Tragedia vial en Zipaquirá cobra la vida de cinco miembros de una familia
El destino marcó un capítulo trágico en la vía que conecta a Zipaquirá con Ubaté, específicamente en el peaje de Casablanca, donde cinco integrantes de la familia Pereira Garcés perdieron la vida en un accidente que ha conmocionado al país. La familia, originaria del corregimiento de Vado Real en Suaita, Santander, viajaba desde Bogotá para visitar a su padre de 80 años durante la Semana Santa cuando un tractocamión sin frenos embistió su vehículo, provocando una explosión instantánea que no les dio oportunidad de sobrevivir.
El propósito del viaje: amor filial y reencuentro familiar
Las víctimas han sido identificadas como Rosalba García Ríos, Amanda Pereira Garcés, Adelaida Pereira Garcés, Freddy León y el pequeño Juan Pablo León. Según testimonios de vecinos en Suaita, se trataba de personas humildes, trabajadoras y extremadamente serviciales que mantenían fuertes lazos con su tierra natal. El motivo de su viaje era visitar a Daniel Pereira, el patriarca de la familia, un adulto mayor de 80 años que vive solo en Santander.
Hace apenas un mes, toda la familia se había reunido en Bogotá para celebrar el cumpleaños del abuelo, y en esta Semana Santa querían repetir el encuentro en su casa de Vado Real para acompañarlo durante los días de reflexión. "Eran una familia muy unida, humilde y amorosa. Siempre se reunían para Navidad y fechas especiales", relató Estela, una vecina cercana a la familia.
El milagro trágico: un hijo que se salvó por minutos
En medio de la tragedia, surge una historia que combina lo milagroso con lo desgarrador. Héctor, uno de los hijos de Daniel, se salvó de morir en el siniestro por una decisión de minutos. Él había decidido salir de Bogotá un poco más temprano que el resto de sus familiares. Mientras sus hermanas y sobrino hacían la fila en el peaje donde ocurrió la explosión, Héctor ya se encontraba kilómetros adelante, específicamente en el municipio de Barbosa, Santander.
Fue allí, a punto de llegar a la casa de su padre, donde recibió la noticia que le cambió la vida para siempre. Tras enterarse del accidente a través de redes sociales y llamadas desesperadas, tuvo que cumplir con la labor más difícil que un hijo puede enfrentar: sentarse frente a su padre de 80 años y contarle que sus hijas y su nieto ya no llegarían a sus brazos.
Un duelo insuperable para el patriarca
Daniel Pereira, quien ya había sufrido la pérdida de un hijo por dengue hace cinco años, hoy enfrenta un duelo que parece insuperable. Sus vecinos en Suaita relatan que la familia era el motor de su vida. Aunque la madre de los hermanos Pereira se había mudado a Bogotá para ayudar a sus hijos, Daniel se negó a dejar su pueblo, y por eso sus hijas viajaban periódicamente para no dejarlo solo.
Tras conocerse la tragedia, Héctor trasladó a su padre de regreso a Bogotá para que pudiera despedirse de sus seres queridos antes de que sean trasladados nuevamente a Santander para su sepelio. El alcalde de Suaita ha declarado el luto en el municipio y ha enviado un mensaje de fortaleza a Daniel y a los sobrevivientes de este clan que, por un fallo mecánico ajeno a ellos, se desintegró en segundos bajo el fuego de un peaje.
Esta historia no es solo una estadística de tránsito; es el recordatorio de una familia que, por amor a su viejo, emprendió un viaje del que nunca regresó. La tragedia ocurrida en Zipaquirá deja en evidencia los riesgos viales que enfrentan miles de colombianos cada día, especialmente durante temporadas de alta movilidad como la Semana Santa.



