Procesión religiosa en Puerto Leguízamo rinde homenaje a víctimas del accidente del Hércules
En un acto de profundo significado espiritual y comunitario, los habitantes del caserío Brisas del Caucaya, en el municipio de Puerto Leguízamo, Putumayo, se unieron este Viernes Santo a miembros de la Fuerza Pública para realizar una procesión de la Pasión del Señor. El emotivo recorrido inició precisamente en el punto donde ocurrió el trágico accidente aéreo del avión Hércules de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, registrado el pasado 23 de marzo.
Un viacrucis cargado de simbolismo
La jornada fue organizada con la participación activa del Batallón de Infantería de Selva N.°49, adscrito a la Brigada 27, en coordinación con la Armada de Colombia y el párroco local. El viacrucis partió desde el lugar exacto del siniestro y avanzó por diversos puntos del caserío, desarrollándose momentos de intensa oración y reflexión colectiva.
El sitio donde comenzó la procesión corresponde al área donde se accidentó la aeronave tipo Hércules, un hecho que dejó un saldo devastador de 69 uniformados fallecidos y 54 personas heridas, según los reportes oficiales conocidos tras la emergencia.
Actividades de conmemoración continuas
En esta misma zona, desde semanas anteriores al Viernes Santo, se han venido realizando eucaristías en memoria de los soldados fallecidos. Estas ceremonias religiosas han contado con la participación tanto de habitantes del sector como de miembros de la Fuerza Pública, formando parte de las actividades de conmemoración tras el lamentable accidente.
La comunidad de Puerto Leguízamo ha demostrado una notable solidaridad y apoyo espiritual hacia las familias afectadas por la tragedia, creando espacios de duelo colectivo que trascienden lo meramente institucional.
Respuesta institucional y apoyo comunitario
Por su parte, la Fuerza Aeroespacial Colombiana tiene previsto desarrollar la próxima semana una jornada de atención médica, social e integral dirigida específicamente a las comunidades de la zona. Esta actividad se plantea como una acción de acompañamiento institucional y en reconocimiento al invaluable apoyo brindado por los habitantes durante las complejas labores de rescate tras la emergencia.
La articulación entre autoridades militares, eclesiásticas y la comunidad civil ha creado un tejido social fortalecido frente a la adversidad, demostrando cómo la fe y la solidaridad pueden convertirse en pilares fundamentales durante procesos de duelo y recuperación.



