Las desigualdades territoriales y sociales marcan las principales causas de muerte en Colombia
El más reciente boletín de Estadísticas Vitales del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) ha desvelado las múltiples capas del mapa de la mortalidad en el país. En 2025, se registraron 283.378 defunciones, lo que representa un aumento del 2,8% con respecto al año anterior. Este dato no es solo un número frío, sino un reflejo profundo de cómo en Colombia no se muere de la misma manera en todas las regiones, ni a todas las edades, ni según el sexo de las personas.
Esta disparidad no es meramente estadística; es un espejo de las brechas estructurales que el sistema de salud y las políticas públicas aún no han logrado cerrar. Por ejemplo, las enfermedades isquémicas del corazón continúan siendo la principal causa de muerte en el territorio nacional, con una tasa de 92,7 por cada 100.000 habitantes. Le siguen en importancia las enfermedades crónicas de las vías respiratorias inferiores y las enfermedades cerebrovasculares.
Un panorama que cambia radicalmente según la edad
Este podio de causas mortales refleja una realidad que los epidemiólogos han venido advirtiendo desde hace años: Colombia está envejeciendo, y con ello llegan las enfermedades crónicas. Sin embargo, este retrato solo describe a una parte de la población. Cuando se analizan los datos por grupos de edad, el panorama se transforma de manera radical.
En los jóvenes, específicamente en la población entre 18 y 28 años, el 66,9% de las muertes se explican por causas externas como homicidios, accidentes de transporte y suicidios. Esto deja en evidencia que no son enfermedades las que cobran vidas, sino contextos sociales adversos: territorios sin oportunidades, una movilidad peligrosa y una salud mental que el sistema atiende de manera tardía e ineficaz.
Dentro de este grupo etario, los riesgos tampoco se distribuyen de forma equitativa. En los adolescentes hombres, los homicidios ocupan el primer lugar como causa de muerte, mientras que en las mujeres jóvenes, el suicidio es la principal razón de fallecimiento.
Desigualdades de género y el peso de las enfermedades crónicas
En la adultez, el perfil de mortalidad se vuelve mixto y las desigualdades de género se hacen más visibles. Entre los hombres jóvenes, los homicidios siguen liderando, acompañados por accidentes de tránsito y enfermedades como el VIH. En contraste, en las mujeres, los tumores malignos ganan terreno, especialmente el cáncer de mama y el de cuello uterino. Ambas patologías cuentan con tratamientos efectivos cuando se detectan a tiempo, lo que convierte cada muerte por estas causas en una pregunta incómoda sobre el acceso y la oportunidad en el sistema de salud.
A partir de los 45 años, las enfermedades crónicas toman el control en ambos sexos y no lo sueltan. Las isquémicas del corazón, las cerebrovasculares y los distintos tipos de cáncer dominan este tramo de vida. El peso se acentúa aún más en los adultos mayores, donde las enfermedades cardiovasculares, respiratorias e hipertensivas configuran casi por completo el perfil de mortalidad.
La importancia del territorio en las tasas de mortalidad
El territorio también juega un papel crucial en este escenario. En 2025, 23 departamentos y Bogotá registraron aumentos en sus tasas de mortalidad. El Quindío alcanzó los niveles más altos del país, con 8,5 defunciones por cada 1.000 habitantes. Guaviare, San Andrés y Vaupés también mostraron incrementos relevantes.
Estas cifras no son aleatorias; reflejan diferencias en infraestructura sanitaria, condiciones socioeconómicas y la capacidad real del Estado para llegar a ciertos rincones del país. No obstante, hay señales alentadoras, como la reducción de muertes en menores de cinco años, que bajaron del 4,0% al 1,9% del total entre 2016 y 2025, un avance real en salud infantil.
Sin embargo, las malformaciones congénitas, las infecciones respiratorias y las condiciones perinatales siguen siendo causas críticas en esta etapa, recordando que el progreso nunca es uniforme. Al mismo tiempo, emergen nuevas tendencias que el sistema todavía no termina de procesar: las enfermedades del sistema nervioso pasaron del puesto 16 al sexto lugar en una década, y los trastornos mentales y del comportamiento muestran tasas que casi triplican las de hace diez años.
En síntesis, Colombia enfrenta dos crisis de mortalidad simultáneas y distintas: una población joven que muere por violencia y accidentes, y una población mayor que fallece por enfermedades crónicas acumuladas. Aunque ninguna de las dos es inevitable, ambas son el resultado de decisiones de política pública, inversión social y acceso a la salud.



