El lucrativo negocio de la extorsión que domina el turismo samario
Desde que un viajero pisa el aeropuerto Simón Bolívar de Santa Marta, sin saberlo, comienza a contribuir al jugoso negocio de extorsión que controlan casi en un 95% las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN). Esta renta, tan lucrativa que su monto real sigue siendo incalculable, ha intensificado las disputas territoriales con el Clan del Golfo, que busca entrar a sangre y fuego en este mercado ilegal.
Un sistema de pagos que normaliza la ilegalidad
El cobro de "vacunas" se ha convertido en un costo más para la economía turística de Santa Marta, ciudad que recibe poco más de un millón de visitantes anuales. Transportes, hoteles, hostales, mototaxis, paseos en moto acuática, artesanías y hasta la entrada al Parque Tayrona están permeados por este sistema. "Es un tema cultural, sin duda. Desde los años 80, Santa Marta ha tenido una gobernanza armada criminal", explica el antropólogo Lerber Dimas Vásquez, director de la Plataforma de Defensores de Derechos Humanos de la Sierra Nevada.
El sistema funciona con una "matrícula" inicial que oscila entre COP 300.000 y COP 1 millón, seguida de pagos periódicos. Los mototaxistas, por ejemplo, pagan cerca de COP 100.000 para registrarse y aproximadamente COP 20.000 semanales. A cambio, el grupo garantiza seguridad total y actúa como árbitro en disputas, creando una paralelidad institucional que la comunidad ha terminado por normalizar.
Territorio y control: la disputa por la Sierra Nevada
Las ACSN mantienen un control predominante sobre el macizo de la Sierra Nevada de Santa Marta, con presencia en corredores que conectan el norte del Magdalena con zonas de La Guajira y Cesar. Su influencia se extiende desde el río Arihuaní en Aracataca hasta la franja costera de Ciénaga y Santa Marta, continuando hacia Palomino, Dibulla y municipios del sur de La Guajira.
En contraste, el Clan del Golfo tiene presencia más fragmentada en el piedemonte y municipios como Fundación. "La teoría del dominio de la montaña se cumple. Si controlas la Sierra, controlas la parte urbana", afirma Dimas, explicando por qué las ACSN mantienen el mando en la región.
La tercera bonanza económica de Santa Marta
Para investigadores y líderes sociales, las "vacunas" se han convertido en la tercera bonanza económica de Santa Marta, después de la marimbera y la cocalera. A diferencia de aquellas economías ilegales, esta se apalanca en el turismo y se distribuye entre un número mayor de actores. "Esta bonanza del turismo llega a más gente. Es como si hubiera democratizado el dinero que se paga", asegura Dimas.
Pero este control implica regulación. Las ACSN imponen multas de hasta COP 2 millones a comerciantes que abusan con precios a turistas, y han documentado castigos que incluyen trabajo forzado, violencia física y exhibición pública. La ONU Derechos Humanos recopiló en 2025 registros audiovisuales que evidencian estas prácticas.
Herencia paramilitar y estrategias de dominio
Las ACSN son consideradas la principal heredera de las estructuras paramilitares que dominaron la Sierra Nevada bajo el mando de Hernán Giraldo Serna, "el Patrón de la Sierra". Tras la desmovilización del Bloque Resistencia Tayrona, estas redes se reconfiguraron manteniendo control territorial y vínculos con economías ilegales.
Su estrategia de dominio replica la de Giraldo: incidencia en Juntas de Acción Comunal, retomo de liderazgos y reclutamiento local. Casi el 90-95% de sus integrantes son de Guachaca, Buritaca y Santa Marta, creando un bloque de contención donde la comunidad respalda al grupo por vínculos familiares y sociales.
Diálogos de paz y perspectivas futuras
Ambos grupos armados mantienen mesas de negociación dentro de la política de Paz Total del presidente Gustavo Petro, pero los combates se han intensificado en las últimas semanas, especialmente en zona rural de Aracataca. Una misión humanitaria de la Defensoría del Pueblo tuvo que evacuar heridos, incluidos indígenas, y pedir corredores humanitarios.
Los investigadores señalan que las ACSN han "innovado" en sus sistemas de extorsión, documentándose reinversiones en cabañas, tours y negocios dentro del territorio. "Tienen una mesa a la que, si sale bien, podrían pedirle legalizar todos esos negocios", afirman analistas de la región.
Mientras el turismo siga siendo el motor económico de Santa Marta y la extorsión continúe como parte del sistema, la disputa por controlar esta lucrativa renta seguirá alimentando la guerra en la Sierra Nevada, demostrando cómo economías legales e ilegales se entrelazan en un ciclo difícil de romper.
