Testimonio estremecedor del soldado que sobrevivió al desplome del Hércules en Putumayo
Desde una habitación del Hospital Militar, bajo estricta observación médica, el soldado Mauro Peñaranda reconstruyó para su familia los angustiosos momentos que vivió durante el accidente del avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Colombiana en Putumayo. Su primo Jeferson Peñaranda logró conversar con él mientras se recupera de las lesiones sufridas en la tragedia que dejó decenas de militares fallecidos.
"Estoy aquí nuevamente": el mensaje de supervivencia
Con voz entrecortada y pausas significativas, Mauro inició el diálogo enviando un mensaje al país: "Estoy aquí nuevamente. Yo sé que Dios me tiene grandes propósitos en esta vida". El militar, visiblemente afectado por la experiencia, intentó describir lo ocurrido minutos antes del impacto fatal.
Según su relato, la aeronave presentó señales preocupantes desde poco después del despegue. "Cuando iba cayendo se escuchó un ruido, un ruido raro", contó el soldado, quien aseguró que los ocupantes no recibieron instrucciones claras desde la cabina durante la emergencia.
Cinco minutos de terror en el aire
Mauro estimó que el vuelo no superó los cinco minutos tras el despegue cuando comenzaron las fallas técnicas. "Eso comenzó a traquear y cuando se va la pieza... no duramos mucho en el aire", describió al referirse a la secuencia que antecedió al impacto. Aunque había viajado anteriormente en ese tipo de aeronaves, nunca había percibido un sonido similar.
El uniformado detalló la reacción colectiva dentro del avión: "El pilón intentaba e intentaba subirlo (el avión) pero nada. Nosotros nos agarramos a las varillas que estaban ahí dentro, pidiendo que nos salvaran la vida". Los ocupantes, según su testimonio, permanecían sentados y asegurados cuando iniciaron los ruidos y vibraciones.
El caótico momento del impacto
Sobre el instante del choque contra tierra, el sobreviviente narró escenas de desorden absoluto: "Hay unos que gritaban, unos que lloraban... unos se salvaron como pudieron". Lo más impactante de su testimonio quizás sea su confusión sobre cómo logró escapar: "Yo no sé ni cómo salí de ahí la verdad... salté y me salí".
Mauro insistió en que varios compañeros pedían ayuda en medio de las llamas y los restos del avión, creando una escena dantesca en la zona rural de Putumayo.
El rescate heroico de los campesinos
Uno de los aspectos más destacados de su relato fue la intervención crucial de habitantes de fincas cercanas. "La gente de las fincas, como tienen sus motos, pues ellos nos acercaron al hospital", explicó el soldado al agradecer la solidaridad de la comunidad local.
Estos campesinos, según el testimonio, trasladaron a los heridos en motocicletas hasta centros asistenciales próximos, desempeñando un papel vital en las labores de rescate inmediatamente posteriores a la tragedia.
Condiciones de salud y futuro en la milicia
Respecto a su estado físico, Mauro indicó que no presenta lesiones de gravedad, aunque sufrió quemaduras leves en el rostro. "Mi salud está bien. Fue algo leve, solo en la cara que se me quemó", afirmó con notable entereza.
Pese a la experiencia traumática, el soldado manifestó su intención de continuar en la institución militar: "La verdad mi futuro será acá porque esto me gusta", sostuvo al ser consultado sobre su permanencia en la Fuerza Pública.
Interrogantes sobre las causas
Durante la conversación, Mauro mencionó que en la aeronave viajaban "más de 100 hombres", lo que, a su juicio, generaba una sensación de peso elevado. Sin embargo, fue enfático en señalar que no tiene certeza sobre las causas técnicas del accidente ni sobre eventuales decisiones de la tripulación antes de la emergencia.
Mientras avanza la atención médica a los heridos trasladados a Bogotá, testimonios como el de Mauro Peñaranda se convierten en piezas fundamentales para reconstruir los eventos del accidente aéreo más grave de la Fuerza Aérea Colombiana en lo que va del siglo, un suceso que ha conmocionado al país entero y dejado profundas interrogantes sobre seguridad aérea militar.



