Emilia Clarke revela su lucha contra dos aneurismas durante Game of Thrones
Emilia Clarke: dos aneurismas y cirugías que casi la matan

La actriz británica Emilia Clarke, conocida mundialmente por interpretar a Daenerys Targaryen en la serie Game of Thrones, reveló recientemente los detalles más crudos de las dos emergencias cerebrales que sufrió mientras filmaba la producción de HBO. Con 39 años hoy, Clarke habló en el podcast How to Fail with Elizabeth Day sobre el miedo, el dolor y las consecuencias emocionales que arrastra desde entonces.

El primer aneurisma: un dolor imposible de ignorar

El primer episodio ocurrió en 2011, cuando Clarke tenía 26 años. Mientras entrenaba en un gimnasio del norte de Londres, sintió un dolor de cabeza intenso que describió como "una banda elástica apretando mi cerebro". Al intentar continuar con el ejercicio, se desplomó en el baño del vestuario, vomitando y con un dolor "fulminante, punzante y constrictivo". Fue trasladada de urgencia al hospital y operada con éxito, pero la cirugía le dejó afasia, un trastorno del lenguaje que le impidió hablar con fluidez durante semanas. Tardó ese tiempo en poder pronunciar su propio nombre.

Cinco semanas después del colapso, Clarke ya estaba frente a las cámaras en Dubrovnik, grabando la serie. Confesó que trabajó con su representante para ocultarle a HBO lo ocurrido, por temor a ser despedida. "Hasta que supieran que no iba a morir", explicó.

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El segundo aneurisma: una intervención que salió mal

Durante la primera operación, los médicos encontraron un segundo aneurisma en el lado opuesto del cerebro, un fenómeno conocido como aneurisma en espejo. Decidieron monitorearlo sin intervenir. Meses después, en 2013, mientras Clarke protagonizaba una obra en Broadway en Nueva York, una revisión rutinaria reveló que ese segundo aneurisma había triplicado su tamaño. Los médicos prometieron una intervención sencilla, pero la realidad fue otra. El material usado para sellar la ruptura fue introducido en exceso, provocando un desgarro en el tejido cerebral. Los cirujanos tuvieron que abrir el cráneo de Clarke para bloquear el aneurisma de forma directa. "Lo siguiente que recuerdo es que me estaban despertando, y sentía ese mismo dolor intenso otra vez", relató. Sus padres, que habían viajado desde Inglaterra, recibían actualizaciones cada media hora: que podría morir, quedar ciega o paralizada.

Clarke salió con vida, pero el impacto emocional fue profundo. "Lo más grande que me pasó con el segundo derrame cerebral fue que me apagué emocionalmente", explicó. "Estaba convencida de que había burlado a la muerte y de que se suponía que debía morir". El resultado fue un aislamiento que describió como "te desconecta de poder relacionarte con el mundo exterior, porque caminas sabiendo que tu cuerpo te ha fallado, tu cerebro te ha fallado". Hoy, cualquier dolor de cabeza desata en ella el miedo a que todo vuelva a ocurrir.

Nuevos diagnósticos y una fundación

En la misma entrevista, Clarke reveló que este año recibió dos diagnósticos que atribuye directamente a las lesiones cerebrales: el Síndrome de Ehlers-Danlos, un trastorno del tejido conectivo que afecta la movilidad articular, y el Síndrome de Activación de Mastocitos (MCAS), que provoca inflamación crónica. "Mi cuerpo cree que es alérgico a todo", explicó. Ambas condiciones son consecuencia de haber vivido con una lesión cerebral sin tratamiento integral durante años.

Clarke ha utilizado su experiencia para crear conciencia sobre los aneurismas cerebrales y apoyar a otros pacientes a través de su fundación, SameYou, que busca mejorar la recuperación de quienes han sufrido lesiones cerebrales.

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