Condena de 22 años para alias 'El Viejo' por magnicidio de senador Miguel Uribe Turbay
La justicia colombiana ha impuesto una condena de 22 años de prisión contra Simeón Pérez Marroquín, conocido en el mundo criminal como alias El Viejo, tras declararlo responsable de orquestar el atentado que acabó con la vida del senador Miguel Uribe Turbay el 7 de junio de 2025. La sentencia, resultado de un acuerdo con la Fiscalía General de la Nación, ha sacado a la luz una confesión estremecedora sobre cómo se fraguó el magnicidio desde las sombras de la estructura criminal conocida como la Segunda Marquetalia.
El origen criminal en la frontera de Cúcuta
El relato de Pérez Marroquín detalla una operación meticulosa que comenzó con una orden directa en la frontera colombo-venezolana. Según el condenado, la trama criminal se inició en las afueras de Cúcuta, donde sostuvo una reunión determinante con el cabecilla guerrillero identificado como el Zarco Aldinever, uno de los máximos líderes de la Segunda Marquetalia.
El encuentro fue gestionado por un enlace criminal llamado Kendry Téllez Álvarez. En dicha reunión, el jefe guerrillero, vestido de civil y sin portar armamento visible, dio la instrucción perentoria de acabar con la vida del entonces precandidato presidencial. Con el objetivo fijado, Pérez Marroquín se trasladó inmediatamente a Bogotá para iniciar personalmente los seguimientos al senador.
El primer acercamiento en Bosa y la fotografía clave
El primer acercamiento real del criminal ocurrió en la localidad de Bosa, durante un evento público organizado por el político. Allí, alias El Viejo se mimetizó entre los asistentes para evaluar detalladamente el esquema de seguridad del senador Uribe Turbay.
"Yo llegué allá temprano y sí se veía movimiento de gente por el parque. Yo entré y ahí le ponían a uno manilla como de asistencia y me senté en una silla", relató alias El Viejo en su confesión judicial. Durante esa jornada, identificó que Uribe Turbay contaba con aproximadamente tres escoltas y, simulando ser un seguidor más, logró tomarle una fotografía de cerca que luego serviría para confirmar visualmente el objetivo ante sus superiores criminales.
Cambios de planes y ejecución final en Fontibón
La investigación judicial permitió establecer que el Parque El Golfito, en Fontibón, no era el escenario original para el ataque mortal. Inicialmente, los sicarios pretendían actuar en un evento en el barrio Villa Amalia, al occidente de Bogotá, pero la postergación de esa reunión política obligó a los delincuentes a replantear completamente la fecha y el lugar del atentado.
Para la ejecución final, la organización criminal utilizó métodos que han generado profundo rechazo social, incluyendo la instrumentalización de un menor de edad para portar el arma de fuego. De acuerdo con el expediente judicial, el día del atentado se movilizaron las siguientes fichas clave:
- Alias Chipi y alias Gabriela (Katherine Martínez), encargados de dejar al menor en el sitio del crimen.
- El menor de edad instrumentalizado para efectuar los disparos mortales.
- Kendry Téllez, actuando como enlace y supervisor del contrato criminal.
- Alias El Viejo, quien coordinó todos los movimientos mediante videollamada desde la distancia.
La frialdad criminal tras el atentado
Tras el ataque en Fontibón, mientras el país seguía con angustia el estado de salud del senador herido, los implicados se reunieron en una panadería del barrio Candelaria La Nueva para evaluar el resultado. La frialdad de los sicarios quedó registrada en el testimonio de Pérez Marroquín, quien recordó la recriminación de su contratista al enterarse de que la víctima aún luchaba por su vida en un centro asistencial.
"La intención fue buena porque sí le pegaron, pero usted sabe que eso tiene que haber quedado hecho. Esperemos a que se muera el senador porque plata no dan hasta que él muera", le manifestó Kendry Téllez a alias El Viejo, según el interrogatorio en poder de las autoridades. El pago por el crimen estaba condicionado al deceso absoluto del líder político, un hecho que terminó de conmocionar a Colombia días después y que hoy mantiene a los responsables tras las rejas o en la mira permanente de las autoridades judiciales.
Esta confesión detallada no solo revela la metodología criminal utilizada por la Segunda Marquetalia, sino que también expone la estructura jerárquica y operativa de grupos armados que continúan amenazando la estabilidad democrática del país. La sentencia de 22 años marca un precedente importante en la lucha contra el magnicidio político en Colombia.



