De recluso a abogado: La transformación de Víctor Pinilla en Bucaramanga
De recluso a abogado: Transformación en Bucaramanga

De recluso a abogado: La transformación de Víctor Pinilla en Bucaramanga

Estuvo encarcelado en la Cárcel Modelo de Bucaramanga por delitos de hurto y pasó casi una década sumergido en el mundo de las drogas y la delincuencia. En la actualidad, Víctor Eduardo Pinilla Pérez ha convertido su experiencia personal en un poderoso mensaje de advertencia y esperanza dirigido especialmente a los jóvenes de la región.

Un hogar fracturado y el inicio del consumo

Víctor asegura que su "camino de oscuridad" comenzó aproximadamente a los 20 años, aunque las heridas emocionales venían gestándose desde mucho antes. Creció en un hogar liderado por su madre, a quien describe como "una mujer berraca y trabajadora" que salía de casa a las seis de la mañana y regresaba pasadas las nueve de la noche.

La ausencia de una figura paterna constante y la llegada de una pareja que, según sus relatos, ejercía maltrato físico marcaron profundamente su infancia. Este ambiente familiar generó en él sentimientos de rechazo, rabia y un profundo vacío emocional que lo llevaron a buscar refugio en sustancias psicoactivas.

"No sentía mi casa como un lugar seguro, sino como algo negativo", recuerda Víctor. Buscando aceptación y escape emocional, comenzó a consumir marihuana, pastillas y otras sustancias, lo que gradualmente lo condujo a cometer hurtos y actos de agresión.

Del delito a la prisión y la rehabilitación

Los problemas con la ley comenzaron desde temprana edad. Víctor pasó por varias comisarías y centros correccionales hasta que, al cumplir 18 años, fue enviado a la Cárcel Modelo de Bucaramanga por delitos relacionados con hurto. Aunque en algún momento obtuvo el beneficio de prisión domiciliaria, continuó consumiendo sustancias y reincidiendo en conductas delictivas.

"Cuando estaba bajo los efectos de las drogas no sabía qué hacía. Solo por misericordia de Dios despertaba en mi casa sin saber cómo había llegado", relata sobre aquellos años difíciles. La reincidencia lo puso nuevamente frente a procesos judiciales y al riesgo inminente de volver a prisión.

Su punto de inflexión llegó cuando fue internado en el Hospital Psiquiátrico San Camilo, donde mientras enfrentaba el síndrome de abstinencia, comenzó a acercarse a su familia paterna, la cual, según afirma, fue fundamental en su proceso de transformación personal.

Un nuevo propósito a través de la educación

Con el apoyo familiar, Víctor ingresó a un programa de rehabilitación en la fundación Hogares Crea El Puente de Piedecuesta, donde permaneció 17 meses en tratamiento intensivo. Tras finalizar este proceso, un amigo lo motivó a inscribirse en la universidad, donde eligió estudiar Derecho en la Universidad Autónoma de Bucaramanga.

Reconoce que enfrentaba vacíos académicos significativos y debía leer varias veces los textos para comprenderlos completamente. Aun así, persistió con determinación. "Entendí que si no lo hacía por mí, no lo iba a hacer por nadie", afirma sobre su decisión de cambiar radicalmente su vida.

Después de graduarse, comenzó a litigar y canalizó su espíritu competitivo en los estrados judiciales. Hoy es socio de una firma legal que atiende procesos civiles, laborales y penales en el centro de Bucaramanga, específicamente en la calle 36 con carrera 15.

Un mensaje directo para los jóvenes

Al mirar hacia atrás, Víctor no oculta sus errores, pero tampoco el aprendizaje obtenido de ellos. Envía un mensaje directo y sin adornos a los jóvenes que hoy enfrentan la tentación del consumo de sustancias psicoactivas:

"La droga en Bucaramanga solo tiene tres destinos: la morgue, el hospital psiquiátrico o la cárcel. Y muchas veces la primera parada es el cementerio".

Lejos de las rejas y cerca de los códigos y expedientes judiciales, Víctor Eduardo Pinilla Pérez ejerce el derecho con la convicción de que su historia no es solo un testimonio de superación personal, sino una advertencia viva de que siempre es posible cambiar de rumbo, aunque la decisión fundamental debe nacer desde el interior de cada individuo.

Su transformación de recluso a profesional del derecho representa un ejemplo tangible de rehabilitación y redención que resuena especialmente en una sociedad que busca alternativas frente a los problemas de adicción y delincuencia juvenil.