Desmantelan red criminal 'El Mesa' en Bogotá: usaban taxis para mover sicarios, drogas y armas
Red 'El Mesa' usaba taxis para sicarios y drogas en Bogotá

Desmantelamiento de la red criminal 'El Mesa' en la capital colombiana

Las autoridades nacionales lograron un golpe significativo contra el crimen organizado con la captura de 18 integrantes de la estructura criminal conocida como 'El Mesa', una poderosa red que había expandido su control desde Bello, Antioquia, hasta Bogotá y otras regiones del país. La operación, resultado de más de un año de investigación minuciosa, reveló un sofisticado esquema delictivo que utilizaba taxis como fachada para mover sicarios, drogas y armamento por la capital.

Operativo simultáneo en múltiples territorios

El punto culminante de la investigación llegó con una ofensiva coordinada en tres territorios diferentes. Quince diligencias de registro y allanamiento ejecutadas en Suba, Soacha y Chiriguaná permitieron las capturas, incluyendo a cuatro hombres identificados como sicarios activos en Bogotá, señalados de ejecutar homicidios selectivos en disputas por control territorial. Entre los detenidos, 17 fueron capturados por orden judicial y uno en flagrancia, demostrando la precisión del trabajo investigativo.

La investigación, que combinó infiltraciones con agentes encubiertos, interceptaciones telefónicas, cruces de información en bases de datos, análisis de vínculos y declaraciones juradas, permitió reconstruir la trayectoria completa de esta organización criminal. Sus raíces se remontan a las dinámicas del narcotráfico de finales del siglo pasado en Antioquia, evolucionando desde las llamadas "oficinas de cobro" hacia esquemas más complejos de control territorial y rentas ilegales.

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Estructura jerárquica y modelo de operación

En Bogotá, la organización se asentó en localidades como Bosa, Ciudad Bolívar, Suba y La Candelaria, replicando un modelo basado en la ocupación progresiva de zonas estratégicas. Cada integrante tenía un rol definido dentro de una jerarquía que sostenía el control del territorio y garantizaba la continuidad de actividades ilícitas como el tráfico de estupefacientes, la extorsión y los homicidios selectivos.

Uno de los hallazgos más reveladores fue el uso sistemático de taxis como fachada operativa. Los vehículos de servicio público eran empleados estratégicamente para transportar cabecillas, movilizar armamento y desplazar sicarios entre distintos puntos de la ciudad. Esta ingeniosa estrategia les permitía circular en zonas de alta afluencia sin generar alertas y dificultaba considerablemente la acción de las autoridades en entornos urbanos donde el transporte público es constante y masivo.

Liderazgo y expansión criminal

El liderazgo de la organización en Bogotá y Soacha recaía en el individuo conocido como alias Pekus, señalado como el responsable de coordinar la expansión del grupo hacia nuevos territorios. Según la investigación, era quien ordenaba homicidios, definía cobros extorsivos y articulaba las acciones de los distintos frentes criminales. Bajo su mando operaban figuras clave como alias Pachito, identificado como coordinador de sicarios y encargado del entrenamiento de jóvenes reclutados en Antioquia para operar en la capital, y alias El Mechudo, responsable de la administración de las rentas ilegales.

Los testimonios recogidos durante el proceso judicial describen un esquema de presión constante sobre la población civil. Comerciantes, transportadores y residentes eran obligados a pagar cuotas periódicas bajo amenaza de violencia. El incumplimiento de estas exigencias derivaba sistemáticamente en amenazas, desplazamientos forzados o asesinatos selectivos, con casos documentados en barrios de Ciudad Bolívar y Soacha relacionados con retrasos en pagos extorsivos o con la venta de estupefacientes sin autorización de la organización.

Financiamiento diversificado y vínculos criminales

La estructura consolidó un sistema de financiamiento notablemente diversificado. Además del microtráfico de drogas, obtenía ingresos sustanciales a través de la extorsión sistemática, el hurto en diferentes modalidades, el control del transporte informal y la comercialización de productos ilícitos. Parte considerable de estas rentas eran reinvertidas en bienes como inmuebles, vehículos y negocios legales, lo que permitía sostener su operación criminal y ampliar progresivamente su alcance territorial.

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Las autoridades identificaron vínculos preocupantes con al menos 80 personas adicionales, relacionadas en calidad de indiciados dentro de 208 procesos judiciales por delitos graves como homicidio, extorsión, rebelión, lesiones personales y desplazamiento forzado. Este entramado evidencia una red criminal que supera ampliamente la operación local y que se articula con otras dinámicas criminales en diferentes regiones del país, incluyendo confrontaciones documentadas con el denominado 'Tren de Aragua' por el control de economías ilegales en Bogotá.

Golpe al músculo financiero y planes de expansión

En paralelo a las capturas, las autoridades iniciaron procesos de extinción de dominio sobre 17 bienes muebles e inmuebles ubicados en Antioquia, Tolima, Cundinamarca y el Eje Cafetero, avaluados en más de 20 mil millones de pesos. Entre los activos afectados figuran vehículos utilizados para las operaciones criminales, incluyendo camionetas Toyota TXL (una de ellas blindada), taxis y vehículos Chevrolet Spark que facilitaban la movilidad y actividades delictivas del grupo.

El coronel Elver Alfonso, director de investigación criminal, explicó que estas medidas buscan "atacar directamente el músculo financiero que sostiene su logística criminal", debilitando su capacidad operativa y limitando su presencia en las regiones donde mantenía influencia. Investigaciones adicionales revelaron que el grupo exploraba la posibilidad de expandir su operación hacia España, buscando nuevas rutas y mercados ante la presión creciente de las autoridades colombianas.

Las capturas de alias Pekus y varios de sus sicarios principales representan una afectación directa a la estructura de mando y a los planes de expansión internacional de la organización. Con estos resultados operativos, la investigación logró no solo identificar y desarticular la red criminal, sino documentar exhaustivamente su funcionamiento, sus fuentes de financiación y su proyección territorial, elementos que ahora forman parte fundamental de los procesos judiciales en curso contra los integrantes de 'El Mesa'.