Abogado penalista relata persecución en el norte de Barranquilla que Fiscalía investiga como intento de sicariato
El reconocido abogado penalista y docente universitario Ricardo Méndez Díaz vivió una experiencia aterradora la mañana del sábado 28 de marzo en el norte de Barranquilla, cuando fue perseguido por dos hombres en una motocicleta en circunstancias que hoy la Fiscalía General de la Nación investiga como un posible intento de sicariato.
Una rutina que se transformó en pesadilla
Méndez, conjuez de la Sala Penal del Tribunal de Santa Marta y profesor con más de 20 años de experiencia, salió de su residencia ubicada en el sector de la calle 51 con carrera 79 para realizar una diligencia familiar entre las 9:00 y 9:30 de la mañana. Nada hacía presagiar que su tranquila rutina se convertiría en una situación de vida o muerte.
"Mi vida era completamente tranquila. No tengo conflictos. He echado mucho cabeza a qué pudiera corresponder y reconozco que el área del derecho en la que estoy es riesgosa, pero en toda la carrera y mi ejercicio nunca he recibido amenazas", afirmó el abogado en entrevista exclusiva.
La moto sospechosa y el seguimiento persistente
El incidente comenzó cuando Méndez se detuvo brevemente para revisar el aire de las llantas de su vehículo. En ese momento, observó una motocicleta Suzuki DR 150 estacionada en contravía con dos ocupantes. Uno de ellos, bastante joven y sin casco, llamó su atención por su actitud "extraña y vigilante".
Minutos después, al pasar un semáforo en verde, el abogado miró por el retrovisor y reconoció a los mismos ocupantes de la motocicleta, esta vez cruzando temerariamente en rojo y siguiéndolo de cerca. "Ahí me fijé que eran los mismos", relató Méndez, quien notó que la moto aceleraba al mismo ritmo que su vehículo en una zona donde además está prohibido el parrillero hombre.
La intervención policial que pudo salvar su vida
En medio del pánico, Méndez intentó evadir a sus perseguidores y consideró dirigirse a un CAI cercano, pero descartó la idea por el riesgo de un choque debido a los nervios que sentía. La situación cambió cuando apareció una patrulla de la Policía cerca del centro comercial Jumbo.
"Mandados por Dios, fue cerca al Jumbo y ahí medio me calmé... sentí que iban a atentar contra mi vida", expresó el penalista. El abogado bajó el vidrio y alertó a los uniformados de que estaba siendo seguido. La patrulla giró en contravía y logró interceptar a los ocupantes de la motocicleta.
Desde su retrovisor, Méndez observó cómo uno de los hombres intentó huir corriendo, mientras el otro trataba de escapar en la moto. Ambos fueron detenidos por los agentes.
Un procedimiento cuestionado y la posterior liberación
Sin embargo, el procedimiento no tuvo el desenlace esperado. Horas después, al acudir al CAI de Villa Country, Méndez conoció que los hombres habían sido requisados de manera superficial y dejados en libertad, bajo el argumento de que "no portaban armas".
Según le explicaron las autoridades, uno de ellos aseguró ser conductor de plataforma digital y justificó el desplazamiento sin casco porque le iba a hacer un "favor rápido al muchacho, que iba a llevar una hoja de vida a la vía 40".
El abogado cuestionó severamente esta decisión: "A pesar de múltiples señales de riesgo —zona de restricción, persecución reportada por un ciudadano, intento de huida y registros en cámaras—, los individuos no fueron trasladados a un CAI ni puestos a disposición de autoridad judicial".
Datos reveladores sobre los sospechosos
Tras insistir, Méndez obtuvo los datos de identificación y la placa de la motocicleta. Posteriormente se conoció información preocupante:
- Uno de los involucrados tiene un proceso abierto desde 2024 por uso de documento falso
- El otro no logró demostrar arraigo en la región
- Los señalados tenían respectivamente 27 y 24 años de edad
- El más joven era de la región de Antioquia y viajaba sin casco como parrillero
Hipótesis de sicariato y análisis en profundidad
De acuerdo con información comunicada posteriormente por autoridades y fuentes de inteligencia, el caso se analiza bajo una hipótesis de sicariato. En esta modalidad, los presuntos agresores no portarían armas directamente, sino que estas estarían en un vehículo de apoyo en el que posteriormente emprenderían la huida.
El hecho de que uno de los hombres no llevara casco también es considerado un elemento relevante dentro de esa línea de análisis, ya que facilitaría una identificación más rápida en caso de necesidad.
Reacción institucional y pronunciamiento del Colegio de Abogados
El caso generó una reacción inmediata del Colegio de Abogados Penalistas de Colombia, que emitió un comunicado oficial expresando su preocupación y confirmando que el hecho es materia de investigación por parte de la Fiscalía General de la Nación.
En el pronunciamiento, el Colegio señaló que se trató de un presunto atentado contra la vida de Méndez y exigió a las autoridades esclarecer con prontitud los hechos, identificar a los responsables y garantizar la seguridad del abogado, quien es vicepresidente del capítulo Atlántico de esa agremiación.
"El ejercicio de la abogacía no puede convertirse en un factor de riesgo", advirtió la organización, que también expresó su solidaridad con Méndez y su familia.
Investigación en curso y recopilación de evidencia
Las cámaras de seguridad del sector, incluidas las privadas, ya fueron recopiladas por la Policía Judicial y están siendo evaluadas minuciosamente. Méndez permanece bajo acompañamiento y monitoreo constante mientras avanza la investigación.
Las autoridades no han entregado aún una conclusión definitiva, pero confirmaron que el caso fue priorizado y que se mantienen abiertas varias líneas de investigación. Para Méndez, el objetivo principal es que los hechos se esclarezcan completamente y que situaciones similares no terminen en desenlaces fatales.
"Esto no puede quedar así. No solo por mí, sino para que no haya otras víctimas. Gracias a Dios pasó la policía, gracias a Dios no me pasó nada, pero no podemos doblegarnos ante el mal", concluyó el abogado, quien continúa ejerciendo su profesión a pesar del trauma vivido.



