Siniestralidad vial en Colombia: 63% de víctimas fatales son motociclistas
63% de víctimas fatales en accidentes viales son motociclistas

Colombia enfrenta su peor año en siniestralidad vial con alarmante cifra de víctimas

El año 2025 se ha convertido en el período más trágico de la historia reciente en materia de siniestralidad vial en Colombia. Las estadísticas oficiales registraron un total de 8.697 muertes en accidentes de tránsito, lo que equivale a una pérdida de casi 24 personas cada día en hechos que, en su mayoría, podrían haberse evitado con medidas preventivas adecuadas.

Motociclistas: las principales víctimas de la tragedia vial

La situación adquiere dimensiones aún más preocupantes al analizar el perfil de las víctimas. Los datos revelan que el 63% de las personas fallecidas en las carreteras colombianas son motociclistas, mientras que las motocicletas están asociadas con aproximadamente el 75% del total de muertes, incluyendo peatones afectados por estos accidentes.

Este fenómeno no es casual ni aislado. Durante 2025, el parque de motocicletas en Colombia experimentó un crecimiento aproximado del 35%, un aumento significativo que no estuvo acompañado de políticas públicas proporcionales en materia de control, pedagogía vial y medidas de seguridad específicas para este medio de transporte.

Patrones recurrentes y factores de riesgo identificados

Los análisis de siniestralidad muestran patrones claramente identificables:

  • La mayoría de las interacciones fatales ocurren contra objetos fijos o en caídas de las motocicletas
  • Existe una fuerte concentración de accidentes durante las horas nocturnas y los fines de semana
  • Los principales factores de riesgo incluyen impericia de los conductores, exceso de velocidad y consumo de alcohol u otras sustancias
  • Las víctimas son predominantemente hombres jóvenes, lo que representa una pérdida significativa para la población económicamente activa

Estos datos plantean interrogantes fundamentales sobre la efectividad de los procesos de licenciamiento y la capacitación real que reciben los motociclistas antes de obtener sus permisos de conducción.

Decisiones políticas que han impactado negativamente

Expertos en seguridad vial señalan que decisiones recientes del ámbito legislativo han contribuido al deterioro de la situación:

  1. La reducción de penalidades para infracciones cometidas por motociclistas, incluyendo la eliminación de la inmovilización de vehículos
  2. El aplazamiento reiterado de la obligatoriedad de frenos ABS o CBS en motocicletas nuevas

Estas medidas, surgidas del Congreso de la República, han generado preocupación entre las autoridades de tránsito y organizaciones de seguridad vial, quienes consideran que van en dirección contraria a la protección de los actores viales más vulnerables.

Ciudades que marcan la diferencia con acciones concretas

En medio del panorama general desalentador, existen experiencias positivas que demuestran que actuar sí produce resultados. Tanto Medellín como Bogotá han logrado reducciones sostenidas en sus índices de siniestralidad vial gracias a:

  • Inversiones estratégicas en infraestructura vial más segura
  • Campañas de pedagogía y concienciación focalizadas en motociclistas
  • Mayor presencia y control por parte de las autoridades de tránsito

Un ejemplo concreto es el sector de Las Américas con carrera 65 en Bogotá, históricamente uno de los puntos con mayor accidentabilidad, donde las intervenciones han comenzado a mostrar resultados positivos.

Un tema ausente en el debate nacional

Pese a la magnitud del drama humano y social que representa la siniestralidad vial, este tema ocupa un lugar marginal en el debate electoral y político del país. La problemática no parece generar suficiente interés entre la mayoría de candidatos a cargos públicos ni en buena parte del Congreso, a pesar de tratarse de una cuestión que afecta directamente la vida de miles de colombianos.

Denunciar este panorama crítico no constituye una postura en contra de las motocicletas ni de quienes las utilizan como medio de transporte o trabajo. Por el contrario, representa una defensa de la vida de los actores viales más vulnerables y un llamado urgente a implementar políticas públicas efectivas que combatan esta epidemia silenciosa que cobra vidas diariamente en las carreteras colombianas.