Psiquiatra revela su propia terapia y cuestiona la exigencia de fortaleza en salud mental
Psiquiatra revela su terapia y critica exigencia de fortaleza en salud mental

Un llamado urgente desde la psiquiatría colombiana

Durante años, hemos sostenido una idea profundamente peligrosa dentro del ámbito de la salud mental: que el conocimiento, la lectura y la experiencia profesional nos protegen automáticamente del dolor psicológico. Como si comprender los mecanismos de la mente humana creara una barrera infranqueable contra el abismo emocional. Esta columna, escrita por un psiquiatra en ejercicio, desmonta ese mito con crudeza y honestidad.

El desgaste silencioso de quienes escuchan el sufrimiento

Escuchar el dolor ajeno día tras día no genera inmunidad; por el contrario, produce un desgaste acumulativo que erosiona los recursos emocionales. Sostener a otras personas en sus momentos más críticos no fortalece automáticamente al profesional; en muchas ocasiones, lo fractura en silencio, sin que nadie perciba las grietas internas.

Lo más grave, según el autor, es que dentro del gremio de salud mental se ha normalizado una exigencia absurda y dañina: la de mantenerse emocionalmente funcionales en todo momento, como si necesitar ayuda psicológica constituyera una falla ética o profesional. Esta presión tácita genera un fenómeno preocupante: el silencio.

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Una confesión personal que desafía estigmas

"Llevo más de quince años asistiendo regularmente a mi propia psiquiatra", revela el columnista sin ambages. "Más de una década y media ocupando el lugar del paciente. Y esta experiencia no me ha hecho menos competente; al contrario, probablemente sea una de las razones fundamentales por las que hoy ejerzo como psiquiatra".

A su terapeuta, a quien llama afectuosamente "Bea", le agradece una lección esencial: que este oficio no se ejerce desde la autosuficiencia arrogante, sino desde la conciencia humilde de los propios límites humanos. Nadie, y menos los profesionales de salud mental, debería intentar sostener las mentes de otros desde la soledad emocional.

El punto crítico que no podemos seguir ignorando

Existe un momento crucial en los procesos psicológicos que el gremio no puede seguir eludiendo: cuando la idea de desaparecer deja de ser un pensamiento pasajero y comienza a tomar forma concreta en la mente de una persona. En ese instante, el margen de acción se reduce drásticamente. Esto no es dramatismo innecesario; es realidad clínica documentada.

En esas circunstancias límite, lo único que realmente puede marcar una diferencia trascendental es la aparición de el otro, no necesariamente el experto técnico, sino el ser humano dispuesto a acompañar sin juicios.

Un problema estructural del gremio

El autor plantea una reflexión incómoda: quizás el problema fundamental no radica en que una psicóloga haya experimentado el deseo de morir, sino en que sintió que no podía expresarlo sin dejar de ser percibida como "la que siempre sostiene a los demás". Si esta dinámica existe, señala el columnista, enfrentamos un problema serio como colectivo profesional.

Hace un llamado directo a sus colegas: "Dejemos de romantizar la resiliencia como virtud absoluta y empecemos a hablar de vulnerabilidad real. Abandonemos la exigencia de fortaleza permanente y construyamos espacios seguros donde también podamos caer, porque si nosotros, los profesionales de salud mental, no podemos pedir ayuda, ¿qué ejemplo estamos dando?"

Un mensaje para quien lo necesite

Dirigiéndose a cualquier persona que lea sus palabras en silencio, sea colega o no, y se sienta al borde del precipicio emocional, el psiquiatra ofrece un mensaje claro: no espere a tocar fondo. No tiene que poder con todo, no tiene que sostenerlo todo, no tiene que enfrentarlo en soledad.

Esta columna no se presenta como una simple opinión más; se define como una advertencia urgente y, simultáneamente, como una puerta abierta hacia la posibilidad de pedir ayuda sin vergüenza. "Ojalá no la ignoren", concluye, dedicando explícitamente sus reflexiones a quienes trabajan en el campo de la salud mental en Colombia, invitándolos a lo que denomina "la clínica del alma".

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