El océano abrió sus brazos para recibir a niños que nunca lo habían visto
Por primera vez en sus vidas, los menores del Centro de Mejoramiento Humano El Refugio en Envigado, Antioquia, pudieron contemplar la inmensidad del mar. La experiencia, organizada por colaboradores de la fundación, representó la materialización de un anhelo largamente acariciado por estos pequeños que enfrentan diversas situaciones de vulnerabilidad.
Una sorpresa cuidadosamente planeada
La preparación para este viaje comenzó semanas antes, aunque los niños creían que se dirigían a una finca. Solo dos días antes de la partida, Luz Marina Velásquez, conocida como Mary y encargada de su cuidado, les reveló el verdadero destino. "Decirles con demasiado tiempo los llenaría de desasosiego", explicó la cuidadora sobre la decisión de mantener el secreto hasta el último momento.
La revelación se produjo durante una reunión especial donde cada niño recibió una carta personalizada del mar: "Yo soy el mar; y he escuchado tu nombre en el viento; aunque aún no me conoces, he estado esperando el día en que vengas a verme", decía la emotiva misiva que anticipaba la aventura costera.
El impacto de una experiencia transformadora
Para la mayoría de los 39 niños participantes, esta representaba su primera salida de Medellín y de sus entornos familiares. La fundación, que inicialmente funcionó como centro nutricional hace 39 años, ha evolucionado para ofrecer atención integral a menores en alto riesgo, incluyendo hijos de personas en situación de prostitución, víctimas de maltrato, hijos de padres con adicciones y menores enfrentando desnutrición o analfabetismo.
Mary describió la llegada al mar como un momento mágico: "Fue una sensación de alegría, de tranquilidad. El mar los recibió muy bien, como si los estuviera esperando". La elección de temporada baja permitió que los niños disfrutaran de playas casi vacías, un hotel con piscina exclusiva y condiciones climáticas perfectas.
Testimonios de asombro y descubrimiento
Los niños compartieron sus impresiones con emoción genuina:
- Jhojan, de 7 años: destacó la comida costera, las habitaciones del hotel y la piscina
- Elyd: disfrutó especialmente del voleibol playero y la sensación de las olas fuertes
- Antonella, de 5 años: se maravilló construyendo castillos de arena junto a los mayores
- Miguel, de 16 años: recordó con entusiasmo su primera experiencia con pescado en sopa
- Matías, de 8 años: apreció la combinación de comida costera y sus favoritos como nuggets
Una de las acompañantes adultos reflexionó sobre el significado profundo de la experiencia: "Era descubrir que el mundo es más grande de lo que conocían, que existen nuevos horizontes, posibilidades, belleza. Los vi tocar el agua con timidez primero y luego con total entrega".
Actividades que marcaron recuerdos imborrables
Los niños no solo se limitaron a observar el mar desde la orilla. El itinerario incluyó:
- Paseos en el "gusanito" inflable jalado por lancha
- Excursiones en moto acuática bajo supervisión
- Búsqueda nocturna de cangrejos y estrellas de mar
- Construcción de castillos de arena que evocaban reinos medievales
- Juegos con las olas y aprendizaje sobre seguridad en el agua
Mary destacó la actitud valiente de los menores: "Todo el tiempo estaban felices, nada les produjo miedo ni angustia; a pesar de los riesgos, en todo momento se sintieron seguros: el mismo mar los cuidó y los protegió".
El viaje de regreso y la promesa de futuro
En el bus de retorno, las niñas lucían trencitas típicas de playa mientras todos expresaban su gratitud. Miguel resumió el sentimiento colectivo: "Muchas gracias por el mar, por traernos aquí y poder verlo", dijo con una sonrisa que iluminaba su rostro.
La experiencia no solo cumplió un sueño infantil sino que reforzó los lazos familiares dentro de la fundación. Como señaló una de las organizadoras: "El mar no solo los tocó a ellos; también nos tocó a todos los que estuvimos allí, recordándonos por qué vale la pena soñar, cuidar y abrir caminos para que ellos puedan imaginar un futuro más amplio y luminoso".
La fundación El Refugio continúa su labor de proporcionar herramientas educativas y emocionales para que estos niños puedan estudiar, convertirse en profesionales y construir vidas plenas, demostrando que incluso los sueños más grandes pueden hacerse realidad con apoyo y dedicación.
