La Amazonía enfrenta una crisis que va más allá de lo ambiental. Un informe publicado este martes por la ONG International Crisis Group revela que el crimen organizado se ha convertido en un obstáculo para frenar la destrucción de la mayor selva tropical del planeta. La organización concluyó que la región se encuentra "bajo ataque" y que los gobiernos de la cuenca amazónica tienen cada vez menos capacidad para responder.
Principales motores de la expansión criminal
El reporte identifica dos grandes motores de esta expansión: la búsqueda de nuevas rutas para el narcotráfico y la explotación de yacimientos de minería ilegal. Ambas actividades empujan a bandas de Brasil, Colombia y otros países a extenderse por amplias áreas del ecosistema. Esta dinámica trae consecuencias devastadoras tanto para la naturaleza como para las comunidades que habitan estos territorios remotos.
Presencia en el 67% de los municipios
Según datos del colectivo periodístico Amazon Underworld, citados por el Crisis Group, las bandas criminales operan en el 67% de los municipios amazónicos de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. En esos municipios, los grupos ilegales suelen imponer sus propias normas y sistemas de justicia, ejerciendo una violencia brutal.
Grupos criminales transnacionales
Entre los actores más activos destacan organizaciones brasileñas como el Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital (PCC), que han traspasado sus fronteras para competir y colaborar con grupos armados colombianos, venezolanos y ecuatorianos. Esta dinámica transnacional es uno de los mayores desafíos para los gobiernos de la región, que históricamente han tenido dificultades para coordinar respuestas conjuntas.
Bram Ebus, experto del Crisis Group, afirmó que la operación de estos grupos se ha convertido en un obstáculo para la protección ambiental. "Lo que antes era principalmente un desafío de conservación se ha convertido en una crisis de gobernanza y seguridad", explicó.
Impacto ambiental: deforestación y contaminación
El daño va más allá de la violencia directa. La producción de cocaína y la extracción ilegal de oro contaminan ríos con mercurio, destruyen la cobertura vegetal y agravan la deforestación en una región que cubre 6,7 millones de kilómetros cuadrados. La Amazonía es fundamental para la regulación del ciclo del agua y la absorción de carbono, funciones amenazadas por el avance criminal.
Soluciones: comunidades indígenas y cadenas de suministro
El informe llama a las autoridades a trabajar con las comunidades indígenas, que están en la primera línea de las agresiones y son actores clave para la conservación. También apela a los compradores internacionales de materias primas para que garanticen que sus cadenas de suministro no estén contaminadas con productos de origen criminal, conectando la crisis amazónica con decisiones comerciales globales.
Mientras los gobiernos tienen dificultades para cooperar, los grupos criminales operan sin obstáculos. Cambiar esta ecuación requiere voluntad política regional, presión de los mercados internacionales y reconocimiento del papel estratégico de los pueblos indígenas como guardianes del territorio.
Este contenido fue reescrito con asistencia de inteligencia artificial con base en información de la agencia AFP y contó con la revisión de la periodista.



