La historia de Rosalba Sánchez: una vida dedicada al campo que florece en la música
La voz de Rosalba Sánchez de Zambrano posee la textura del tiempo bien vivido: suave, cálida y llena de historias. Con 86 años a cuestas, su presencia transmite amor y disciplina en cada gesto. Sus manos, aquellas que durante décadas trituraron maíz en un molino de piedra en la vereda Buena Vista de La Peña, Cundinamarca, hoy acarician con delicadeza las cuerdas de un tiple, como si estuvieran arrullando un sueño largamente postergado. Un anhelo que, contra todo pronóstico, comenzó a materializarse cuando ya tenía 76 años y que hoy encuentra su máxima expresión en el Centro para la Persona Mayor de Compensar en Fusagasugá, lugar que se ha convertido en la musa inspiradora de su más reciente composición musical.
Una infancia marcada por valores y el sonido de la guitarra paterna
Rosalba fue criada en un hogar humilde donde la riqueza no se medía en bienes materiales, sino en principios y valores fundamentales. Desde pequeña aprendió que la vida "hay que saberla llevar" y que el amor se multiplica exponencialmente cuando se entrega sin condiciones. "Mis papás nos dieron buenos ejemplos, que fuéramos correctos con todo, la dignidad, no tiene precio", recuerda con emoción la octogenaria artista.
Su niñez estuvo profundamente marcada por el campo y por el sonido reconfortante de la guitarra de su padre, que la arrullaba cada noche antes de dormir. "A mí desde muy pequeña me gusta la música", confiesa con una sonrisa. Sin embargo, el acceso a ese universo melódico le resultó esquivo durante la mayor parte de su vida. Solo logró aprender una única nota musical, un Re mayor que guardó celosamente como un amuleto silencioso durante más de seis décadas, esperando el momento propicio para florecer.
El renacer musical a una edad avanzada
La semilla musical que llevaba dentro finalmente germinó hace aproximadamente una década, cuando Rosalba decidió acudir a la Casa de la Cultura de Fusagasugá. Allí encontró no solo docentes pacientes que le enseñaron técnica vocal e instrumental, sino también una segunda familia musical. Junto a sus compañeras, ensayaba con dedicación en su apartamento, compartiendo panes, galletas y risas que tejían recuerdos imborrables. "Eran ratos y recuerdos que uno guarda en su corazón", expresa con nostalgia palpable.
Pronto comenzaron las presentaciones en público, las grabaciones y los aplausos que reconocían su talento tardío. "Nos presentamos en la Gobernación de Cundinamarca, en Girardot, en Melgar, en muchas partes y nos fue bien. Todas tuvimos premio", relata con orgullo evidente. Sus nietos, cómplices entusiastas de esta nueva etapa artística, se encargan de grabar los videos y subirlos a YouTube, donde la voz de Rosalba encuentra audiencias nuevas y diversas que valoran su historia inspiradora.
"Colombia le canta a Compensar": una canción nacida de la gratitud
"Yo me sentí en la gloria, me sentí en otro planeta", confiesa Rosalba al recordar el regalo que su hija le hizo: un pasadía en el Centro para la Persona Mayor de Compensar en Fusagasugá. En ese lugar, varias piezas de su vida encajaron perfectamente para dar forma a una melodía completamente nueva. La inspiración la inundó y, varios días después de la experiencia, su rutina matutina -que comienza al amanecer, como en sus tiempos de campo, y siempre dando gracias a Dios- se tiñó de nuevos tonos y notas musicales.
La excelencia en el cuidado recibido, el cariño genuino de las enfermeras a quienes llama "ángeles de la guarda", la comida preparada con esmero, la sensación de pertenencia y de comunidad revitalizada, todos estos elementos la llevaron a componer "Colombia le canta a Compensar". La huerta del centro también tocó fibras profundas en su ser: el aroma a tierra húmeda, a café recién hecho, a hierbas medicinales, la transportaron directamente a su infancia campesina. "Me recordó el tiempo pasado del campo", afirma con emoción.
En ese viaje sensorial, la niña que soñaba con cantar volvió a despertar con fuerza renovada. "No fue un proceso consciente, sino un brote espontáneo del corazón. Yo recordé los árboles, miré las enfermeras, miré todo... y con mucho amor, escribí esto que es de agradecimiento a Compensar", relata con sinceridad conmovedora. "Lo hice con el corazón, con todo el amor, porque como me brindaron cariño, yo compuse esa canción".
Un catálogo musical que documenta una vida plena
Esta composición no representa un hecho aislado en la obra artística de Rosalba Sánchez. A sus 86 años, se ha convertido en una creadora con un catálogo de diez canciones publicadas en YouTube, gracias al apoyo técnico de sus nietos. Su repertorio funciona como un diario musical de su existencia:
- Le ha escrito canciones a su hija en momentos de dolor profundo
- Ha honrado musicalmente la figura del campesino colombiano
- Ha plasmado en versos y acordes su filosofía de vida
Sin embargo, la canción dedicada al centro de Compensar ocupa un lugar especial y único en su producción. Mientras otras composiciones surgieron de la nostalgia o de experiencias personales, esta nació específicamente de un acto puro de reciprocidad y agradecimiento. Representa el intento sincero de devolver, mediante versos y acordes cuidadosamente elegidos, la sensación de bienestar y cuidado recibido.
"Yo vengo desde muy lejos pa' llegar a Compensar, un gran centro de turismo para la tercera edad, es un lugar tan hermoso lleno de felicidad, en donde puedo llevarme una linda amistad. Vámonos compañeritos, compañeras de verdad, para pasarla contentos en este lindo lugar. Me sentí como en mi casa con toda la libertad, solo quedan los recuerdos que nunca se olvidarán", canta Rosalba con convicción, asegurando que estas letras reflejan fielmente su dicha y felicidad renovadas.