La cruel secuencia de esperanza y dolor en dos familias del Magdalena
En cuestión de horas, las familias de Carlos Elías De la Cruz Gutiérrez y Urbano Junior Pertuz Martínez experimentaron una montaña rusa emocional que terminó en la peor de las tragedias. Primero recibieron la noticia de que sus seres queridos habían sobrevivido al accidente del avión Hércules en Putumayo, solo para descubrir horas después que las heridas habían sido fatales.
La desgarradora historia de Carlos Elías en Río Frío
En el corregimiento de Río Frío, dentro de la Zona Bananera del Magdalena, la familia De la Cruz Gutiérrez recibió con angustia la noticia del accidente aéreo que involucraba al avión Hércules de la Fuerza Aérea Colombiana. La incertidumbre inicial se disipó cuando llegó una primera llamada confirmando que Carlos, de 23 años, estaba vivo y había sido trasladado a un centro asistencial en Puerto Leguízamo.
"La familia respiró aliviada, pero esa calma duró muy poco", relatan vecinos de la comunidad. Horas más tarde, una segunda comunicación trajo la devastadora verdad: las heridas provocadas por el impacto habían sido demasiado graves y el joven policía no logró resistir.
Carlos Elías había ingresado a la Policía Nacional con el sueño de construir un mejor futuro para su familia. Dejó atrás a una esposa y una hija de apenas unos meses de edad. "Le faltaban pocos días para salir de permiso y reunirse con ellos", lamentó Breiner Andrade, familiar de la víctima, destacando cómo ese detalle se convirtió en una herida adicional para todos sus seres queridos.
La misma tragedia se repite en Aracataca
Mientras tanto, en el municipio de Aracataca, otra familia vivía una secuencia idéntica de esperanza y devastación. Urbano Junior Pertuz Martínez, soldado profesional, también viajaba a bordo del fatídico vuelo.
Minutos antes del despegue, Urbano había realizado una videollamada con su esposa, asegurándole que todo estaba bien y que pronto se reencontrarían. Era una despedida rutinaria que nadie imaginó sería la última.
Tras el accidente, su familia se aferró durante horas a la posibilidad de que estuviera entre los sobrevivientes. La espera se volvió insoportable hasta que llegó la llamada confirmando lo peor: Urbano Junior tampoco había logrado superar las graves lesiones.
Un vuelo operativo que terminó en catástrofe
El accidente ocurrió en zona rural de Puerto Leguízamo, Putumayo, cuando el avión Hércules C-130H que transportaba a más de un centenar de uniformados sufrió un siniestro durante lo que debería haber sido un traslado operativo rutinario.
Los reportes preliminares indican que la aeronave se estrelló y posteriormente explotó en tierra, dejando un saldo trágico de 66 fallecidos y numerosos heridos. Varios sobrevivientes fueron evacuados de urgencia a centros médicos, mientras que otros, como Carlos y Urbano, llegaron con vida pero no lograron superar sus lesiones.
Dos comunidades sumidas en el duelo
En Río Frío y Aracataca, el dolor se ha extendido por los barrios donde vivían estos jóvenes uniformados. Sus historias se reconstruyen ahora desde sus últimos momentos:
- La llamada que devolvió la esperanza a la familia De la Cruz
- La videollamada final de Urbano Junior a su esposa
- Las promesas de regreso que nunca se cumplieron
"Sus familias quedaron atrapadas entre dos comunicaciones que marcaron sus vidas para siempre", explica un líder comunitario de la región. La que les devolvió momentáneamente la esperanza y la que, horas después, se la arrebató definitivamente.
Hoy, en el Magdalena, no solo se cuentan víctimas de una tragedia aérea. Se cuentan historias truncadas, sueños interrumpidos y despedidas para las que nadie estaba preparado. Dos jóvenes que sobrevivieron inicialmente al impacto, pero cuyos cuerpos no resistieron las graves lesiones, dejando a sus familias en un limbo emocional que pasó del alivio al dolor más profundo en cuestión de horas.



