El drama del reclutamiento infantil que persiste en Colombia
El reclutamiento de menores es una práctica arraigada entre los grupos ilegales en Colombia, un crimen de guerra que ha escalado dramáticamente en la última década. Según datos de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), al menos 18.677 niños fueron reclutados por las antiguas FARC, pero el problema sigue vigente con nuevas dimensiones alarmantes.
Los niños como mercancía de guerra
Cuando son arrastrados al conflicto, los niños pueden tener apenas 9, 10, 11, 12 o 13 años. Sus cuerpos tienen un precio en el mercado de la guerra: se convierten en mercancía barata para los grupos armados, mano de obra prescindible y carne de cañón que protege a los comandantes. Los grupos ilegales saben que pueden utilizarlos a su antojo para mantener control territorial y desecharlos fácilmente cuando ya no sirven.
El informe "Menores en el frente de batalla: detener el reclutamiento infantil en Colombia" del International Crisis Group, publicado este 12 de febrero en el Día de las Manos Rojas, documenta cómo este crimen se ha disparado. La organización calcula que más de 1.000 niños están actualmente en filas de estructuras armadas, equivalente a unos 91 equipos de fútbol. Esto representa aproximadamente el 3,7% de los 27.000 integrantes de grupos armados que estima la Fundación Ideas para la Paz.
Un sistema organizado de captación
El reclutamiento infantil casi nunca es improvisado. Existen estructuras diseñadas específicamente para captar niños y adolescentes, con coordinadores y reclutadores de bajo nivel que operan con cuotas y parámetros específicos. Este sistema es utilizado por el Estado Mayor Central (EMC) y otras disidencias de las antiguas FARC.
En paralelo, operan reclutadores independientes que captan menores con cualidades consideradas útiles para la guerra y los ofrecen al grupo dispuesto a pagar más. Los precios varían entre 500.000 pesos (unos 135 dólares) y 2.000.000 (unos 540 dólares), dependiendo de lo que los grupos consideren "valioso".
Como resumió el líder indígena del Cauca Edgar Tumiña antes de ser asesinado en marzo de 2025 por rescatar niños reclutados: "Cada niño tiene un valor, según sus características".
Las redes sociales como carnada
Las dinámicas de reclutamiento se han complejizado con el uso de plataformas digitales como TikTok y Facebook. Los grupos armados buscan posibles reclutas mediante videos musicales, canciones, promesas de cirugías plásticas a niñas y testimonios personales sobre "vidas de aventuras como combatientes".
Este discurso explota la vulnerabilidad de familias afectadas por la pandemia del COVID-19, ofreciendo dinero, pertenencia y estatus a una generación que vivió confinamiento y ve pocas oportunidades laborales. Las promesas encuentran terreno fértil en hogares con condiciones precarias.
El aumento tras el Acuerdo de Paz
Con la firma del Acuerdo de Paz en 2016, el número de niños en filas de las FARC se redujo a unos 130 casos, el nivel más bajo en una década. Sin embargo, el descenso no se sostuvo. El repliegue de las FARC dejó vacíos de poder que el Estado no logró ocupar, abriendo paso a una reconfiguración del conflicto donde otros actores disputan control territorial.
El ELN avanzó sobre antiguos espacios de influencia de las FARC recurriendo al reclutamiento de menores, mientras las disidencias "reclutaron a una nueva generación" y ahora son los que más dependen de niños. El Clan del Golfo, aunque privilegia mayores de 18 años, también ha incorporado menores en contextos de expansión.
"Hoy en día, todos los grandes grupos armados y criminales de Colombia reclutan menores sin excepción", afirma el informe, con patrones diferenciados por regiones.
Las secuelas y el difícil retorno
Las secuelas del reclutamiento rompen el tejido social, especialmente en comunidades indígenas donde el miedo a represalias reprime la resistencia. Para los menores en grupos armados, la primera forma de salir es morir en combate; algunos son rescatados por familias o militares, pero quienes huyen enfrentan ejecución si son descubiertos.
Los que logran volver se enfrentan al riesgo inminente de ser reclutados nuevamente, con amenazas digitales y físicas, además de un persistente estigma en sus comunidades.
Respuestas estatales desarticuladas
Frente a este bucle violento, el informe señala que los esfuerzos del Estado para detener el reclutamiento infantil han sido desarticulados, dejando a menudo a las comunidades como primera línea de respuesta. Elizabeth Dickinson, directora adjunta de Crisis Group para América Latina, recomienda que Colombia debería:
- Invertir en mejorar la seguridad en las escuelas
- Apoyar las defensas de las comunidades locales
- Reforzar las investigaciones judiciales sobre redes de reclutamiento
- Mejorar la atención a menores combatientes rescatados y sus familias
Mientras no se tomen medidas integrales, los niños, niñas y adolescentes seguirán siendo carne de cañón en una guerra que nunca eligieron, con cifras que superan el millar según las estimaciones más recientes y preocupantes.