La expresión de Vladimir Putin durante el paupérrimo desfile del pasado 9 de mayo en Moscú y su actitud ese día lo dicen todo. Esta fecha es gloriosa para Rusia, pues conmemora la derrota de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, y todo mandatario ruso desde 1945 busca brillar bajo los reflectores. Sin embargo, Putin tenía el rostro como una uva pasa y fue captado casi llorando por las cámaras. El mensaje implícito es que esa podría ser su última celebración del 9 de mayo. El tan ansiado triunfo ruso no se vislumbra por ninguna parte, mientras numerosos funcionarios del régimen caen de los balcones. Estos efectos son cortesía de Volodímir Zelenski y sus intrépidos compatriotas ucranianos. ¡Slava Ukraini!
Régimen asediado y paranoia creciente
El régimen de Putin está muy asediado. Los incendios, las explosiones de refinerías y las altísimas bajas que Ucrania inflige son su principal espina, pero ahora se suma un ruido creciente desde la propia Rusia. Más que ruido, son rumores. Se sospecha que el aspirante a nuevo zar duerme mal. Sus subalternos tienen prohibido usar celulares cerca de él, el acceso a las redes está vigilado y restringido, y las personas se le acercan cada vez menos. Putin realiza menos viajes y tiene menos apariciones públicas. Está paranoico, tiene mucho miedo y estrés, lo que para un hombre de 73 años puede afectar su salud. ¿Cómo demonios puede mandar así?
La afrenta de pedir protección a Trump
La última afrenta fue tener que pedirle a Trump protección contra los ataques ucranianos para su celebración. Trump procedió, y Zelenski aceptó no enviar drones ni misiles a la Plaza Roja ese día a cambio de la devolución de mil prisioneros, que el tramposo mandón ruso se niega a entregar. No importa: la campaña ucraniana continúa con cada vez mayor eficacia.
Oposición a la guerra y perspectivas futuras
La oposición a la guerra es casi unánime en Rusia, excepto entre los pocos putinistas pura sangre. Es difícil arriesgar profecías, aunque se vislumbra que hasta fines de este año las cosas podrían ponerse peliagudas, y para febrero de 2027, cuando la "operación militar especial" cumpla cinco años, la invasión podría ser asunto del pasado. No es seguro, claro, nada lo es por allá.
Mientras lo que ocurra en los próximos meses es incierto, el futuro de mediano plazo no lo es. Rusia dejará de tomar riesgos locos con los países vecinos, mientras Ucrania se convertirá en una importante potencia militar en Europa central y oriental. Se espera que lo sea sobre todo en materia defensiva, eficaz para evitar las aventuras de cualquier país de la zona. A medida que se desmovilizan los ejércitos ruso y ucraniano, habrá menos muertos y heridos, y más jóvenes disponibles para actividades productivas y creativas. Contingentes considerables quedarán con funciones militares, particularmente en Ucrania. Volverá la exportación de granos, fertilizantes, minerales valiosos y demás, con la ventaja de que también aumentará la exportación de productos terminados.
Perdedores: Putin y Trump
Aparte de Putin, que sin duda irá al basurero de la historia (metafísico si no físico), el otro gran perdedor será Trump, cuyo ocaso bien puede comenzar con las elecciones de mitad de mandato en noviembre. Sería muy útil un cambio de guardia en Estados Unidos. Ya basta con los desmelenados experimentos de los últimos tiempos.



