los trabajadores del banano, cuando se imponía la ley de la United Fruit Company, la misma multinacional que en 2003 admitió haber financiado el paramilitarismo en el norte de Colombia. En un siglo, parece no haber cambiado nada.
La dualidad de Aracataca
En el centro del municipio, a la sombra de los "almendros tristes", los pobladores tratan de vivir una vida normal mientras los turistas no dejan de llegar en tren a conocer la Casa Museo de Gabriel García Márquez. Algunos realizan los recorridos de la Ruta Macondo, que incluyen la Estación del Ferrocarril y la Casa del Telegrafista, o admiran la escultura del Gabo escritor frente a la iglesia.
Quienes se roban la atención estos días son los políticos en plena campaña, pidiendo "votos por la paz" para las elecciones de Congreso del 8 de marzo y las presidenciales del 31 de mayo.
El circuito turístico no incluye la sede de la Unidad Nacional para la Atención de Víctimas, que funciona desde 2019. El 27 de agosto de 2025 se entregaron en Aracataca 1.003 cartas de indemnización administrativa a víctimas del conflicto armado, recordando que detrás de la fachada de aparente normalidad está la realidad del que García Márquez llamó "el país violento en que morimos".
Las dos visiones, ficción y realidad, hoy parecen fundirse en una sola, como en el letrero gigante de concreto que da la bienvenida al pueblo: "Aracataca, Macondo".
