Jeison Mena: la historia del soldado fallecido en el Hércules FAC-1016 en Putumayo
El 23 de marzo de 2026, la tragedia del avión Hércules C-130 en Puerto Leguízamo, Putumayo, dejó un vacío irreparable en 70 familias colombianas. Entre los uniformados que no regresaron se encontraba Jeison Mena Hurtado, un soldado profesional de 29 años cuya historia está marcada por la cercanía familiar, la disciplina militar y los sueños que no alcanzaron a cumplirse.
Una vida entre Pradera y el servicio militar
Jeison Mena creció en los barrios Manuel José Ramírez, El Berlín y Las Vegas de Pradera, Valle del Cauca. Allí, en las aulas de la Institución Educativa Bello Horizonte, forjó amistades que aún lo recuerdan por su estatura imponente y su carácter amable. "Él era un hombre muy tranquilo, era 'Don Risitas', todo era risa", relató su hermana Dayana a medios locales, describiéndolo como un hombre "grande y acuerpado", cuya presencia física solo era superada por su generosidad.
Hace nueve años, Jeison decidió enfocar su disciplina en el Ejército Nacional. Su carrera militar lo llevó a radicarse primero en Bogotá, luego en Soacha, Cundinamarca, y finalmente en Puerto Leguízamo, Putumayo. En cada uno de estos lugares se convirtió en una figura querida por la comunidad, manteniendo siempre un vínculo fuerte con su familia a pesar de la distancia y los riesgos de su labor.
El soldado solidario y sus proyectos truncados
En su entorno familiar y social, Jeison dejó una imagen de solidaridad y compromiso. Mantenía una relación especialmente cercana con su madre, Dora Hurtado, de quien siempre estuvo pendiente. Según su hermana Dayana, Jeison constantemente enviaba regalos y mensajes de apoyo a su madre, asegurándose de que en casa nunca faltara lo necesario. "Era un hombre ejemplar; nadie tuvo quejas de él", añade su familia.
Para Jeison, el servicio militar no era solo un deber, sino el medio para alcanzar metas claras. Su hermana recuerda con precisión los anhelos que él compartía frecuentemente: "Quería comprar una casa grande en Soacha y una moto todoterreno de color blanco con rojo. Él siempre publicaba sobre eso; era un hombre muy echado para adelante, muy ayudador y muy humilde", explica Dayana.
La última comunicación y la angustia familiar
La última comunicación de Jeison ocurrió la misma mañana del accidente. Llamó a su madre para darle una noticia que lo llenaba de ilusión: le habían informado que sería trasladado a Bogotá, lo que significaba estar más cerca de sus proyectos y de su círculo social en Soacha. Sin embargo, horas después, el vuelo del FAC-1016 se accidentó en las selvas del Putumayo.
La tranquilidad en Pradera se rompió cuando la familia escuchó en las noticias sobre el siniestro de un Hércules en Putumayo. La angustia se apoderó de los Mena Hurtado al no saber si ese era el avión en el que él viajaba. Intentaron comunicarse repetidamente, pero el silencio al otro lado de la línea fue absoluto.
Horas de incertidumbre y confirmación final
Durante las primeras horas de confusión, la incertidumbre fue devastadora para la familia. Mientras se confirmaban los decesos, Jeison figuraba inicialmente como el último desaparecido de la lista oficial. La esperanza de encontrarlo con vida se mantuvo hasta el último minuto, cuando finalmente las autoridades confirmaron el hallazgo de su cuerpo.
Con Jeison Mena, se completó la lamentable cifra de 70 muertos en el accidente aéreo. Su familia queda con el recuerdo de su risa contagiosa, su carácter solidario y los proyectos que no alcanzó a concretar. Un soldado que, como otros 69 compañeros, entregó su vida en servicio a Colombia, dejando atrás historias de sacrificio y sueños truncados por una tragedia que conmocionó al país entero.



