Bogotá continúa enfrentando una problemática recurrente: centros estéticos clandestinos que operan durante meses e incluso años, a pesar de alertas, denuncias y visitas de control. El caso de Yulixa Toloza, una estilista de 52 años que desapareció tras someterse a un procedimiento estético, ha vuelto a evidenciar las grietas en el sistema de vigilancia y la dificultad de las autoridades para frenar estos lugares.
El caso de Yulixa Toloza
El miércoles 13 de mayo, Yulixa Toloza llegó a un centro estético ubicado sobre la Autopista Sur, en el sector de Venecia, acompañada de su amiga Amalia Pardo. Había pagado cerca de tres millones de pesos por una lipólisis láser con sedación. Confiaba en el lugar porque otras personas conocidas se lo habían realizado allí sin problemas.
El ingreso fue rápido. Hacia las 8:20 de la mañana la hicieron pasar mientras Amalia esperaba en la sala. Le dijeron que la intervención tardaría entre una y dos horas. Sin embargo, las horas pasaron y la preocupación creció. Hacia la una de la tarde, una trabajadora permitió que Amalia la viera. Lo que encontró la alarmó de inmediato.
“Yo la vi muy mal. Ella hablaba cosas que no tenían sentido, no podía casi pronunciar palabras y miraba como a la nada”, recordó Amalia. Según su relato, Yulixa no lograba mantenerse en pie, respiraba con dificultad y se desmayaba constantemente. Intentó ayudarla comprándole un caldo y un café mientras insistía al personal del establecimiento que no estaba en condiciones de salir.
Desde el lugar seguían diciéndole que debía llevársela porque supuestamente iba a mejorar. EL TIEMPO tuvo acceso a videos y fotografías de esas horas, donde se observa a Yulixa hiperventilando, pálida y desplomándose varias veces.
Amalia pidió un vehículo para trasladarla, pero cuando intentaron subirla volvió a caer al piso. Más tarde ocurrió lo mismo. Pidió que la trasladaran a un centro médico, pero desde el establecimiento le respondieron que la dejarían “en observación”. Incluso, le propusieron alquilar una habitación para monitorearla. “Ellos dejaban a las personas encerradas en habitaciones y las monitoreaban por cámaras”, afirmó.
En medio de la emergencia, Yulixa se orinó sobre la ropa. Amalia salió sobre las 4:10 de la tarde a buscar prendas limpias para cambiarla. Antes de irse, la dejó acostada y sedada. Esa es la última hora en que fue vista dentro del establecimiento. Horas después, cuando otra amiga regresó con ropa, comenzaron las evasivas. Desde el lugar les dijeron que Yulixa había salido “por voluntad propia” y tomado un vehículo. Para quienes la vieron en esas condiciones, esa explicación es inverosímil.
Fallas en los controles
La Secretaría de Salud (SDS) confirmó que el lugar no contaba con autorización para realizar ese tipo de procedimientos ni tenía concepto sanitario favorable. La Alcaldía Local de Tunjuelito aseguró que el establecimiento no tenía Cámara de Comercio y que anteriormente ya se había intentado ingresar en dos oportunidades para requerir documentación. Nada de eso impidió que siguiera funcionando.
Yulixa no sería la única paciente afectada. Otra mujer de 32 años contó a EL TIEMPO que terminó hospitalizada después de practicarse allí un procedimiento estético. Pagó cerca de 4,6 millones de pesos por una intervención que incluía medicamentos y elementos de recuperación. Durante el procedimiento comenzó a sentirse mal. “Varias veces me decían que no me durmiera porque mis signos vitales estaban bajando”, aseguró. Terminó con fuertes complicaciones de salud y estuvo a punto de ingresar a una unidad de cuidados intensivos.
Denuncias y operativos
Entre enero de 2025 y mayo de 2026, la SDS recibió 282 quejas relacionadas con servicios estéticos. De esas, 194 corresponden a sitios clandestinos o no habilitados. Las denuncias incluyen mala praxis, abandono médico, uso de medicamentos falsificados o vencidos, ausencia de consentimiento informado y graves fallas de bioseguridad. También hay reportes de pacientes que terminaron en urgencias con infecciones severas, necrosis y afectaciones permanentes.
La entidad ha advertido que centros de estética y peluquerías no están autorizados para realizar procedimientos invasivos como liposucciones, lipólisis láser o intervenciones con sedación. Sin embargo, esos servicios continúan ofreciéndose abiertamente en redes sociales. Muchos establecimientos clandestinos cambian constantemente de ubicación, citan a las pacientes en apartamentos o viviendas particulares y entregan direcciones solo después del pago.
Las autoridades sostienen que han fortalecido los controles. Durante 2025 realizaron 563 operativos, 814 visitas de inspección y aplicaron 39 medidas sanitarias de seguridad. En lo corrido de 2026 ya van 129 operativos interinstitucionales, 173 visitas de control y 16 medidas sanitarias. Pero el caso de Yulixa volvió a demostrar que las cifras y los operativos no están evitando que estos lugares sigan funcionando.
El recuerdo de Yulixa
En Bosa Santa Lucía, donde Yulixa vivía desde hace más de 20 años y donde levantó su salón de belleza a punta de trabajo, sus amigas la recuerdan como una mujer noble, trabajadora y profundamente ingenua. Atendía a sus clientas en su salón de belleza, conocido como Diamond Nail o Uñas Diamante. Allí pasaba la mayor parte de sus días, trabajando para ahorrar dinero y cumplir sueños de viajar y conocer nuevos lugares. “Ella no le veía maldad a nada. Era como una niña”, dice Amalia.
Hoy, mientras las autoridades intentan reconstruir sus últimas horas, su caso se ha convertido en el reflejo de una ciudad donde los controles sobre centros estéticos clandestinos siguen llegando tarde.



