Para proteger su identidad, en esta historia la llamaremos Valentina. Tiene 32 años y todavía habla con miedo. No quiere que su nombre aparezca publicado. Dice que aún intenta recuperarse física y emocionalmente de una experiencia que la dejó hospitalizada y que ahora revive con angustia tras conocer el caso de Yulixa Toloza, la mujer de 52 años desaparecida luego de acudir al mismo centro estético del barrio Venecia, en la localidad de Tunjuelito.
El hallazgo del lugar por redes sociales
Valentina conoció el lugar por redes sociales. En Facebook e Instagram veía publicaciones constantes, fotografías del antes y el después, comentarios positivos y videos de supuestas pacientes satisfechas. La cuenta, recuerda, tenía muchos seguidores y aparentaba ser un sitio confiable. “Me dejé llevar por lo que vi en redes sociales”, cuenta.
Ella buscaba hacerse una lipotransferencia: extraer grasa del abdomen para inyectarla en los glúteos. Según dice, desde el principio le advirtieron que, por ser una mujer delgada, quizá la grasa no serviría para ese procedimiento. “Ellos me dijeron que posiblemente mi grasa no iba a servir para los glúteos y que eso solo se sabía durante el procedimiento”, recuerda. Finalmente, asegura, solo le practicaron una liposucción.
La cirugía y el pago
La cirugía fue el 13 de abril. Ese día pagó 4.650.000 pesos. El paquete, dice, incluía fajas, medicamentos y otros elementos para el postoperatorio. “Yo les dije: completo, para yo no comprar nada por fuera”, relata.
Recuerda que inicialmente le explicaron que la intervención sería con anestesia local y sedación. Ya dentro del lugar, afirma, un hombre que le presentaron como anestesiólogo la canalizó y le aplicó medicamentos. “Me dijo: ‘Ya te estoy poniendo el sedante, vas a sentir mareo’. Luego me puso morfina para el dolor”, asegura.
Dice que el cirujano apareció cuando ella ya estaba mareada por la sedación. Intentó recordar el nombre, pero no pudo. “Nunca más lo volví a ver”, afirma.
Descripción del lugar
Lo que sí recuerda perfectamente es el lugar. Describe una casa de varios pisos. En el segundo había una recepción decorada, sofás, un espejo grande y habitaciones donde hacían las valoraciones y los masajes postoperatorios. Había una báscula, una camilla, cajas de guantes y equipos básicos. “Todo se veía bonito. Muy rosadito, con florecitas”, dice. Aclara que no le pareció un sitio sucio, pero tampoco un lugar con apariencia hospitalaria. “No era como una clínica”.
En el tercer piso, cuenta, estaba la sala donde hacían los procedimientos. Allí subió por primera vez cuando ya estaba sin celular, sin ropa, sin pertenencias y después de haber pagado todo. “Ahí sí sentí miedo. Pero yo ya había pagado. Ya estaba ahí metida”, recuerda. En ese momento, dice, intentó convencerse de que todo saldría bien. “En mi mente pensé: ya toca. Igual yo estoy con Dios, no me va a pasar nada”.
También pensó que, por ser delgada, el procedimiento sería rápido y sencillo. “Nunca me habían hecho una cirugía estética. Yo pensé que iba a ser algo simple”, dice.
Las complicaciones tras la intervención
Después de la intervención salió mareada, con náuseas y muy pálida. Su mamá, que era su acompañante, subió hasta el tercer piso, donde la tenían en una habitación de recuperación. Según cuenta, el anestesiólogo repetía que todo era normal. “Me decía: ‘No se preocupe, eso es por el sedante’”.
Dice que permaneció allí unos 30 minutos y luego le dijeron que ya podía irse para su casa. “Nunca me hicieron toma de signos vitales”, asegura. La recomendación fue tomar un caldo y descansar.
Pero cuando llegó a su casa comenzó a sentirse peor. “Vomité varias veces. Me sentía como si me fuera a desmayar”, recuerda. Su familia le preparó el caldo que le habían recomendado y ella intentó convencerse de que el dolor hacía parte del proceso.
Durante los siguientes días asistió a seis postoperatorios. Allí le hacían masajes de drenaje, la bañaban y la ayudaban a ponerse nuevamente la faja. Pero cada vez sentía más presión. “Cada vez me apretaban más la faja. Y qué dolor”, dice.
Después del sexto postoperatorio ocurrió lo peor. Ese día llegó a su casa, se acostó un rato y despertó sintiéndose mal. “Tenía dolor en las manos, en los pies, en todo el cuerpo. Sentía una presión terrible en el pecho. Sentía que me estaba ahogando”, relata.
Hospitalización y diagnóstico
Empezó a tener escalofríos y fiebre. Su familia le quitó la faja y la llevó de urgencias al hospital de Meissen. Allí le practicaron varios exámenes, entre ellos tomografías y un AngioTAC. Según relata, los resultados mostraron una infección en su cuerpo. “Los exámenes de sangre sí arrojaban infección”, asegura.
Estuvo hospitalizada ocho días. Los dos primeros, recuerda, fueron especialmente difíciles. Dice que tenía la presión arterial baja y que las enfermeras le advertían que podía terminar en una Unidad de Cuidados Intensivos. “Me decían que, si seguía así, me tocaba pasar a UCI”, relata. “Yo pensé que me iba a morir”.
En el hospital, asegura, fue valorada por cirugía plástica. La especialista le dijo que no veía necrosis ni hematomas graves, pero sí una infección que habría podido complicarse mucho más si avanzaba. “Me dijeron que mi caso pudo haber sido más terrible”, cuenta.
La respuesta del centro estético
Mientras estaba hospitalizada, Valentina contactó al centro estético para informar lo que estaba ocurriendo. La respuesta, según dice, la desconcertó. “Me dijeron: ‘Tan raro, si todo el procedimiento fue exitoso’”. También le dijeron, asegura, que cuando saliera del hospital regresara para continuar con los postoperatorios. “Todo fue muy tranquilo de parte de ellos”, recuerda.
Después, afirma, dejaron de responderle. Su padre llamó. Una tía fue hasta el lugar para pedir explicaciones. Nadie abrió la puerta. “Siempre ponían excusas”, dice.
El impacto del caso Yulixa Toloza
Ahora, semanas después, la desaparición de Yulixa Toloza removió todo el miedo que había intentado superar. Cuando vio las noticias, dice que reconoció inmediatamente el sitio. “Mi reacción fue: allá fue donde me operé. Pensé: pude haber sido yo”.
Desde entonces, asegura, sigue cada noticia sobre el caso. “He estado mirando todo el tiempo el paso a paso de lo que ha pasado con la señora Yulixa”, cuenta. Dice que el trauma ha sido profundo. “Ver a mi familia sufriendo fue horrible. Yo de verdad pensé que me iba a morir”.
También habla de culpa. “Pensé que, si yo hubiera denunciado antes, quizás no le pasa a la señora”, afirma. Valentina asegura que este viernes acudirá a las autoridades para formalizar la denuncia sobre lo ocurrido. Dice que decidió hablar públicamente porque siente que su historia puede servir de advertencia para otras mujeres. “Yo jamás recomendaría a nadie ese lugar después de todo lo que viví”, dice.
Y remata con una frase que hoy repite con dolor: “Lo barato sale caro”.



